03.01 | Columnistas 

El país de la avanzada de derechos y de los que discuten la vacuna para destruir

La grieta se tragó la Sputnik V y la pandemia no nos hizo mejores. La ley de legalización del aborto y la Argentina de avanzada. Empobrecimiento y mezquindad dirigencial, la Argentina en fracaso. Los ricos que no ponen. Macri prefiere comprar La Nación y seguir de vacaciones.

Silvana Melo

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¿La pandemia mejoró a la humanidad? ¿El mundo es más vivible? ¿Las pequeñas patrias alojan a dirigencias más sensibles, menos mezquinas? ¿La célebre fisura social de la Argentina se dio una tregua en medio de un sufrimiento colectivo y por la salud pública? Nada de esto sucedió. Las mejoras de la especie pudieron vislumbrarse en los abajos, en los grupos que ejercieron la solidaridad como práctica cotidiana, en aquellos que sintieron el dolor del otro como propio. Muchos de los arribas fueron patéticos. Aunque en las entretelas del poder, siempre hay figuras que reconcilian con esta tierra y esta vida. La Argentina transformadora que suele ser cabeza de grandes cambios votó la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Se colocó en la cima de América Latina, aunque todavía necesitó de un eufemismo para decir aborto legal. Mientras tanto, la vacuna Sputnik cayó violentamente en la fisura, en la que la oposición dispuso, en reunión zoomera, que no había que hablar a favor porque era un triunfo del gobierno. La salud pública es un detalle. Y cuando el agua es un derecho humano en carencia, se vuelve también en carestía: la Cooperativa que la provee en Olavarría la aumenta en un 100%, el Municipio la avala y parte del peronismo también. En los últimos días de diciembre la presión era baja en Olavarría; bajísima. Y hacía calor.

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