24.11.2020 | Información General 

A nivel país, el consumo de pollo igualó a la carne vacuna

De acuerdo con los últimos registros anualizados, en la Argentina se consume 50 kilogramos de carne de vaca y de pollo al año. En 2002, el consumo de carne aviar por habitante en el país era de 18,1 kilogramos/hab/año. Golpe al corazón de uno de los argumentos más sólidos de la argentinidad. 

La carne de vaca ya no tiene la exclusividad en el consumo de los argentinos: ahora comparte el primer lugar con la carne de pollo, según los registros del mes pasado que, anualizados, en ambos casos dan 50 kilogramos año por habitante.

El dato representa una progresión geométrica en menos de dos décadas para la carne de pollo.

En 2002 el consumo de carne aviar por habitante en la Argentina era de 18,1 kilogramos; saltó a 24,1 en 2005; subió a 34 en 2010 y creció hasta 43,4 kilogramos por habitante en 2015, según los registros estadísticos de la Asociación Latinoamericana de Avicultura.


Caso contrario, a nivel país, se dio con el consumo de la carne de vaca.

Los 50 kilos por habitante/año según un informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA) representan una caída del 2,6% o 1,3 kg/hab/año con respecto al mismo mes del año pasado y el retroceso en el consumo de carne vacuna significó un 13% o 7,5 kg/hab/año de acuerdo con los números de 2018.

Si se amplía la mirada, el consumo de carne de vaca en la Argentina bajó de 69,4 kilos por habitante/año en 2007 a los 50 kilos de ahora, de acuerdo con los registros de la CICCRA.

Este sube y baja se enmarca también en una abrupta caída en el poder adquisitivo de los salarios desde 2015, que llevó a la población a buscar alternativas, entre las que también se encuentran la carne de cerdo y la carne de oveja.

En el caso de la carne porcina pasó de 5,33 kilos por habitante en el año de 2003 a los 18,6 kilos el año pasado y en la actualidad está cerca de 19,5 kilos por año.

Teniendo en cuenta estos datos, el mercado está concentrado en la carne vacuna y la carne aviar (42% en cada caso) según Fernando Vilella (director del Programa de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la UBA), y sumando el consumo de carne porcina y carne ovina la media en el país da 117 kilos de proteínas de origen animal por habitante al año.

El panorama local

Con estos números en la mano este Diario salió ayer a peinar la plaza olavarriense y, según las fuentes consultadas, las proporciones (aunque a la baja) no registran aún esta paridad que se ve a nivel país.

Esteban Probanza, uno de los principales distribuidores de carne aviar en la región, señaló que, si bien el precio puede haber deprimido el consumo de carne de vaca en Olavarría, las ventas de carne aviar no están en el nivel esperado producto de la crisis.

"Nosotros manejamos los mismos datos en cuanto a la cantidad de carne de pollo y carne vacuna que se consume hoy en el país", dijo Probanza, pero advirtió que "las cosas son bastantes raras, porque el pollo tendría que valer bastante más, los productores están tratando de aumentarlo constantemente y no pueden porque no les da el consumo".

"Si bien el pollo le ha ganado terreno a la carne de vaca, no quiere decir que se esté vendiendo mucha más cantidad de pollo. Se vende menos carne de vaca, y también se vende menos pollo. Tal vez, con los datos que manejamos, haya bajado mucho más el consumo de carne vacuna que la de pollo", reflexionó.

Para Probanza se vende entre un 20 y un 30% menos que dos años atrás. "Todos los distribuidores para la empresa que yo trabajo, que es 'Soychú', estamos en la misma, todos estamos vendiendo menos", afirmó.

Los volúmenes de venta se miden en cajones de pollos de 20 kilogramos por unidad.

En el caso de Probanza, se vendían 1.300/1.400 cajones por semana y en la actualidad oscilan entre 1.000 y 1.100 cajones cada siete días.

Por su parte, entre los carniceros consultados coincidieron en que manejan una salida de 8 medias reses por semana y dos cajones de pollo por día.

"El rinde del pollo depende mucho de cómo lo trabaje el cliente. Antes compraban un pollo entero y lo metían en el horno o lo tiraban a la parrilla, ahora en cambio los clientes los deshuesan, los hacen milanesas, se puede comer en estofado, las alitas se pueden freír", comentó.

Los defensores del consumo de la carne de vaca, en cambio, sostienen que "por más que es barato, lo que se aprovecha del pollo termina siendo muy parecido a la carne de vaca. Parece más barato, pero una pechuga de pollo deshuesada no tiene una diferencia tan grande con la carne vacuna".

Este cambio cultural podría decirse no se replica los fines de semana, cuando cae abruptamente la venta de pollos.

"La gente se ha acostumbrado a comer mucho pollo en la semana y los fines de semana dicen 'dejame de joder, dame carne un par de días' -bromeó Probanza-, entonces se ven trabajar más a las carnicerías y menos a las pollerías".

El pollo que se comercializa en Olavarría viene de la Mesopotamia.

"Acá hay muy pocos productores, porque la diferencia térmica en el año es muy perjudicial para la crianza de pollos, entonces les resulta muy costoso mantener las temperaturas que requieren los criaderos", explicó.

Pese a todo, la variable precio (aunque un pollo tiene mucho desperdicio en huesos), es una de las explicaciones para este cambio a nivel nacional que se registra en los hábitos de consumo: un kilogramo de pollo se paga entre 140 y 160 pesos, aunque la suprema se está pagando cerca de 300 pesos el kilogramo.

"Igual la diferencia sigue siendo grande con la carne vacuna" acotó.

"No me quejo, porque el pollo es alimento y se sigue vendiendo. Dentro de todo nosotros zafamos bien, pero la realidad es que el consumo de pollo también bajó mucho. Si miramos la diferencia precio se tendría que vender muchísimo más, pero se ve que por más barato que esté no hay plata en el bolsillo", opinó Probanza.

Los valores de la carne vacuna tienen un impacto más potente en las economías hogareñas, más que la semana pasada la media res bajó de gancho con un incremento considerable.

La carnaza de primera (bola de lomo, nalga, peceto, cuadril) se puede conseguir en algunos mostradores a 440 pesos y llegar hasta 540; la carnaza de segunda arranca en 420 (paleta, roast beef) y roza los 500 pesos, mientras asado (costilla, vacío, cima, marucha, chuleta) se mueve en los mismos valores que la carnaza de segunda, y la aguja de primera en torno de los 400 pesos.

¿El lomo? Lo más barato que deparó el recorrido por las carnicerías locales fue 460 pesos el kilo y lo más caro superó los 500 pesos.