10.10 | Información General 

Juan Pablo Arrabal: de "Voluntariozoo" en La Máxima a "doctor de yaguaretés" en Misiones

Trabajó como voluntario en el sur con las ballenas que quedaban varadas en la costa y morían, con yaguaretés en la zona del Chaco e integró la investigación de aves migratorias durante la epidemia de gripe aviar.

Julieta Portillo

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"Conocer los lugares más recónditos, en medio de la naturaleza para mi es un privilegio", define Juan Pablo Arrabal, un olavarriense de 38 años que es Doctor en Ciencias Veterinarias e investigador del Conicet.

Instalado en la selva misionera desde hace una década, cuenta su historia a EL POPULAR desde aquella porción de tierra donde levantó su casa de barro, bien pegadita al Parque Nacional Iguazú: su lugar en el mundo.

Lo cierto es que Juan Pablo Arrabal pasó de ser un "Voluntariozoo" en La Máxima cuando era chico a "doctor de yaguaretés" (como lo define "La Voz de Cataratas", un diario de Iguazú), en Misiones. En el medio hubo un camino de esfuerzos, estudios, voluntariados, becas y desafíos.

Es media mañana del jueves y Juan Pablo atiende la llamada con característica de Olavarría. Acaba de hacer dormir a su beba de cinco meses y tiene una intensa jornada de trabajo pero se entusiasma con la posibilidad de contactarse aunque sea un rato con su ciudad natal.

Hijo de empleados bancarios, es el mayor de tres hermanos. "De chico siempre me gustó la naturaleza y los animales", sentencia al comienzo de su relato este olavarriense que forma parte del Proyecto Yaguareté: la puerta de entrada para concretar el primer estudio sistemático sobre los parásitos de los felinos en la selva misionera.

Juan Pablo recuerda que tenía 12 años cuando pudo entrar al grupo de chicos del proyecto "Voluntariozoo" en La Máxima, después de un año de insistir sobre esta posibilidad porque era para más grandes. Bajo la coordinación de Ivone Olivetto, "estudiábamos los animales, les hacíamos la comida, limpiábamos las jaulas y después de eso vino una etapa donde por mi cuenta empecé a trabajar con los veterinarios. Hacía lo mismo pero ya me dejaban otras tareas como darle de comer a las víboras".

Lejos de las comparaciones, ahora integra un equipo de investigadores que trabaja en la captura de yaguaretés para el estudio de todos los aspectos de la vida de este animal y de su entorno, donde no solo hay veterinarios sino también biólogos, técnicos y guardaparques.

En su recorrido, trabajó como voluntario en el sur con las ballenas que quedaban varadas en la costa y se morían, con yaguaretés en la zona del Chaco, formó parte de la investigación de aves migratorias durante la epidemia de gripe aviar y estuvo también en Brasil, entre otros lugares. Fue técnico en el Instituto Nacional de Medicina Tropical (INMET) donde adquirió gran parte de su formación y donde finalizó su doctorado.

Hoy sigue conjugando trabajo con estudios, y un estilo de vida que no cambiaría, asegura Juan Pablo, padre de dos hijas (la mayor, de 6 años, que vive en Tandil). Mientras desarrolla su vocación por la fauna silvestre, se presentó para un postdoctorado y busca hacer carrera dentro del Conicet. "Tengo que presentarme para poder pasar a ser investigador junior".

Asegura que en Argentina hay pocos investigadores de la fauna silvestre y que de chico descubrió este mundo a través de documentales extranjeros. "Hay muchas cosas para investigar y estudiar. Me encontré con esto, con que acá no había nada estudiado en salud, me atrapó y amo lo que hago".

Vocación

Conocía su amor por la naturaleza y por la fauna silvestre, razón por la cual cuando transitaba el secundario en la Escuela Agraria de nuestra ciudad tenía en claro el rumbo que quería darle a su vida, aunque no sabía cómo lo lograría.

"Me acuerdo que hice el curso de orientación vocacional y me salió 50% biólogo y 50% veterinario así que mucho no me ayudó", se ríe ahora de aquella etapa en la que tuvo que decidir cómo empezaría su recorrido.

Siguió los consejos de aquellos veterinarios de los que se rodeó en La Máxima. "Me decían que siendo biólogo, si no conseguía trabajar como investigador podría llegar a ser profesor de Biología. En cambio, como veterinario siempre iba a estar en contacto con los animales así que me fui a estudiar a Tandil".

Fue en cuarto año de la facultad que la carrera despertó su interés, cuando cursó la materia de Ecología. "Ahí empecé a ver otras cosas que también podía hacer un veterinario. Hablé con la profesora para que me ayudara porque tenía que hacer tesis y prácticas y quería algo relacionado con la ecología". Ese fue el primer contacto con la vida silvestre, en La Pampa, trabajando en la captura de gatos montés. "Una locura! Un grupo en medio de La Pampa en un parque nacional, yo estaba apasionado. Había una veterinaria que se dedicaba a eso y el director del proyecto que era un biólogo, y yo pidiéndoles a ellos que me contactaran con más gente".

De ahí se fue al sur como voluntario a trabajar con las ballenas que quedan varadas en la costa y que mueren. "Hacía necropsias para estudios, para determinar las causas de la muerte de esas ballenas. Ahí conocí gente nueva y fui a otro voluntariado: durante la epidemia de gripe aviar con un grupo que trabajaba con aves migratorias. Para mi era genial, empecé a tratar de hacer mi tesis con algo que tuvera que ver con los estudios de salud en fauna silvestre".

El próximo destino fue Santa Fe, "en la Facultad de Veterinaria de Esperanza había un director de grupo que se dedicaba a la fauna, así que contacté con él y pude hacer una tesis con el estudio de parásitos de aves", la antesala de un proyecto todavía más grande porque, gracias al contacto con una chica, "me engancho como voluntario para el estudio de los yaguaretés en Chaco", la zona del país donde la especie está en mayor riesgo de extinción.

"En un momento se corrió la bola de que había un loquito veterinario dando vueltas por ahí, queriendo hacer esto. Y los biólogos son los que necesitan de un veterinario para que trabajan en las capturas, anestesias y demás. Ahí empecé a trabajar con ellos".

Proyecto, logística y análisis

De Chaco a Misiones, después a Brasil, un descanso en Olavarría para continuar con el estudio sobre la enfermedad de Chagas en Tucumán y luego nuevamente a Misiones, en medio de cursos y voluntariados que aportaron conocimientos y experiencias.

En 2011 ya se instaló definitivamente en Misiones, para estudiar a los yaguaretés. Primero como voluntario, "me dieron un lugar dentro del Parque Nacional Iguazú, en una casita para investigadores. Me postulé en el instituto de Investigaciones sobre Medicina Tropical y quedé como personal técnico, con la posibilidad del doctorado. Ahí encontré mi primer trabajo estable".

En el Proyecto Yaguareté "somos un grupo de investigadores que estudiamos las diferentes parte de la vida del animal: cómo se distribuye, que hábitat prefiere, cuáles son sus presas, la dieta, la genética, la salud.,. Es algo completo, con mucha información que se genera para la especie", cuenta.

Y explica que "el yaguareté es una especie paraguas que necesita gran territorio para vivir, que tiene que estar completo y saludable. Entonces protegiéndolo a él, se protege todo lo demás. Estamos estudiando desde las presas hasta la relación de la gente que vive en la selva con el yaguareté que lleva adelante un grupo de antropólogos. Son todos los aspectos los que se abarcan".

Además, "ahora también son parte de mi trabajo las muestras para hacer los estudios de salud y las enfermedades, ampliándolo porque estoy capturando coatíes que son del grupo de los canívoros para analizar si esa interacción con la gente puede transmite enfermedades. Los coatíes están en las Cataratas y se acercan a los turistas, entonces son el nexo: van a la selva y están en contacto con otros bichos o son presas de los yaguaretés o los pumas".

Así, compara que "capturar un yaguareté lleva un trabajo de muchos días, no es fácil lograrlo. A los coatíes, en cambio, vos le haces ruido con un paquete de galletitas y listo, ya vienen solos.. Hoy estamos bastante entrenados, no siempre logramos capturar un yaguareté. A veces ponemos trampas y estamos un mes o dos de espera porque no es que salimos a cazar, el yaguareté cae solito en las trampas que hemos generado con los técnicos, donde un sistema de alarma hace que cuando el animal queda atrapado llega un mensaje al celular. Y ahí salimos, con todos los equipos preparados al estilo Bomberos".

Desde su casa de barro en pleno Iguazú, Juan Pablo se proyecta para su próximo paso: el mes que viene prevé dos salidas al monte en el sur de Misiones y también en Corrientes.

El trabajo de campo es lo que más le fascina, además de aquella filosofía de vida que adoptó para siempre: "estoy acá, en una casa ecológica, sustentable y amigable con el lugar donde vivo, al lado de la selva. Vienen los tucanes en un momento del día, estoy en contacto con este ambienta de tanta naturaleza. Donde estoy todo es espectacular. Qué más puedo pedir".