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01.09 | Carta de Lectores Cartas de Lectores

Nuestra herencia (VIII)

Sr. Director:

Desde 1822 se vio que sólo la tierra podía ofrecer garantía para los préstamos en libras esterlinas. Rivadavia sanciona la ley de enfiteusis como garantía del Empréstito Baring Brothers (que había hipotecado todas las tierras y demás bienes inmuebles de propiedad pública), prohibiendo su enajenación en toda la Nación.

Mediante ella se arrendaban esas tierras fiscales contra el pago de un canon, que nunca pagaron. Esto llevó a la concentración de la tierra en pocas manos. Los adjudicatarios fueron: Anchorena, Alzaga, Alvear, Azcuénaga, Basualdo, Bernal, Bosch, Bustamante, Castro, Díaz Vélez, Dorrego, Eguía, Echeverría, Escalada, Ezcurra, Gallardo, Irigoyen, Lacarra, Larrea, Lastra, Lezica, Lynch, López, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Otamendi, Pacheco, Páez, Rozas y Sáenz Valiente, entre otros. El comienzo de la oligarquía nacional. Esto se potenciaría con las llamadas conquistas al desierto.

Desde 1853 llegaron miles de familias que no encontraron trabajo. No había dónde ubicarlas, incluso Urquiza debió sacrificar una parte de su latifundio para ubicarlas. La colonización inteligente fracasó. El único fin de las compañías era la obtención de tierras y el lucro del traslado de la gente. Una vez llevadas a los campos eran abandonadas. Querían libertad y realizarse como hombres, no como labradores. Los indios atacaban los pueblos y pasaban a cuchillo a los habitantes. Los trabajadores tomaron armas y se dedicaron al abigeato. Otros terminaron como pulperos o vendedores de baratijas. Sólo podían resistir quienes se habían mantenido renuentes, en sus países, a la civilización; los más audaces.

La inmigración creó la ilusión de potencialidad económica y, apurado, el gobierno pidió empréstitos para obras públicas que dedicó luego a mantener milicias y comprar armas; en matar indios y en contener al Paraguay que se industrializaba.

La pampa hostigaba a los pioneros. No avanzaba conquistando, sino siendo conquistado. El avance del aventurero no es más que la mitad de la conquista, la otra mitad es saber quedarse. Perseguía al indio, pero era como su retaguardia. Al avanzar, fijaba puestos en fortines y asentamientos que los caminos y las vías terminarían fijando, sin un plan. Sólo era el camino del indio desplazado. No tenían que ver con accidentes geográficos ni la fertilidad del suelo. Si estaban en tierras fértiles, prosperarían, aunque aislados. Verdaderos oasis de ubicación caprichosa, que resultaban quedar a distancias mayores aún, por la interposición de las zonas áridas, por el costo del transporte y la decepción del trabajador. La ruta de la derrota.

Así ubicados los pueblos, el ferrocarril estiró tales distancias, porque el precio de los fletes por centenares de leguas deshabitadas, arrojaría el producto a una lejanía económica mucho mayor aún que la distancia geográfica.

Esta serie, "Nuestra Herencia", está basada en "Radiografía de la Pampa" de Ezequiel Martínez Estrada.

Néstor Mineo
DNI 5.498.259