30.03 | Información General 

Los apóstoles del horror y la violencia

A 25 años de uno de los motines carcelarios más terribles de la historia

Daniel Puertas

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El antitabaquismo en ciernes de mediados de los noventa no había llegado aún al negocio del "Torito" Marinangeli y el humo enmarcaba esa madrugada insomne y cargada de malos presagios cuando alguien dijo que ese otro humo que salía de la cárcel tenía un olor extraño.

Fuera por una extraordinaria sensibilidad olfativa o la premonición de una tragedia más terrible de lo que se podía imaginar, lo cierto es que ese hombre quizá supo o presintió que en ese momento los restos lacerados de Agapito Lencinas, cuya habilidad con la faca de nada le sirvió ante el ataque feroz de la banda rival, se asaban en el horno de la panadería de la Unidad 2 del Servicio Penitenciario Bonaerense con asiento en Sierra Chica.

Algunos periodistas locales íbamos ya entrada la noche, después del cierre del diario a Sierra Chica, en búsqueda de algún dato nuevo, de una información que hubiera escapado de los muros con un guardia hablador o con el familiar o amigo de otro guardia.

En ese boliche además de café o cerveza había charlas en las que un periodista afortunado podía sacar algo más que el obvio pasar el tiempo.

Y en una de esas madrugadas se insinuó por primera vez que los reclusos alucinados que habían quebrado por primera vez el código que ordenaba no atacar a miembros del Poder Judicial también podían haber considerado el canibalismo como una opción gastronómica adecuada a las circunstancias que se desarrollaban en ese momento en Sierra Chica.

El 30 de marzo de 1996 los olavarrienses tuvimos las primeras noticias confirmadas sobre una revuelta en la cárcel de máxima seguridad a través de los medios porteños. Acá no se daba ninguna información concreta, pero los canales de televisión capitalinos conseguían los datos a través de sus informantes de la cúpula del SPB.

Unos pocos periodistas locales -en aquellos años había unos cuantos medios menos que ahora- estábamos apostados en la entrada del penal a la espera que apareciera algún uniformado que se dignara decirnos al menos que es lo que estaba pasando.

Fueron muchas horas de plantón hasta que finalmente pudimos saber que se trataba de un motín, que había rehenes y que las cosas eran bastante más graves de otras rebeliones anteriores.

Y de golpe Olavarría se convirtió en el centro de las noticias nacionales de esos días. La invasión de periodistas fue uno de los puntos que alteró el paisaje cotidiano de la ciudad.

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