07.02 | Información General Gastos extra que acompañan la vida de más de la mitad de la población

Los costos de menstruar y la discriminación impositiva por las diferencias biológicas

Los costos anuales oscilan entre 3000 y 4000 pesos sin sumar calmantes y antiespasmódicos. Existen varios proyectos que buscan quitar los gravámenes en los elementos destinados a la higiene de quienes menstrúan.

Claudia Rafael

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Los avances en materia de derechos civiles a lo largo de los últimos años no logran borrar la cuota de tema tabú al abordaje abierto y libre de la menstruación. Incluso, aún a pesar de que menstrúa más de la mitad de la población. Y no sólo no se habla abiertamente sino que, además, no se legisla en consecuencia teniendo en cuenta que esa mayoría poblacional debe afrontar gastos económicos que menos de la mitad no tiene. Excepto que se utilice la copita menstrual, que hace descender los gastos e incluso redunda en el cuidado del ambiente, los costos van desde 3000 a más de 4000 pesos anuales si en la contabilidad no se incluyen calmantes y antiespasmódicos que agregan otros 1000 pesos de promedio.

No se trata de matemáticas. Porque cada cuerpo hará su aporte a la historia y modificará rotundamente la duración, los tiempos y la abundancia del sangrado. Hay quienes atraviesan períodos menstruales muy dolorosos e, incluso, necesidad de reposo en algunos momentos más críticos y quienes viven una menstruación mucho más amable.

Andrea tiene 25 años. Estudia un profesorado y tiene un trabajo de tiempo parcial. Empezó a menstruar a los 11 años. Es decir, del total de su vida ya lleva 14 años en los que mes a mes (con algunos períodos irregulares al inicio) sabe que deberá destinar parte de sus ingresos a la compra de toallitas y tampones. "Sé que pasar a la copita sería un paso importante. Para mi salud y para mi bolsillo. Todavía no me atreví. De mis amigas, hay 3 que la vienen usando y dicen que les cambió la vida... Pero no sé. Tal vez es el temor de dejar lo conocido para pasar a algo nuevo".

Impuestos sexistas

En los últimos años, ha crecido el número de proyectos legislativos para quitar los gravámenes sobre los productos de atención menstrual. Y si los impuestos no pueden tener una condición biológica para marcar la diferencia entre los habitantes de la nación, el IVA (ya en su raíz un impuesto absolutamente regresivo) sobre los productos para la gestión de la menstruación abre claramente el camino para la discriminación. El estudio "Impuestos sexistas en América Latina (AL)" planteó a finales de 2020 en un informe sobre el impacto en gastos que "justificar un impuesto a partir de una diferencia biológica es un acto de violencia económica y se traduce en un costo adicional por ser mujer".

En todo el continente el único país que dio ese salto fue Colombia y la gran avanzada a nivel mundial es el caso escocés que, un año atrás aprobó una ley para la distribución gratuita de productos para la menstruación para todas las mujeres del país a través de farmacias, clubes y centros educativos.

Tabú

"Recién en los últimos años me amigué con la menstruación", dice Sofía, que ronda los 35. "En los primeros años lo vivía como algo angustiante. A lo mejor tiene que ver con que siempre tuve un sangrado muy abundante. Me agarraba unos bajones bárbaros. Incluso entre los 20 y los 25 me volví anémica y tuve que reforzar con hierro. Te diría que me normalicé bastante desde los 30. De todos modos, siempre me molesta mucho tener que gastar en tampones. Siento que no es justo. Pero bueno... no hay otra".

El abordaje mediático fue durante años poco amigable y no hizo otra cosa que remarcar prejuicios y acentuar tabúes. Difícilmente se nombra las palabras sangrado o menstruación y además -con algunas honrosas excepciones- se pone el acento en la capacidad de tal o cual producto para ocultar el período. Pero, además, históricamente se mostró la eficacia de la toallita protagonista de la publicidad con un líquido de color azul. Nunca rojo.

La copita

Juliana tiene 19 años. Y es fanática absoluta de la copa menstrual. Tiene dos y la primera la compró por una página de ventas online. "Yo no entiendo cómo hay chicas que se siguen aferrando a los tampones. Yo ya hace dos años que uso la copita. Está buenísima por todo. Pero encima, yo soy súper deportista. Y es como sentir que no tenés nada. Además, la tenés que vaciar con mucha menos frecuencia que los tampones. Y ni que hablar de las toallitas. Además, no junta olor. No me imagino para nada cómo sería la menstruación sin la copa. Sería dar un montón de pasos atrás. Y ni que hablar de los costos. Yo pagué una hace dos años a 600 pesos. Y la siguiente, la compré a 750 en una farmacia. Pero sé que me van a durar varios años".

La copa menstrual es un invento de casi un siglo atrás en Estados Unidos. Pero en Argentina se implementa recién en los últimos años. Se trata de un recipiente de silicona que se coloca como si se tratase de un tampón, pero que se adapta a las paredes vaginales y junta todo el flujo, sin absorberlo. Se lo puede utilizar por varias horas, luego se lo extrae, se vacía, se enjuaga, se seca con papel higiénico y se coloca nuevamente. Se la hierve para esterilizar y se la guarda hasta un próximo uso.

Inequidad social

Otro factor que redunda en mayores desigualdades tiene que ver con que si bien más de la mitad de la población es menstruante, hay que sumar que siete de cada diez mujeres son pobres en el país. Entonces no sólo se trata de dificultades para adquirir toallitas y tampones sino que, directamente, hay quienes tienen imposibilitado ese acceso.

La organización EcoFeminita plantea que "en un contexto en el que la mayoría de las personas pobres son mujeres, no poder adquirir los medios para gestionar la menstruación es un factor de ausentismo escolar y laboral. Las personas en edad escolar que no pueden acceder a productos que les garanticen no mancharse en clase dejan de ir durante los días de sangrado. Estas personas también son propensas a incurrir en prácticas poco sanitarias para gestionar su menstruación, que generan mayores riesgos de infecciones e infertilidad".

Esa misma organización, a través de la campaña MenstruAcción, plantea que, "teniendo en cuenta un promedio de 13 ciclos por año y la utilización de aproximadamente 22 productos por ciclo, estimamos también un costo por persona por año según si utiliza para la gestión menstrual toallitas o tampones. En este caso, los costos son de aproximadamente $2.992 y $3.925, respectivamente", en estudios de septiembre pasado.

Gloria está a punto de cumplir los 60. "Me pasé 39 años de mi vida menstruando. Siete seguidos, según una cuenta con cierto grado de arbitrariedad. Fueron años de tabúes, de vergüenza extrema en la escuela, de mancharse y no querer volver nunca más, de utilizar eufemismos ridículos para no nombrarla. Pasé del popularísimo algodón en mi infancia a las toallitas insuficientes -era de menstruar abundante- y por fin al tampón, que fue la adquisición más importante de mi vida fértil. El tampón era de avanzada por higiénico e invisible. Sólo subsistía el miedo irracional a que se cortara el hilito y quedara en mi cuerpo para siempre. A valor actual, en mi vida gasté 156.000 pesos en tampones. Pero hay que tener en cuenta que hoy son baratos. Cuando yo los empecé a utilizar, eran novedosos y mucho más caros. A eso tengo que agregar toallitas por las dudas", contó. 

Pero -como tantas mujeres- tiene que sumar la ingesta de calmantes y antiespasmódicos: "el imprescindible ibuevanol, que fue buscapina y otros medicamentos recetados por la ginecología porque mis menstruaciones eran muy dolorosas. A lo que se suman los dolores de cabeza de los tres o cuatro días anteriores, agravados por mi condición de migrañosa. Es decir que mi menstruación fue muy costosa y muy poco comprendida. Porque además me implicó que al menos un día de trabajo de los cuatro mínimos, fuera interrumpido por el malestar".

De los 11, 12 ó 13 a los 50 o algo más son los años que la menstruación atraviesa la vida de más de la mitad de la población del mundo. Es así, desde la historia misma de la humanidad. Pero todavía hoy, en los inicios del 2021 sigue siendo para una porción lo innombrable o, inclusive, el objeto de acusación frente a una discusión o ante un rechazo: "¿qué te pasa? ¿estás así de rayada porque estás menstruando?".