31.10 | Política ESCENARIO POLÍTICO

El blooper judicial y su protagonismo frente a la grieta

El país sigue inmerso en una pelea obsesiva y demencial entre Cristina y Macri mientras la mayoría padece hambre, desempleo e inseguridad. Jueces que citan y no saben para qué, la Vice no tiene quién le apele sus pensiones.

Cacho Fernández

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La política en la Argentina es un verdadero club de la pelea. En el denominado debate entre los candidatos de Provincia se pudo observar la obsesión que existe entre la dirigencia política de hacer de una elección un impresionante y grotesco escenario bélico.

Ya lo hemos citado en esta columna pero no se me ocurre otra metáfora para representar esta patética realidad. Ya lo decía el ensayista Leonardo Sciascia, que ante el avance de la posverdad, a la verdad objetiva se la puede encontrar en la literatura.

Y realmente es así. El patológico enfrentamiento entre Cristina Fernández y Mauricio Macri se referencia claramente de la novela "El duelo" de Joseph Conrad, ya citada en esta columna, de dos oficiales napoleónicos que no podían dejar de pelear entre ellos.

Los orígenes de ese odio es tan misterioso como el encono que tienen ambos dirigentes políticos argentinos. Es un odio que no tiene ninguna lógica ni origen político, y parece venir desde el fondo de los tiempos, como si lo trajeran en su propia sangre y como si estuviesen predestinados a enfrentarse hasta que Dios los llame a su lado si es que merecen ese lugar.

La novela fue llevada al cine por el genial Ridley Scott, y la obsesión entre D'Hubert y Feraud, dos húsares de Napoleón, representados con el mismo talento por dos actores insuperables como Keith Carradine y por Harvey Keitel realmente provoca una asfixia insoportable. Conrad se caracterizó por historias en las que hurga muy a fondo en las extravagancias humanas como lo hizo en "El poder de las tinieblas", un cuento de este escritor que sirvió de base para el film "Apocalipsis now", dirigida por Francis Ford Cóppola.

En "El duelo", ambos militares, o uno de ellos, encuentra el sentido de sus vidas en la pelea constante e interminable. Quizás no se puede saber quien comenzó el enfrentamiento entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Lo cierto es que de este odio surgió la grieta que hoy amenaza con llevarse puestos al país y a 45 millones de argentinos.

No vale la pena perder tiempo intentando desentrañar el origen del enfrentamiento entre Macri y Fernández, simplemente le les podría pedir que hagan el gesto patriótico de jubilarse de una vez por todas de la política nacional y que continúen su pelea eterna en algún otro ring de la vida sin poner en riesgo el futuro de los argentinos. Es más, hasta podemos ponernos de acuerdo para no exigirles a ninguno de los dos los 30 años de aportes.

Y, como para perpetuar la pelea interminable, el juez Bava de Dolores quiso meter a Macri en la campaña y lo convocó de apuro por un supuesto espionaje a los familiares de las víctimas del Ara San Juan. Y fue un papelon.

¿Actuó por su cuenta el magistrado o cumplía órdenes políticas?. Hace una semana Tolosa Paz intento hacer lo mismo por todos los medios pero no pudo y de alguna manera le terminó haciendo el juego a la oposición que mira con cierto regocijo estos gestos porque le minimizan su propia interna.

Aquel diciembre

De un llamado a indagatoria deviene otro para el oponente. Hasta la Justicia se divide en dos para protagonizar la pelea.

Cada uno de ellos acude a la indagatoria acompañada de sus amigos y amigas como si fuesen a festejar el último examen de Facultad. Los jueces cumplen su rol y la institución fundamental de la república se suma a este grotesco. Pero la Justicia y la policía se ausenta ante la irrupción violenta en un Ministerio y la violencia parece naturalizarse.

En el Sur patagónico pasa algo similar. La violencia y una situación anárquica se va apoderando del sistema como si fuese algo natural. La calle está caliente, pero esto ya es violencia política y los argentinos conocemos lo que suele pasar cuando no se disuaden estas conductas porque nadie aplica la ley.

Diciembre de 2001 parece estar a la vuelta de la esquina tanto porque como decía Gardel, veinte años no es nada pero también los paralelismos entre esta coyuntura y los de aquella son evidentes. Solo falta el corralito, pero hay cepos para todo.

Dos políticos antitéticos

Alberto Fernández, el político con peor imagen positiva según Giacobbe (apenas un 15%), sigue peleando contra su propio pasado y vive desmintiéndose. En efecto, hace una semana anticipaba que el acuerdo con el Fondo ya estaba hecho y ahora dice que no van a pagar la deuda con una metáfora lírica y panfletaria, propias de los discursos de barricada y sin contenidos.

Como diría Hegel, Alberto F. es un ser antitético ya que contiene en sí mismo la contradicción entre tesis y la antítesis. Sergio Massa es otro de los ejemplos de estos dirigentes que cargan constantemente con este juego de oposiciones. El tigrense prometió "meter presos a todos los ñoquis de La Cámpora", pero ahora optó por negociar y mimetizarse con ellos. ¿Hasta dónde este penduleo discursivo es estrategia y hasta dónde es cinismo?.

De la misma manera hablaba Fernando de la Rúa en las preliminares de la peor crisis de la historia nacional. Diciembre de 2001 está más cerca de lo que parece y los escenarios se obstinan en parecerse cada vez más. La impunidad se ha profundizado. Y tanto es así que hoy la Vicepresidenta cobra dos pensiones, unas 100 jubilaciones mínimas mensuales sin que la Ansés le haya apelado el fallo como se lo apela sistemáticamente a jubilados que reclaman valores infinitamente inferiores a los que cobra la Vice, y la gran mayoría de las veces se mueren antes de cobrarlas. Todo esto es una verdadera tragedia, y la Vicepresidenta es la principal actriz protagónica de ella.