30.05 | Columnistas Se disparó la venta de psicofármacos

Analgésicos para el cuerpo y ansiolíticos para el alma: los vendidos en pandemia

Casi 53 millones de cajas de analgésicos vendidos en 2020 en el país. El paracetamol creció más de un 70% de un año a otro. Un aumento importante del consumo de ansiolíticos y antidepresivos.

Silvana Melo
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Las variaciones en las ventas de determinados medicamentos en los últimos dos años son un indicio de las emociones y el ánimo de millones de personas durante el tránsito de la pandemia. El aislamiento, la cuarentena extendida, la escasa vida social, el sedentarismo y la soledad han empujado a un sector importante de la población a sostenerse con medicación destinada a recortar los dolores del alma.

Durante 2020 aumentó notoriamente el consumo de dos drogas: clonazepam y alprazolam, según el Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo de la Provincia.

Fernando Bueno, farmacéutico y presidente del Colegio que los agrupa, notó una baja importante en la venta de otros medicamentos; sin embargo, los psicofármacos se mantuvieron firmes. Para

Soledad Disanti, también farmacéutica, el aumento de la demanda de ansiolíticos fue palpable, asociada a relajantes musculares e inductores del sueño naturales, que no necesitan receta. Antidepresivos, antihipertensivos y analgésicos varios han sido las estrellas en la venta de medicamentos en la Argentina. En estos últimos, la inducción clara ha sido mediática.

El Defensor del Pueblo Adjunto de la Provincia, Walter Martello, fue el autor del informe sobre la evolución de la comercialización de medicamentos durante la pandemia. "Dos psicofármacos, que se venden bajo receta archivada, se encuentran entre los 15 más vendidos y la tasa de crecimiento de la cantidad de unidades dispensadas de estos remedios supera varias veces el promedio general", dice. Se trata del clonazepam y del alprazolam, psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central y son utilizados en distintos tratamientos psiquiátricos.


Ventas

En la Argentina se vendieron 52.661.431 cajas de analgésicos durante 2020: casi un 8% más que en 2019. La automedicación está acompañada amigablemente por la publicidad televisiva, que impulsa a las personas a pedir alegremente Actron en una farmacia, sin tener idea de que incorporará 400 miligramos de ibuprofeno.

En 2020 se vendieron 187.009 unidades más de clonazepam (3,93% de aumento respecto de 2019) y 286.801 unidades más de alprazolam (6,31% más). El resto de los medicamentos aumentaron su venta apenas en 1,36 %. Entre tres y cinco veces más. Los datos pertenecen a relevamientos de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA).

Más allá de medicamentos que se venden con doble receta archivada, es interesante repasar los quince medicamentos más vendidos en el país: la levotiroxina se ubica en el primer y en el séptimo lugar, a partir de los dos laboratorios que la comercializan. Es una droga reguladora de la actividad de la tiroides; gran parte de la población femenina la consume en un aumento exponencial en los últimos años. Ya sea por mayor diagnóstico o fruto de determinadas condiciones ambientales.

Le siguen los analgésicos como el ibuprofeno y el paracetamol (creció en un 71,46% la venta en un año) disparados "por millonarias campañas publicitarias, y a los que se puede acceder sin recetas".


Desde la farmacia

El farmacéutico Fernando Bueno recordó que durante la cuarentena de 2020 "no hubo enfermedades estacionales" por lo que la venta de los medicamentos antigripales "de marzo a setiembre cayó estrepitosamente", según las estadísticas de su propia farmacia. Sin embargo, el clonazepam y el alprazolam "mantuvieron la cantidad de unidades respecto de otras que cayeron en un 30%, y hasta escalaron un par de posiciones".

La farmacéutica Soledad Disanti observó que "desde el comienzo de la pandemia a esta parte, en nuestra farmacia, vimos un aumento sostenido del consumo de cierto grupo de fármacos, sobre todo psicofármacos, ansiolíticos, hipnóticos, hormonas inductoras del sueño y relajantes musculares".

En cuanto al alprazolam y clonazepam (agrupados en la familia de las benzodiacepinas), "duplicaron la venta en 2020 respecto del 2019, y al día de la fecha vemos que creció el consumo un 50% respecto del año pasado". Números que definen claramente el estado de ánimo de un porcentaje importante de la población que ha necesitado -y necesita- de muletas medicinales para soportar tanta tragedia.

Disanti revisa sus estadísticas y encuentra "zolpidem (fármaco hipnótico, análogo de las benzodiacepinas) del que aumentamos en un 120 % las ventas respecto del año anterior; disminuyó a partir de noviembre 2020 y comenzó a aumentar nuevamente en el mes de mayo de este año". En las épocas de disminución y aumento está marcado el verano, con su disposición para el combate del desánimo, y el otoño fatal que disparó el virus como nunca antes. En ese sentido, la farmacéutica marca el "escitalopram (antidepresivo), que aumentó en un 30% el consumo a partir de septiembre".

Fernando Bueno notó, "más o menos por mayo de 2020, mucha gente con problemas de sueño y que padecía el encierro, la falta de trabajo, en edades variables". En su farmacia y en la cotidianidad vio "mucha gente joven, entre 30 y 40 años, con problemas del sueño".

Desde sus propias estadísticas Bueno anotó, pre pandemia, "en el octavo y noveno lugar de ventas el salbutamol y las fórmulas antigripales". Sin embargo, "durante el año en pandemia ni siquiera aparecen antes del puesto 20. En 2019 el alcohol en gel no figuraba y en 2020 está en el puesto 12". El farmacéutico apunta que "las patologías crónicas se mantuvieron más o menos igual pero hay drogas que desaparecieron de los 30 primeros puestos, cuando estaban dentro de los diez". Por ejemplo, "la betametasona, el corteroide en gotas, que estaban en el número doce y en pandemia desaparecieron: no hubo chicos con crisis respiratorias ni engripados". Sin sociabilidad, sin escuelas, no hay contagios.

Bueno tiene los podios en los papeles: "el salbutamol, pre pandemia, estaba en el 8° lugar; en 2020 pasó al 57. Los antigripales, del 9 al 66. La betametasona del 12 al 43". Pero "los ansiolíticos se mantuvieron. Si hubieran sido cuestiones económicas nada más, se hubiera caído todo".


Argentina y los psicofármacos

Por su parte, Esteban Wood, especialista en políticas públicas sobre drogas, opinó en el Observatorio que "los datos ponen en evidencia varias aristas. Por un lado, la facilidad de acceso a medicamentos que deberían estar sujetos a estricto control. También la automedicación y la medicalización de la vida cotidiana. Y, por otra parte, el factor estímulo que representan las publicidades y la construcción de ese ideal de no sentir dolor ni malestar alguno, sólo por comprar tal o cual medicamento".

Otro relevamiento de la COFA, que abarca específicamente los medicamentos que actúan sobre el Sistema Nervioso Central, muestra un crecimiento promedio de 6,50% en 2020: el mercado de este grupo se extendió en 6.990.573 unidades. Ahora bien, entre los aumentos más significativos, por encima del promedio, se destacan los neurotónicos (10,04%); los hipnóticos y sedantes (9,18%), y los antipsicóticos (8,59%).

Soledad Disanti observó que, además, aumentaron las ventas de "melatonina, valeriana, passiflora y tilo, que contienen activos inductores del sueño en forma natural". La demanda creciente incluye también "relajantes musculares asociados con antiinflamatorios", a partir del "aumento del uso de dispositivos tecnológicos, trabajo remoto y menor frecuencia de actividad física".

La Argentina muestra un creciente consumo de psicofármacos desde hace más de una década. Sin embargo, en el último año se profundizó a partir de las angustias nacidas de la pandemia. Antes de la cuarentena, según el informe de la Defensoría del Pueblo, se calculaba que "15 de cada 100 ciudadanos y ciudadanas -casi 3 millones de personas- consumía drogas bajo prescripción médica o bajo receta". Pero "la prevalencia de ansiedad y depresión fue mayor en quienes aumentaron la dosis de psicofármacos comparado con quienes mantuvieron la dosis habitual (ansiedad 43% vs. 14.9%); depresión (41.4% vs. 20.1%)".

La investigación mostró que 3 de cada 10 personas entrevistadas, casi el 30%, "admitió que su estado de ánimo sufrió cambios de mediana (25,6%) o de gran (4,1%) intensidad desde el inicio de la pandemia". A la vez, "2 de cada 10 personas (20,8%) que ya consumían sustancias dijeron que aumentaron dicho consumo: tabaco (39,9%), alcohol (36,5%) y ansiolíticos/antidepresivos (10,1%)". Un índice que preocupa es que el 15 % de los que apuraron el consumo de psicofármacos lo hicieron sin receta ni indicación médica: los consiguieron a través de amigos o familiares.

Cuerpo y alma

Soledad Disanti resume: "podemos ver en nuestra labor diaria en la farmacia, que la pandemia trae consecuencias secundarias en la salud de toda la población, traduciéndose en dolencias, alteraciones del sueño, enfermedades de origen psicológico y psiquiátrico, desórdenes alimentarios, disminución de actividad física, entre otros, que sin duda pueden ser el origen o el devenir de otras complicaciones".

Más allá del virus en sí mismo, las patologías de la pandemia van de la psique al soma, del alma al cuerpo. La angustia va y viene entre hipotensores (están entre los más vendidos los que buscan bajar la presión arterial), ansiolíticos y analgésicos.

Para armarse y enfrentar cada día, cada mes del invierno, cada dolor de estas horas. Hasta que esto pase y tardará en salir esta desazón sobre los hombros.

Un milagro, como el del olmo seco de Antonio Machado, que vendrá de mano de la primavera.