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16.08 | Carta de Lectores Cartas de lectores

Nuestra herencia (VI)

Sr. Director:

Con la conciencia de su pobreza, al gaucho se le unía la ilusión de su riqueza. Ante él estaba el planeta cubierto de animales, errantes como él.

A caballo por la llanura, sin hogar ni rumbo, era el caballo de la nada, inconmensurable, cuyo título de propiedad tenía el hombre de la urbe, como antes el Rey de España. Era un Quijote vencido.

Prefirió levantarse contra la justicia que le negaba la propiedad que él poseía, de acuerdo a las leyes de la Naturaleza, que bien conocía como curandero, baquiano y caudillo. Como el caballero, alistó la turba, y fue el castellano en su rancho; alzó la tropa contra el terrateniente que le robó la tierra desde la ciudad. Se separó el espíritu del campo, federal y bárbaro, del de la ciudad, unitario y monárquico. Llegó a considerarse un despojado, una víctima de la injusticia del código y del tribunal distante. Hizo causa común con el indio, al que miraba con encono y desprecio de bastardo. Si no con el derecho, mantendría la posesión con el cuchillo, su herramienta de trabajo. Si el puerto no le permitía comerciar, lo haría a espaldas de la aduana. Esta y otras cosas se convirtieron en un programa político, y fue el punto central de la organización que cuajó en 1880, año de la muerte del gaucho.

El caudillo representaba el culto del coraje, de la soberanía, del jefe. No era como un señor feudal, sino como un bandido; formaba una sociedad apócrifa contra otra; tenía sus principios, sus códigos, su rito. Se creía llamado por Dios para corregir por el fuego y la espada, a una sociedad que había perdido sus normas de justicia. Se le revistió de un ideal, de una doctrina política con el nombre de federalismo, dando forma simétrica a un caos. Así, la forma concreta de la barbarie, era un ideal. Pero era impensable que el guerrero se cambiara por otro oficio. No quiso o no supo. Pero no había que colocarlo en una situación por debajo de su orgullo. Ya era bastante fuerte el oprobio de aplicar sus brazos a la tarea plebeyísima de sembrar, cosechar, apacentar, vender. La ganadería y la agricultura quedaron equiparadas a la minería. La industria del cuero reemplazó a las del hierro, la madera y hasta la del mimbre. El cuchillo fue la herramienta de esa industria. En el litoral, una población flotante se embanderaba con el primer caudillo que le ofreciera ventajas económicas para la salida del producto del que era dueño sin serlo. La tropa eran campesinos defendiendo sus intereses, manejaban el cuchillo y destrozaban los sables para convertirlos en facones. Se hizo muy cruel el matador de vacas cuando dejó de matar hombres, aunque, en realidad, nunca dejó de hacerlo.

El cuchillo corta el pan y monda la fruta, pero es peligroso llegar al secreto de su manejo. Sirve para matar animales pero, sobre todo, al hombre. Ameghino encontró cinco clases de cuchillos de piedra en la pampa.

La agricultura fue la rendición final. La Naturaleza vencía. La pulpería también era ocupación de gringos.

Esta serie, "Nuestra Herencia", está basada en "Radiografía de la Pampa" de Ezequiel Martínez Estrada.

Néstor Mineo
DNI 5.498.259