03.03 | Información General Juan Carlos Leguizamón, el papá de las "Guilerías"

Vivir la vida en clave humorística

"Guile" nació hace 8 décadas en Laprida. Su infancia fue muy especial. A los 21 años tomó un tren con la idea de instalarse en Buenos Aires, se bajó durante la parada en Olavarría y todo cambió. Con la viñeta de EL POPULAR empezó para probar y ya lleva casi medio siglo tomándose en broma la realidad diaria.

Daniel Lovano

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"Guilerías" va por el cumpleaños número 43 y, como algunas cosas que trascienden en el tiempo, su historia comenzó con un "¿no te animás a...?".

La pregunta fue del histórico director de EL POPULAR Julio Mario Pagano, quien una noche como cualquier otra propuso en el medio de la redacción una viñeta diaria con temática local, en esos años que las historietas del diario eran "Lindor Covas, el cimarrón" y "Olaf el Vikingo".

"¿Irás a aguantar?" fue la siguiente pregunta de don Julio.

Hace 42 años, 6 meses, y 26 días (para ser más exacto, 15550 días), el 6 de agosto de 1978, un domingo que se celebraba el "Día del Niño", fue la primera publicación de "Guilerías".

El nombre se lo puso Atilio Gorosito, jefe de redacción del Diario, la tarde previa a esa publicación cuando a nadie se le ocurría de qué modo podía llamarse el nuevo espacio.

Juan Carlos Leguizamón, el papá de "Guilerías", es el hombre que se esconde detrás de la máscara de "Guile".

Nació hace ocho décadas en Laprida y tiene una historia de vida especial: a los cuatro meses su madre se fue a trabajar a Mar del Plata, se llevó a un hermano cuatro años mayor, y lo crió la abuela.

Recién una década después se produjo el reencuentro materno.

Con cuatro años ya sabía leer, a los cinco ingresó a la escuela primaria, antes de los 6 descubrió su pasión por el dibujo.

El primer garabato fue de un hombre, con los siguientes le hacía menos oneroso el paso por la verdulería a su abuela.

"La maestra traía manzanas o zanahorias y el que dibujaba mejor se las llevaba, y yo nunca dejé de llevarme las cosas que dibujábamos" contó Guile.

En sexto grado se acabó su escolaridad.

No era fácil en aquellos tiempos para el hijo de un peón rural continuar la formación después de los 12 años; había que ayudar en la casa: a la mañana vendía diarios y a la tarde ayudaba a su padre en las tareas rurales.

El 14 de septiembre de 1955 su padre no se podía bajar del caballo del dolor, y al día siguiente murió.

Veinticuatro horas más tarde se produjo el sangriento golpe militar que derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. "Era un quilombo por todos lados y en mi casa más todavía" confesó.

"Me di cuenta con 14 años que sin mi viejo me iba costar más que nunca estudiar, entonces seguí vendiendo diarios y los fines de semana iba al campo a trabajar en las ferias, el sábado apartaba los animales y los domingos participaba en los remates".

Inquieto, le quedaba tiempo para incursionar como autodidacta en el diseño gráfico, cartografía, y con sus conocimientos de taquigrafía accedió a un trabajo en el Concejo Deliberante de Laprida. "Pero no me pagaban porque era menor", recordó.

Pasaron unos pocos años y con 21, recién salido del servicio militar, tomó su valija, se reunió de unas pocas cosas, se despidió de su abuela y rumbeó para la estación de ferrocarril de Laprida con la idea de instalarse en Buenos Aires.

Corría el año 1962 y Guile retuvo la fecha exacta: "Eso fue el 29 de julio de 1962".

Un alto en el camino cambió la trayectoria que se había marcado. Durante la media hora que la formación paraba en Olavarría compró el Diario y volvió a subirse al tren para repasarlo.

"Una de las primeras cosas que leí fue un aviso que decía 'Necesitamos tipógrafo', y cambié de opinión".

"Guile" se bajó del tren, buscó una pensión donde parar y al otro día se acercó al edificio del Diario para probar suerte como tipógrafo.

Al principio le costó. Era la época del plomo y había que armar la edición letra por letra. Propuso entonces incorporar a la tipografía sus conocimientos sobre dibujo y diseño gráfico.

"Me terminaron tomado por un sueldo mayor, y así fui tirando algunas ideas, como hacer los avisos redondos en una época que sólo se hacían rectangulares" apuntó.

Su labor incluía las funciones de diagramador, armador, corrector "y un montón de cosas más".

En 1976 se independizó y abrió una agencia de publicidad, con el compromiso de volver a la empresa cuando se instalara el offset.

"Como era un sistema novedoso para la época, que nadie lo conocía, le comenté a Julio que cuando lo instalara yo volvía para enseñárselo a mis compañeros" evocó.

El regreso se concretó en 1978.

"Por otro lado me di cuenta de que me sacaba tiempo para lo mío. En esa época hacía planos para las casas de remate y tenía como clientes al 80% de los rematadores de Olavarría" acotó "Guile".

En el medio aportó una viñeta para publicar, al tiempo otra, después otras... todas salteadas.

Allí llegó la frase de don Julio Mario Pagano: "¿No te animás a hacerlo dos o tres veces por semana? Yo le respondí 'si me lo vas a pagar lo hago todos los días'. Me preguntó si iba a aguantar, y le dije que probáramos, aunque sea un mes".

La primera "Guilería" fue aquel 6 de agosto de 1978 y desde entonces la ciudad, el país y el mundo vaya si le dieron tema como para tomarse en broma aún las cosas más serias.

"Soy un tipo muy informado" dijo al explicar cómo surge la temática de cada viñeta.

"Generalmente son dos o tres por día, de los que luego voy a elegir una" acotó, y enseguida aclaró que "jamás la voy a tomar de algún defecto físico, una enfermedad o alguna cuestión que pueda ofender a una persona".

"No me lo permito de ninguna manera. Me puedo reír de mí, que es algo sano, pero de los demás de ninguna forma" subrayó.

Aceptó mencionar la viñeta con más suceso de estos 42 años y pico, pero advirtió que "el mejor chiste aún no lo hice".

"Fue en 1982, con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II. Salí una mañana de mi casa y me sorprendí por la cantidad de gente que me felicitaba camino al Diario" reportó.

"Me decían 'qué buena idea', 'bárbaro lo tuyo, hoy no había nada que decir', 'buena idea, todo blanco como el Papa. Sólo a vos se te puede ocurrir'. ¿Qué pasó? La noche anterior había llevado la 'Guilería' al Diario, pero se traspapeló o se perdió y salió el recuadro en blanco, entonces cada uno lo interpretó a su manera. El día que no salió publicada fue la viñeta más exitosa" bromeó, antes de la sonrisa.

También hubo alguna de las que, una vez publicada, se arrepintió de haberlo hecho.

"Pero fueron sólo cosas mías, porque nunca recibí una amonestación por algún chiste o algún tema. Igual no fueron tantos, porque los repaso mucho antes de llevarlos al Diario" expresó.

El "Popurisa" fue otra creación de "Guile", un suplemento humorístico que se publicó a principios de la última década del siglo pasado.

Se imprimió tres años seguidos, hasta que marchó a Mar del Plata para estudiar profesorado de teatro, aunque siguió mandando las viñetas para el Diario.

En 2005 fue reconocido con el Premio "Caduceo", que otorga el Consejo de Profesionales de Ciencias Económicas de la provincia de Buenos Aires, por su trayectoria en el humor gráfico.

Cada vez que esa estatuilla se llena de orgullo, pero hay otro reconocimiento que lo colma más aún: "El día que lo fui a recibir, en el medio de la ceremonia, con la cantidad de gente que había en un teatro hermosísimo, me pregunté si ese premio podía ser para mí. Uno siempre sueña, pero no sé si yo en alguna oportunidad había soñado con algo así. No es poco; fue una gran satisfacción para mí. Lo único más importante que esto en mi carrera es la gratitud de la gente cada día en la calle".