23.02 | Información General Relatos de vecinos y vecinas que tuvieron la Covid-19

Pequeñas historias íntimas detrás del coronavirus

Cerca de cumplirse un año de la pandemia en la Argentina, miles de olavarrienses han atravesado esta enfermedad infecciosa que cambió la historia de la humanidad.


Daniel Lovano

Lejos está en la intención de este informe de romantizar un drama como lo es esta pandemia de COVID-19 que tantas vidas se ha cobrado en Olavarría, en el país y en el mundo a lo largo del último año.

Simplemente pretende ofrecer la narración de vecinos que han atravesado la enfermedad con sus síntomas, sus miedos, sus convalecencias y las particularidades de sus distintos cuadros.

Sin perder de vista el dolor inmanente por los que ya no están, a causa de esta pesadilla inesperada e inexplicable en pleno siglo XXI.

Gustavo L. sospechó que algo no estaba en orden una tarde de julio al salir de la ducha y, luego de secarse, verificar que no lograba reconocer el olor del desodorante.

Días después descubriría una nueva palabra, "anosmia", que define a la pérdida brusca del sentido del olfato, uno de los síntomas más comunes de la COVID-19.

"Fue el 9 de julio, llamé al Hospital, nos aislaron a los cuatro integrantes de la familia, nos pidieron los datos y números de teléfono de cada uno, y a las 48 horas me vinieron a hisopar" recordó.

Gustavo dio positivo y toda la familia quedó encerrada.

"Cuando me dieron el diagnóstico ya empezaba a recuperar el olfato, pero muy tenuemente. Un solo día tuve un pequeño dolor en las articulaciones y la doctora me dijo que tomara paracetamol" comentó.

Destacó la "excelente" labor de la doctora Gabriela Schumacher, quien en todo momento estuvo encima de su cuadro, lo mismo "que una psicóloga del Hospital de apellido Galli".

Su esposa Sandra D. no fue hisopada pero al igual que los dos hijos de la pareja quedó aislada como contacto estrecho.

Y la pasó bastante peor: "Arranqué con un resfrío y pensé que era una gripe normal. Después tuve mucha fiebre, dolor de cabeza, dolores en todo el cuerpo que permanecieron casi una semana".

Ambos tienen argumentos como para pensar que fueron el primer contagio.

Gustavo en esos días debió arreglar en su taller el auto de una mujer cuyo caso fue uno de los más sonados del momento, y Sandra compartió la oficina con una compañera cuyo esposo descubrió el positivo en Tandil, antes de someterse a la colocación de un marcapasos.

Otro caso, Miguel G., es hipertenso y cursó la enfermedad a finales de septiembre sin mayores inconvenientes. Sospecha que el contagio se produjo en el ámbito laboral, a través de una alumna que asistía a su gimnasio y dio positivo.

"Primero me dijeron que me debía aislar, porque me consideraban contacto estrecho, y para sacarnos dudas nos hisoparon y allí saltó el positivo. Síntomas casi no tuve, más allá de un leve dolor de garganta y quedó en eso. A los cinco o seis días del alta salí a andar en bicicleta sin ningún problema", recordó.

Junto con su esposa Celia y sus dos hijos estuvieron 14 días aislados. Los chicos sin síntomas, ella sí: dolor de garganta y dolor de cabeza por un par de jornadas.

Gabriela C. representa un caso especial: en un lapso de mes y medio tuvo COVID-19 dos veces entre septiembre y octubre, y sin contacto con el mundo exterior porque (al ser inmuno - deprimida, por padecer artritis reumatoidea) está con dispensa en su trabajo desde el 16 de marzo.

"Hice todos los cuidados habidos y por haber, y supongo que me contagié a través de mi marido. Asociamos que fue a través de él, porque las dos veces que me agarró había estado con gente que luego fue aislada" contó.

En la primera ocasión sintió un dolor de cabeza muy fuerte, mucho dolor de garganta, dolor detrás de los ojos y un decaimiento tipo estado gripal. "La segunda vez aparecieron los mismos síntomas, pero más leves, y en ambos casos no tuve problemas respiratorios" acotó.

En las dos ocasiones, dentro de la primera semana pudo superar el cuadro, aunque subsistió por un tiempo el malestar leve en la garganta.

Siendo bombero, y muy responsable en sus conductas diarias, Julio K. no pudo escapar del coronavirus pese a llevar al pie de la letra todas las recomendaciones de bioseguridad que dieron a conocer los organismos de salud pública.

"No sé por dónde vino, ni cómo me lo agarré" alertó.

Fue una mala noticia para empezar el año.

"Lo tuve en enero. Sentí dolores estomacales y un decaimiento, así que me fui a hacer el hisopado y me dio positivo. Por suerte no tuve durante la convalecencia mayores problemas" celebró.

Vaya paradoja, reveló que la pasó bien hasta que le dieron el alta. "Después estuve algunos días con unos picos de fiebre, los médicos sospecharon que algo se estaba generando en los pulmones, rápidamente me dieron antibióticos, y no pasó a mayores. En el resto de la familia, por suerte nadie más tuvo síntomas" señaló.

Su compañero de trabajo, Darío M., empezó con un resfrío fuerte. "Si no me hubiese hisopado habría pensado que era consecuencia del cambio de temperatura, el sol o algo así" dijo.

"Empecé con síntomas mientras estaba en el trabajo, en un sector que comparto con varios compañeros, con una congestión muy fuerte que me producía estornudos y mucha molestia en la nariz, pero nada más que eso. Ese día tomé paracetamol, y pensé que al día siguiente iba a estar mejor" recordó.

A la mañana siguiente persistían las señales, pero Darío seguía sin sospechar que se trataba de la Covid. "No había estado en contacto con gente que se había enfermado antes, mi familia estaba bien, y ese día también fui a trabajar", mencionó.

"A la tardecita me sentía ya muy mal, y a la congestión se sumaba un poco de fiebre, por lo que me fui a la guardia de una clínica privada. Después de una hora y media de espera el médico de guardia que me atendió rápidamente me mandó a hisopar".

Cuando le mandaron el mensaje desde Epidemiología informándole que había dado positivo ya se estaba recuperando del resfrío y la congestión, los principales síntomas que tuvo.

Darío expuso que "los primeros días fueron los peores, y ya desde el tercero comencé a recuperarme favorablemente, y al octavo día estaba en muy buen estado. En casa mi hijo de 2 años estuvo muy bien, y mi pareja tuvo algunos dolores de espalda y de garganta, pero se hizo el hisopado mientras estábamos aislados y le dio negativo".

Gabriela C. y Fabián G. son pareja y ambos se contagiaron el coronavirus.

Entró en el hogar por Fabián, pero la que peor lo pasó desde el punto de vista psicológico y físico fue Gabriela.

"Empecé el 30 de septiembre con mucho dolor de cabeza, un poco de dolor en la espalda, algo de cansancio, pero nunca pensé que fuera por Covid. El lunes perdí el olfato y ahí me di cuenta de que no era una gripe común", admitió ella.

"Estaba mal, aturdida, como que no podía pensar; me agachaba y sentía que los ojos se iban para la nuca, pero cada día le ponía garra para levantarme y hacer cosas. Lo pude sobrellevar al tener patio en casa y no sentirme tan encerrada", expresó, y acotó que le "costó un par de semanas recuperar la energía. Salía a caminar y enseguida estaba cansada".

"Al principio rezaba que pasaran rápido esos cinco días que tienen que transcurrir para saber si había contagiado a algún familiar", confesó.

La pareja tiene dos hijas mayores de 20 años, a las que decidieron llevar a otro lugar de la casa mientras duró el cuadro.

Fabián (que trabaja en Control Urbano) no sabe cómo se contagió.

"Por mi trabajo pude haber sido yo el que llevó el virus a casa, porque fui asintomático. Cuando a Gaby le dieron el positivo me hice hisopar convencido de que no lo tenía, y también me dio positivo. Germán (Caputo) me lo informó; yo estaba corriendo por atrás del chalet de Errecart y no lo podía creer", refirió él.

Facundo B. fue futbolista de primera división y campeón con Estudiantes, pero cuando terminó el colegio secundario colgó los botines y se marchó a estudiar ingeniería en sistemas a Tandil.

En diciembre pasado terminó la carrera con un 10 en el trabajo final, volvió a Olavarría y no perdió oportunidad de jugar al básquet y al fútbol 5 con los amigos de toda la vida.

A las pocas horas se enteró de que al compañero de básquet y al compañero de fútbol que había llevado a sus casas les había dado positivo el test de Covid.

Esto sucedió 29 y 30 de diciembre; el 31 a la mañana se hizo un test rápido en un laboratorio privado y arrojó resultado negativo.

El 2 de enero se empezó a sentir cansado y con dolores en la espalda. Al día siguiente se hisopó y a la tarde le comunicaron el positivo.

Su cansancio fue extremo al punto que cuando tenía que ir de la habitación al baño, esos tres o cuatro pasos de ida y de vuelta lo dejaban sin aliento.

Karina C., su madre arrancó con fiebre y se hizo hisopar el jueves, su padre Rubén B. y su hermana Rocío el viernes. A todos les dio positivo.

Los síntomas más severos fueron los de Karina. "Tuve fiebre 8 días, mucho dolor de cuerpo, al quinto día perdí el gusto y el olfato, nauseas y descompostura, y un dolor muy extraño en la espalda parecido a las contracciones", relató.

Rocío presentó un fuerte resfrío y pérdida de gusto y olfato, y Rubén resfrío y pérdida del olfato.

Patricia W. y Hugo W. son esposos. "Suponemos que el contagio provino de Hugo, que cinco días antes del positivo había estado en algunos comercios", repasó Patricia.

"Mi marido amaneció cansado un sábado y un poco afiebrado; el domingo los síntomas fueron más fuertes. Yo el lunes empecé con gastroenteritis, muchas nauseas, cero hambre, mucho dolor muscular y un poco de dolor de cabeza", indicó.

Patricia describió que la enfermedad deja una secuela medio extraña: "Yo digo que es una enfermedad energética, porque una se queda con una sensación de angustia, de miedo y más en ese momento que mucho no se sabía, pero sabíamos que al octavo día empezaban los problemas".

"Es muy feo estar pendiente de la evolución de un cuadro. A mi marido en el sexto día no le bajaba la fiebre, habló con la infectóloga y le dijo 'mañana vemos'. Esa noche estuve muy asustada, porque una sabía que por ahí se llevaban a tu compañero y no sabía si lo iba a volver a ver. Fueron momentos angustiantes", verbalizó.

Ambos se aplicaron luego las dos dosis de la Sputnik V.

"Con la primera dosis me sentí peor que con la enfermedad, en cambio mi esposo no tuvo nada con ninguna de las dos dosis", comparó Patricia, en el cierre de este relato de historias sobre pacientes de un mal que hasta hace un año casi nadie sabía de su existencia.