Miércoles, 22 de Mayo de 2019
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05.07 Rusia 2018

Una mujer inventó las tarjetas

El invento tuvo (desagradable) participación argentina. Un ex árbitro buscaba cómo dejar claras las advertencias: su esposa le recortó unas cartulinas. Se estrenaron en México 70

Ken Aston fue el árbitro del partido más desagradable de la historia de la Copa del Mundo, el Chile-Italia de 1962. Quedó para el recuerdo como la batalla de Santiago. La causa fue una crónica muy despectiva hacia Chile (como país, no como selección) publicada por el diario boloñés "Il Resto del Carlino", con firma de Corrado Pizzinelli, que viajó un mes antes del campeonato para hacer una nota de ambiente.

Chile e Italia coincidieron en el grupo II. Se enfrentaron en la segunda jornada. Para entonces ya había llegado la crónica de un mes antes a El Mercurio, que la reprodujo. Chile había hecho un gran esfuerzo para sacar adelante este Mundial pese un tremendo terremoto un año antes, para dar una buena imagen al mundo. Aquella crónica creó una indignación colosal.

Aston sufrió tratando de arbitrar una batalla infame. Intentaba sosegar a los jugadores, pero no le entendían. Expulsó a dos italianos, fracasó. Se marchó frustrado.

Para el Mundial siguiente, Inglaterra 66, estaba retirado, en la Comisión de Arbitraje de la FIFA. Presenció el célebre Inglaterra - Argentina en el que el alemán Kreitlein expulsó a Rattin, por reiteradas protestas. 

Aquello creó revuelo. Rattin había sido advertido, según el árbitro, por reincidir en las protestas. Pero Rattin sólo hablaba español. ¿Cómo iba a saber lo que le decía Kreitlein? El propio Aston, que se había visto ante chilenos e italianos, incapaz de advertirles, bajó al campo para mediar. El inglés no estaba tan entendido entonces como hoy, convertido en lengua franca.

El día siguiente estaba en su despacho en Wembley cuando llamó Jackie Charlton. Un periódico había publicado que habían sido advertidos de expulsión él y su hermano Bobby. No lo sabían y querían certificarlo.

Aston se fue a casa pensando en la necesidad de crear un sistema fácil, internacional, indudable, para que los jugadores amonestados por el árbitro lo supieran, y también los espectadores, para que no hubiera duda. Parado en un semáforo en Kensignton, pensó: "Debería ser algo tan claro como esto: amarillo, prevención, rojo, prohibido pasar... Pero ¿cómo? ¡Si fuera tan fácil como poner un semáforo con luces en el campo...!".

Llegó a casa y le explicó su preocupación a su esposa, Hilda, que pareció no atenderle. Luego se puso a leer el periódico. Al poco rato, Hilda apareció ante él. Había recortado dos trozos de cartulina, una amarilla y otra roja, y se los mostró: "¿Y si los árbitros llevaran dos de estas en el bolsillo? La amarilla como advertencia y la roja para expulsar". 

Aston se sintió feliz con la idea y tras muchas discusiones y algunos ensayos entró en funcionamiento con todas las de la ley en el Mundial de 1970, en México.

La primera llegó ya en el partido inaugural, México-URSS, el 31 de mayo de 1970. Se la mostró el árbitro alemán Tschenscher al soviético Astiani, por una entrada dura sobre el jugador local Velarde, a los 27 minutos del partido.

Años más tarde, un breve teletipo informaba de que Kaji Astiani, de 55 años de edad, primer futbolista en ver una tarjeta amarilla, había muerto violentamente en Tbilisi. Tras dejar el fútbol había sido durante un tiempo director del Departamento de Deportes de Georgia, para luego dedicarse a distintos negocios. 

Fue ametrallado por dos desconocidos que le esperaban en un coche a la salida de una reunión. Nunca aparecieron. Un crimen de tantos en las convulsiones que se sucedieron a la caída del antiguo mundo comunista y las consiguientes luchas de poder.

La primera roja en un Mundial (que no la primera expulsión, ya en 1930, el primero, hubo) la vio Caszely, chileno, también ante el local, la RFA. Se la mostró Babacan, por revolverse contra la dureza de su marcador, Vogts. La sintió injusta. (Fuente: diario El País)