22.08 | La Madrid 

"Hay que entrenar la cuestión psicológica para que disfruten, porque sino no vale nada"

La entrenadora de Piruetas habló sobre las exigencias de la gimnasia y cómo superarlas. Recordó cómo conoció a Abigail Magistrati y su sacrificio para llegar a los Juegos Olímpicos.

La profesora Mariana Serris desarrolla la gimnasia artística en General La Madrid desde hace varios años con el club Piruetas. La profesional contó algunos de los secretos de la disciplina y repasó su relación con Abigail Magistrati, una joven gimnasta de la ciudad de La Plata que representó a la Argentina en los Juegos Olímpicos.

La gimnasia tiene la particularidad de que las competidoras son muy jóvenes. "Es uno de los deportes de más temprana edad con competencia, de hecho en los Juegos Bonaerenses hay chicas de 9 y 10 años, y siempre son las más chiquitas de las delegaciones", contó.

"Es por una cuestión de disciplina, flexibilidad y habilidad que se van adquiriendo de muy chiquitas y cuando tu cuerpo va cambiando uno se hace más pesado para hacer tantas piruetas. Pero no es un impedimento porque de hecho hubo una de 42 años", explicó la profesora Serris.

"A ese nivel de élite es uno de los deportes a los que más se les exige, pero siempre hay que trabajar con el propio peso del deportista que es lo que puede manejar", detalló sobre la preparación física.

En cuanto a la cuestión psicológica, Mariana Serris admitió que "es clave" y pone como ejemplo a Simone Biles, la estrella olímpica de Estados Unidos que se retiró de la final por equipos de la gimnasia femenina en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020, quien planteó que "tenemos que proteger nuestras mentes y nuestros cuerpos, y no sólo salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos".

Al respecto la entrenadora lamatritense puntualizó que "hay que manejar la presión y tanto esfuerzo que hay detrás: individual, personal, familiar, del entrenador, hay un montón de cosas. Hay que entrenar la cuestión psicológica para que disfruten, porque sino no vale nada".

"No manejamos el nivel de exigencia de los competidores de élite, pero nos ha pasado que llega el momento de competir y no quieren, se olvidan la serie, se suben a la viga y se olvidan... y eso es todo presión y nervios. Por eso charlamos para que confíen, te cuenten lo que les está pasando y no llegar al límite de no querer participar", mencionó.

"Si consiguiéramos apoyo psicológico sería mucho mejor. Een La Plata lo hacíamos para unificar los grupos; acá lo bueno es que se conocen o son amigas", indicó luego.

La gimnasia se practica de manera individual pero también grupal. "Como desafío está buenísimo porque el que compite es la nena o el nene, y está sólo en el aparato. Ahora se está estilando que compiten de manera individual pero sumando para el equipo, no hay mejores ni peores, y está buenísimo que se genere eso; este año las nenas no quisieron participar en los Juegos Bonaerenses porque era individual y tenían que eliminarse entre ellas, y decidieron no hacerlo", contó.

"Aun cuando la competencia es individual, siempre se alientan y se acompañan, y forman como un equipo", cerró Mariana Serris.

Pequeña gigante

"A Abigail la conocí cuando tenía 5 años más o menos y yo me estaba iniciando en La Plata. Ibamos a los torneos y ella andaba en los niveles de jardín, y ya te dabas cuenta de que era un 'aparato'. A pesar de que era chiquita competía en un nivel mucho más avanzado al que estábamos acostumbradas y hacía pasadas solas", comenzó recordando Mariana Serris sobre la joven platense que estuvo en Tokio.

"Ella es de Villa Elvira y se entrenaba en un club ahí, luego empezó a hacerlo en Everton y ya participaba de torneos provinciales, se clasificaba a los nacionales y se veía cómo se destacaba", repasó.

"También me la cruzaba en la escuela, porque ella (Abigail Magistrati) iba a un colegio en Los Hornos y yo estaba como profe de educación física. Iba a la mañana y me acuerdo de verla a ella y a sus papás haciendo mucho sacrificio: hacía los deberes en el recreo; un día estaba en la fila y se la notaba cansada, y me contaba que recién había llegado de un nacional. Siempre estaba al límite con las faltas porque entrenaba en el Cenard, salía de la escuela y viajaba todos los días", detalló.

"Su familia hizo mucho esfuerzo. En los torneos hacíamos rifa para alguna malla, para bancar los viajes y los hospedajes. Ellos vendían panqueques, tortas y lo que te puedas imaginar", indicó.

"Es re loco haberla visto en los Juegos porque me acuerdo de verla corriendo, la mamá le preparaba una vianda y viajaba a CABA. Volvía a la tardecita, hacía los deberes y al otro día a la escuela, y otra vez lo mismo", apuntó Mariana Serris.