09.10 | Información General 

Déficit habitacional: es un problema continental

Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dice que la insuficiencia de viviendas adecuadas y la vulnerabilidad del hábitat es un fiel reflejo de la difícil situación económica y social que vive la mayor parte de América Latina.

En el año 1900 tan sólo el 30% de la población latinoamericana vivía en zonas urbanas, mientras que en la actualidad lo hace el 80%, y el 20% vive zonas rurales.

Además, aproximadamente 200 de los 685 millones de personas de la región viven en la pobreza, y más de 60 millones habita en viviendas inadecuadas, construidas con materiales precarios, y carecen de servicios básicos.

Según su estudio "Un espacio para el desarrollo: los mercados de la vivienda en América Latina y el Caribe", el BID calcula que para reducir el déficit habitacional, por medio de programas gubernamentales de desarrollo urbano, se debería más que sextuplicar la inversión en vivienda pública, implicando un gasto de 310.000 millones de dólares, un 7,8% del PIB de la región, algo muy improbable que ocurra.

Ahora, para entender el "déficit habitacional" hay que separar el análisis en dos dimensiones. Por un lado, está la dimensión cuantitativa en la que se analiza la cantidad de viviendas necesarias y la cantidad de viviendas disponibles para la sociedad; por el otro la dimensión cualitativa, que hace referencia a la calidad de las viviendas existentes en términos de las condiciones mínimas de habitabilidad.

El trabajo analizó los datos arrojados por la encuesta permanente de hogares, que muestra la situación en los 31 aglomerados urbanos más grandes de la Argentina, es decir, sin considerar las ciudades pequeñas del interior.

En lo que refiere a la dimensión cuantitativa, señala que en el país en 2004 el 75% de las familias eran propietarias de su vivienda, mientras que en 2020 se habían reducido al 70%.

En 2004 el 15% de los hogares alquilaba, proporción que subió al 20% en 2020.

El restante 10% de las familias se mantienen en la calidad de ocupantes, que pueden ser legales (ocupan con permiso del propietario) o ilegales (invasión de propiedad).

Estos datos muestran un problema estructural; que las dificultades para el acceso a la vivienda propia vienen de larga data, y no se resolvieron con el buen momento económico que tuvo el país entre 2004 y 2012.

En la dimensión cualitativa se detectó que el 21% de los hogares en el país no tienen viviendas con infraestructura habitable.

El 3% se encuentra en situación de hacinamiento crítico, en las cuales hay más de 3 personas por cuarto, aunque este número no refleja la situación de las villas de emergencia.

El 14% de los hogares no dispone de baños apropiados y el 48% de los hogares no accede al menos a uno de los servicios de agua corriente, cloacas y gas natural.

Estas falencias son aún más graves ya que los datos de la encuesta no tienen en cuenta a pueblos del interior ni a hogares rurales.

Sobre la misma cuestión, un análisis del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) sostiene que una política de viviendas para paliar esta situación debería construirse sobre los siguientes pilares:

  • Reducir drásticamente la inflación a niveles de un dígito anual para reconstruir el crédito hipotecario.

Con alta inflación no hay crédito hipotecario. Sin crédito hipotecario sólo los más pudientes acceden a la vivienda.

  •  El Estado debe hacer fuertes inversiones en servicios básicos como redes de agua potable, cloacas, electricidad, gas, alumbrado público, desagües, para multiplicar los terrenos habitables y así bajar el precio de la tierra urbana.
  • Promover la adopción de las nuevas tecnologías en la construcción de casas industrializadas, que son de más rápida construcción y más económicas, mediante préstamos hipotecarios subsidiados para familias de bajos ingresos.

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