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21.08 | Carta de Lectores Cartas de Lectores

Nuestra herencia (VII)

Sr. Director:

El conquistador era un ignorante; lo atrajeron la avaricia y la facilidad del éxito; era tan páramo como la tierra misma.

La tierra puede ser ultrajada, invadida pero, al final, ella triunfa. El agricultor que la urgió, obtuvo, a lo sumo, el goce del estupro. Se hizo rico, pero empobreció al país. Poseía cuarenta leguas, pero cuatro mil hombres no tenían qué comer ni dónde descansar. Toda esa riqueza ilusionó e ilusiona a nuestros gobiernos, nacidos de esa inclinación a lo absurdo, hijos de esos soñadores analfabetos. Se vivió y vive, anticipando el porvenir, endeudándose e hipotecando el futuro, para mantener el lujo de unos pocos ignorantes enriquecidos. Buenos Aires olvidaba y olvida la verdad de las provincias agónicas.

Al rico le pertenece el goce de una riqueza a préstamo, administrador de un bien ajeno. Su economía estaba y está, manejada por jugadores de Bolsa. Podían ser buenos hombres de negocios, pero estaban asentados sobre arenas movedizas. Sus hijos convirtieron los bienes en humo. Algunos, sin abandonar sus tierras, se fueron a Europa. Cuando venía algún empréstito, siempre deslumbraba algún apellido antiguo. Lo que se iba a buscar lejos, socavaba el cimiento de lo que aquí se poseía y así el oro volvía allá.

Los caminos entre Buenos Aires y Europa, se establecieron antes que con el interior. Al puerto llegaban las gentes en busca de bienestar. Había que unir el puerto al interior y para ello se trazaron las rutas y ferrocarriles. Algunos puntos se ponían en contacto con la metrópoli, otros se apartaban hacia las regiones del pasado y la soledad. Las poblaciones se agrupaban a la vera de los campos fértiles. Oscilaban de acuerdo a las vacas y los granos. El movimiento de ese interior errante, inestable, obedecía a la demanda del producto en mercados desconocidos. Así, jamás podremos ser independientes. Producimos lo que ellos quieren al precio que ellos determinan.

Las ciudades y los caminos fueron hechos para la ruta del oro. No para el comercio. La Pampa Húmeda produce para el mundo y la República queda a sus espaldas. Se estableció entre esas dos zonas, la extranjera en el litoral, y la argentina en el interior; una competencia infeliz para la más aislada y pobre. Las poblaciones confinadas no le interesan al consumidor porque no producen para él; al productor le interesa el que consume y el que le da crédito para producir más. Es el asalariado del capital extranjero.

En 1852 comienza una nueva táctica en función de lo extranjero. Ahí se cierra la época de la confrontación armada y comienza el ciclo de las violencias políticas y jurídicas que llegan hasta hoy. Los mismos bandos en pugna. Buenos Aires fue invadida y la República cae presa del comercio y la banca extranjera.

Los inmigrantes traían una parte de su propio gobierno, pero el Estado no cumplía y sólo entregaba tierras yermas, sin la responsabilidad de distribuirla, alentarla y educarla.

Esta serie, "Nuestra Herencia", está basada en "Radiografía de la Pampa" de Ezequiel Martínez Estrada.

Néstor Mineo

DNI 5.498.259