08.02 | Columnistas 

Eseverri decidió patear el tablero local mientras el país camina sin ideas y sin destino

La pandemia se lleva los pocos sueños que quedaban en esta Argentina cada vez más desigual. Eseverri arremetió contra el peronismo y prefigura sus planes políticos para el futuro.

Argentina es hoy un país que está en una instancia decisiva, esto es, o se encamina a ser una Formosa ampliada o elige un rumbo diferente, hacia un régimen basado en el Estado de Derecho y la Democracia, así con mayúsculas, con una producción en marcha, generando trabajo y no planes y despertando en el mundo la confianza necesaria para atraer las inversiones que ni Cristina, ni Macri ni Alberto pudieron y pueden lograr.

En este país, tan acostumbrado a repartir lo que no se tiene y a un capitalismo de Estado sui generis, con una economía manejada por los monopolios u oligopolios, y con una subestimación absoluta hacia las pymes, siempre se ha valorado a los "hacedores", aquellos que "roban pero hacen", permitiéndoles cualquier cosa, desde la arbitrariedad, hasta los delitos de Estado.

El desafío entonces, es otro. Ayer, José Eseverri sentenciaba con toda certeza: "ya no queda nada para repartir". Se ha inventado dinero hueco, se han vendido empresas estatales para poder seguir repartiendo a una masa clientelar que no logra conseguir un trabajo simplemente porque no hay y el poder ´político se lo ha pasado emitiendo relatos, panfletos baratos e increíbles, eslóganes emocionales y de escasísima racionalidad y abusando del Estado con un nepotismo que ahoga a la gente. Hasta los neoliberales, que venían a poner el país en marcha, se tuvieron que ir cono su tremendo fracaso a cuestas.

Como diría Pichetto, se exalta a la pobreza como si fuese el valor fundamental y se desprecia a los emprendedores. Poco a poco ha ido prevaleciendo ese concepto medieval y cínico de santificación de la pobreza que esgrimió la Iglesia durante siglos mientras ellos coqueteaban con la nobleza y con el poder monárquico y sostenían una desigualdad irritante. En Argentina todavía se vive en algunos lugares dentro de este paradigma cínico y paralizante.

De ese modo, los subsidios o planes sociales otorgados indiscriminadamente para tapar la incapacidad de generar empleo genuino se termina concibiendo como acto de justicia económica y dignificación cuando en realidad muchos de ellos conforman un acto de indignidad. Porque los planes sociales son un hallazgo del keynessianismo para preservar la demanda, pero deben ser transitorios hasta que el beneficiario pueda conseguir un trabajo que lo extraiga de la humillación de no poder ganarse la vida con su propio esfuerzo. En todos los países socialdemócratas, los subsidios por desempleo son temporales, hay un seguimiento del beneficiario para capacitarlo o ayudarle a conseguir un empleo para que pueda huir de esa situación anómala, pero en Argentina la oferta de trabajo es casi nula y no hay miras de que esto mejore. Como dijo Eseverri, "Hace diez años que no se crece", un diagnóstico que fusila tanto a Cristina como a Macri.

La nota completa en diario El Popular