21.02 | Política ESCENARIO POLITICO

El nuevo Versalles, la caza del Ministro y la vacunación entre la gesta heroica y el delito

Las vacunaciones Vip y los amigos del poder mientras los adultos y las personas de riesgo esperan que pasen primero los privilegiados. La gesta heroica se transformó de pronto en un escándalo indigerible. Las escuelas ya reemplazan a los centros de Salud.

No hay caso, en la Argentina, la realidad supera al arte o a la ficción. Anteayer se supo que el Presidente le había solicitado a Ginés González García la renuncia a su cargo luego de que el periodista (¿?) Horacio Verbitsky habría dicho por la mañana y por radio que su"amigo Ginés" le habría dicho que se vaya a vacunar "al Ministerio" luego de que él le dijera que quería vacunarse. No parece que la frase haya sido sin intención y podría leerse en ella una maniobra contra el ministro y por qué no para presionar al mismo Presidente. Lo cierto es que Verbitsky, como dicen los Redondos, lo mandó a Ginés "al descenso".

Algo de esto no es verdad, puesto que o bien Ginés no es su "amigo" como él dijo o bien su llamado al Ministro tendría que ver con una celada infame digitada por alguien que odia al Ministro y se lo quería sacar de encima.

Entonces ¿cuál es la noticia? ¿el vacunatorio para amigos del poder que tenía montado Ginés en el Ministerio o la "buchoneada" de Verbitsky? ¿Cuál de estos dos hechos es más relevante? Aunque no se puede sentir otra cosa que un profundo rechazo por ambas.

Cuando uno observa el manejo de estos tipos puede llegar a pensar que Versalles durante el reinado de Luis XIV era un convento benedictino al lado de la estructura del Estado actual, pasible de ser comparado con la Gestapo o la KGB sin temor a errarle en nada. El mecanismo es bastante parecido.

El Gobierno ya se parece una serie de Netflix. Podría ser la de Trotsky con todo el aparato partidario de inteligencia estalinista o a la de Versalles, con la estructura de control e inteligencia del monarca absolutista.

Porque alguien le pudo haber encargado al periodista perpetrar esta macabra celada a su "amigo Ginés". Cualquiera que conoció el código barrial, a esto le llamaría "trampa" "celada" o "buchoneada" y no parece haber otra manera de calificar actitudes como ésta, y más allá de lo censurable que pueda ser la conducta de Ginés González García.

El poder en la Argentina se ha transformando en una suerte de Palacio de Versalles en el que todos gozan de buena vida y hasta de buena salud porque además exhiben descaradamente un vacunatorio privado, pero a cambio de someterse a todo tipo de control y eventuales celadas si fuese necesario.

Es el nuevo poder, y es cada vez más parecido a los gobiernos totalitarios en los que los funcionarios (y mucho más los ciudadanos de a pie) están atrapados en un funcionamiento macabro lleno de espionajes, trampas y buchoneadas para seguir agradando a quien ostenta el poder. Pero ¿a quién sirvió este periodista?

El Estado absolutista

El poder, según Gramsci, es coerción más consenso, pero cada vez contiene más lo primero, (la coerción) que desdichadamente, va sustituyendo el segundo mecanismo, el consenso, que es el democrático.

Luis XIV decidió levantar Versalles para concentrar allí a toda la nobleza y poder controlarla. Hoy, con algunos asados en Olivos y los medios de comunicación el gobernante sabe quién habla con quién y puede conocer de quién cuidarse.

Podría decirse que el monarca francés inventó el Estado moderno y el totalitarismo, sea nazi, fascista o estalinista o el que se quiera sumar a esta fila de abominables regímenes.

Lo cierto es que el poder absolutista parece avanzar sobre la democracia nacional y con ello surgen los vacunatorios para amigos del poder, para militantes, para gremios amigos y buchones que trabajan para sacarle de encima a funcionarios que le resultan antipáticos a quien manda. Ciertamente el periodista contribuyó a embarrarle la cancha al Presidente y le creó las condiciones para sacarle de encima a alguien la presencia de Ginés. A todo esto, el Ministro se había reservado 3.000 dosis para hacer clientelismo hasta con las vacunas. Y entre los beneficiados de tales dosis estuvieron Hugo Moyano, su esposa, su hijo y el sobrino del mismo ministro. En síntesis, Ginés se había adueñado de bienes del Estado -y de la sociedad- para repartirlos como cosa propia entre sus amigos y parientes.

Entonces ¿cuál es la noticia? ¿Es que el periodista le tendió la celada al ministro para servirle a alguien o lo hizo para defender la institucionalidad? lo cual parece bastante dudoso. En realidad son dos las noticias, una, la del vacunatorio privado para amigos y la otra, la buchoneada porque desnuda la intimidad del poder.

Surge ahora como un reemplazo natural la propia Viceministra, Carla Vizzotti. Ahora ¿no conocía ella la existencia del vacunatorio VIP que había instalado Ginés? Es indudable que este es un país extraño, muy extraño.

Delito

El doctor Carlos Kambourian parece haber dado en la tecla cuando dijo que luego de esperar turno durante 15 días para vacunarse, disparó: "la vacuna es solo para militantes".

Los hechos parecen darle la razón al médico. Ocurrieron cosas parecidas en San Andrés de Giles, en Luis Piedrabuena, en Santa Cruz, en Chivilcoy, Navarro y en Olavarría. El uso político de las vacunas, las dosis perdidas en el Hospital de Oncología y en las vacunaciones del personal de al menos un gremio por su estrecha amistad con quien o quienes tienen a cargo la gestión de la vacunación. Cabe decir que la gran mayoría de esos trabajadores del gremio no reunía los requisitos exigidos para tener esa prerrogativa.

Pero hay para todos. El diputado Waldo Wolff reclamó una sanción penal para quienes gozaron de una vacunación VIP, y hay de todos los colores políticos.

El legislador presentó un proyecto para que se lo califique como un delito esta conducta. Se habrían vacunado funcionarios municipales de alto rango en el gabinete, se habla también del propio intendente, el titular de Minería provincial y tantos más. En un país serio, esto sería gravísimo y no alcanzarían los fusibles para calmar las aguas.

¿Hay algún atenuante? para algunos casos les podría caber la necesidad de promocionar la vacunación y la necesidad de aplicarse la vacuna para combatir la pandemia. Podría ser, pero es algo tan obvio promocionar la vacuna que sería como intentar convencer a un hambriento que debería comerse un asado de costilla o una hamburguesa con papas fritas para saciar su hambre. Algo tan obvio como eso.

Etica y poder

Se debería ordenar, además, la vacunación como un tema de necesidad sanitaria, como pasa en cualquier lugar del mundo civilizado, y no como una gesta política o heroica como se la quiere hacer aparecer.

Es simple, diría una publicidad de comunicación celular, solo se debe respetar el orden de prioridades y vacunar a quien le corresponde por reunir los requisitos etarios y sanitarios para hacerlo. Nada más ni nada menos que eso. La militancia no es un valor que le allana a alguien la posibilidad de ser vacunado antes que una persona mayor que sí necesita esa bendita vacuna que la saque del infierno de la pandemia.

Tampoco debe ser un privilegio para alguien que sea funcionario, ni amigo del poder ni nada. Solo cuenta la edad y el riesgo de vida, y por ahora nada más. Ya vendrán tiempos mejores y habrá vacunas para todos. Pero éste no es el momento para ser un privilegiado por el solo hecho de estar cerca del poder.

El intendente de Chivilcoy, el randazzista Guillermo Britos aclaró luego del escándalo con las vacunas que "son ellos (la Provincia) los que otorgan los turnos y deben responsabilizarse por eso". Lo dijo porque la directora del Hospital le pretendía cargar las culpas a la Municipalidad.

Hasta ahora son demasiados los escándalos y no se ha sabido siquiera gestionar la administración de un bien muy escaso y tan necesario como lo son las vacunas.

La juventud, una franja asesinada durante los Setenta, hoy es en general parte de un mecanismo más de un engranaje corrompido moralmente. El caso de Chivilcoy es palmario. Pero los "pibes" también están mirando lo que hacen sus jefes y creen que se puede hacer lo mismo sin tener costo alguno. Suponen que con el solo hecho de ostentar una cuota de poder bastaría para hacer lo que se quiera.