04.04 | Información General Susana Martínez y el Museo Emiliozzi

"En este ambiente la pasión y las ganas de hacer las cosas bien no tienen género"

En diálogo con FINDE recuerda cómo fue sumergirse en el taller de la calle Necochea, las piezas más importantes, las raras situaciones donde primaba su género por sobre su conocimiento y el amor por los motores que nació de la mano de su padre.

Rodrigo Fernández

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Primero aclara que es hija de mecánicos. Luego dice que cree que viene por ahí su pasión por los fierros. Susana Martínez coordina, acompañaba por un gran equipo de personas, el Museo Hermanos Emiliozzi, un espacio cultural dedicado a los queridos gringos.

Estamos en la antigua oficina que pertenecía a los hermanos y las paredes están pobladas de recuerdos. Fotos, notas en diarios y revistas, trofeos y medallas que dan cuenta de lo logrado por los dos mecánicos de Olavarría que estuvieron, sólo con dedicación y maña, a la altura de cualquier ingeniero.

La vida de Susana siempre estuvo vinculada al mundo de los motores y una serie de eventos azarosos la llevarán al puesto que hoy ocupa en el espacio de la calle Necochea. Mientras revuelve el café señala que su papá "también era un apasionado y nos llevaba siempre a las carrerras del semipermanente en la década del 70'" cuenta y se emociona. Bebe un poco de café y trata de retomar el hilo de la conversación con la voz aún afectada. "Después escuchábamos las carreras por radio" dice y pronto vuelve a sentirse atravesada por el recuerdo.

Escuchaba las carreras por radio y jugaba a los 8 años a armar su propio diario con recortes de fotos y textos."Con ese diario me iba a la escuela y te imaginas las chicas la bolilla que me daban. A mi no me importaba" manifiesta con una sonrisa.

Esa relación con el periodismo amateur lo llevó a seguir escribiendo con los años y cuando poco después Radio Olavarría promocionaba un concurso, "Escribí tu viaje en forma de relato", ella recordó un ejercicio del taller literario y mandó un cuento protagonizado por La Galera de los hermanos Emiliozzi.

Poco después se encontró con la novedad que su relato fue reconocido, aunque no era un cuento sobre un viaje. Era evidente que la forma en que Susana le había dado voz a La Galera había subyugado a los jurados.

Poco después y mientras buscaba trabajo, se enteró que necesitaban personal para el museo que pronto abriría sus puertas. Fue entonces que presentó ante Diego Lurbe, quien en aquel momento estaba a cargo del área de Cultura, sin más recursos que su título de Perito Mercantil y el cuento protagonizado por La Galera. Quizás no era demasiado pero Susana sabía llenar los huecos en su curriculum con voluntad y pasión. Ella se fue de la oficina de Personal del municipio sin trabajo pero el cuento quedó en un cajón de la oficina de Lurbe.

"Yo tenía que trabajar, así que me olvidé del relato" cuenta. Pero quien no la olvidó fue Diego Lurbe que cuando comenzaron los trabajos de catalogar todos los elementos que se encontraban en el taller de los gringos la llamó para que formara parte del grupo de personas coordinado por la actual subsecretaria de Cultura, Agustina Marino.

Recuerda ese momento como "tocar el cielo con las manos" y sonríe al decir que la llamaron del municipio "porque me gustaban los autos de carrera".

En el taller-museo

Empezó a catalogar y a aprender sobre cada una de las piezas que se encontraban en el antiguo taller. Fue un proceso en el que trabajaba por la mañana en una empresa y en la tarde, y todo el tiempo que tuviera libre, se sumergía en la historia del automovilismo local.

A pocos días de inaugurar el museo, decidió dejar su trabajo para que el destino le depositara en ese lugar del que se había enamorado. Hubo que esperar dos años para que finalmente la pasaran a planta permanente pero ella esperó. "Acá estoy" dice.

"Creo que me fui haciendo de un lugar, de a poco". Por eso siente que nunca se le cerraron puertas o alguna muestra no prosperó por su género. "Al principio los periodistas pedían hablar con hombres y yo me corría. Y de a poco esos mismos periodistas me están llamando para hacer notas. Por eso digo que no hay género para esto. Sí he tenido algún choque con visitantes mayores pero ahora los dejo" señala.

"Creo que la pasión y las ganas suman" afirma y aclara que "en este ambiente la pasión y las ganas de hacer las cosas bien no tienen género".

"Siempre dije, y estoy mas firme que nunca, qué tiene que ver que seas mujer si te gusta la historia del automovilismo" argumenta.

"Acá" dice y con la mano abarca las instalaciones del museo, "me he encontrado con que me dijeron que no los vi correr o con preguntas de si soy familiar o por qué estoy. Ya está, no me lo dicen más" asegura.

"Se da, sobre todo, en las personas mayores. Veo que hay un cambio cultural en los chicos porque creo que si viene alguien de 30 años mientras vos le soluciones el problema, le evacues la pregunta que tienen no les importa si sos varón, mujer o lo que sea y así debe ser".

Esos comentarios nunca la frenaron porque asegura que siempre tuvo muy claro lo que le gusta: "Además hay un equipo y Agustina Marino siempre me apoyó".

"El equipo de trabajo que se armó fue muy lindo y con la familia Emiliozzi aprendí muchísimo" comenta. "Creo que no se puede solo, no se llega a ningún lado" dice y señala que "los Emiliozzi no hubieran llegado solos a nada". A eso hay que sumarle "tener ganas y predisposición y ayudarse en todo".

Ruido de motores en la historia

"Si vos me preguntas cómo funciona un motor, no tengo idea y tampoco tengo que saber la técnica como puede llegar a saber un mecánico" explica y agrega que lo que a ella le interesa es "saber cómo llegó un corredor, las anécdotas. El deporte de ver quién llega primero".

"Elijo a los Emiliozzi porque es Olavarría. Me encanta su historia porque van un poco más allá de todos lo que han ganado". Le gusta, dice, "la historia como mecánicos. Ahí sí me lo transmitió mi viejo".

Susana señala que valora mucho "lo que hicieron desde un pueblo perdido de la Argentina, como pudo ser Olavarría en los años 50', y haber llegado donde llegaron. Nosotros nos hicimos conocidos por ellos".

Cree que "los olavarrienses no tomamos real dimensión de lo que han hecho. Nunca fue fácil vivir en el Interior y en esa época menos. Sin ningún apoyo era unos cráneos, unos distintos. Haber desarrollado la velocidad con capacidad técnica y con mucha capacidad de trabajo y de inventiva" y remarca que los hermanos están "a la altura de un ingeniero".

Dos clases de público

"El público lo podemos dividir entre el que viene de afuera y el de acá. Me duele decir que viene más gente de afuera y que tienen más pasión" describe. Junto al equipo que trabaja en el museo "hemos visto gente llorar, que no podés creer. Y recuerda la visita de un hombre que llegó de La Pampa exclusivamente a ver el museo y se iba. Llegó en silencio, se recorrió todo y cuando se estaba por ir empezó a llamar a los amigos para contarles que estaba tocando La Galera. A los cinco minutos que se fue el hombre volvió. Susana pensó que tal vez se había olvidado algo. Pero entonces lo vio abrazado al auto de los Emiliozzi y llorando. "Qué cosas le movería para semejante emoción" piensa en voz alta.

Después, cuenta que hay gente que llora, que se agarra a una rueda. "La gente de Olavarría a veces viene sorprendida porque no conoce el lugar y vienen a conocerlo. Muchos de los hijos de la escudería, o los nietos o bisnietos. También mucha gente que los vio correr y hoy visitan el taller junto con sus nietos".

"El público que viene siempre se van muy contentos con el espacio" dice y menciona que "el mismo lugar de los hechos transmite esa pasión que por ahí en otro museo no se transmite porque es un lugar construido".

"A la gente les trae muchos recuerdos y no terminan una frase que ya se emocionan" dice, mientras en la vitrina descansa el trofeo que lograron los hermanos Emiliozzi tras ganar el Gran Premio Dos Oceános. Susana reconoce que es su objeto preferido y tampoco puede evitar emocionarse cuando recuerda la forma en que llegó al museo.

Es cierto aquello de que las pasiones no se explican. Hay algo tan íntimo en cada una de ellas que es imposible de describir. Pero a veces logramos vislumbrar en los ojos de los fans un luz que ilumina un rincón del recuerdo. Un padre llegando a casa del trabajo con la ropa manchada de grasa y la promesa de un fin de semana familiar al borde del circuito para sentir el rugido de los motores.

Anécdotas

"Interactuar con los visitantes es muy lindo" asegura y es por eso que siempre que une visite el museo se la puede encontrar charlando o acompañando el paseo por las vitrinas.

"Estando en el lugar uno escucha muchas anécdotas, cosas que coinciden aunque seguro que hay un poco de divague también".

Y como ejemplo pone el día en que el taller se llenó con más de dos mil personas para escuchar rugir a La Galera. "Todos los que vienen coinciden que en el año 65' que ponen el motor F100".

"Uno dice pero dónde van a meter dos mil personas acá, pero viene otro y si los cuento son por lo menos entre 50 y 60 personas que estuvieron ese día" y relatan los mismos detalles: "Dante le dio marcha y sonrió, el taller vibraba al compás del nuevo motor y afuera, en la calle, la gente aplaudía".

Esas anécdotas a mi me encantan.

Armar una muestra

Es un trabajo en equipo la elección de una nueva muestra.

Con Omar Rosini, que está a cargo de La Galera, trabajamos desde el inicio en convocar muestras

Al principio no tenía ningún contacto y se me negaban mucho. Con Omar de a pocos fuimos armando. Generalmente con autos pero después empecé a ver con Agustina Marino que también podemos traer muestras o actividades relacionadas con los motores

Siempre se relaciona con el automovilismo, siempre los protagonistas son los Emiliozzi. Así que tratamos de ubicar las muestras con las efemérides.

En Olavarría hay mucho parque automotor y cuando se los convoca el cien por cien dice que sí, porque para ellos estar acá dentro es un orgullo.

Los coleccionistas los dejan por un tiempo porque saben que acá se los cuida.