28.11.2015 EL UMBRAL Nº 107

Se nos va la vida corriendo

 -"Su malestar es generado por un pico de Estrés que altera su sistema nervioso, tiene que bajar un cambio y descansar", le dice un médico a su paciente quien desde la camilla  lo mira preocupado, no por su propio cuadro de salud, sino por las tareas que tiene que relegar. Una vez más el mismo diagnóstico se hace presente, gente sana que enferma por causa de su propio ritmo de vida, los resultados psicológicos inmediatos: ansiedad generalizada, ira, depresión. En nuestro país, una encuesta realizada por la consultora TNS Gallup demostró que 4 de cada 10 personas sienten que les falta la energía, 3 de cada 10 están estresados y 2 de cada 10 dicen estar deprimidos.


Por Rocío Pereyra

Ocho de la mañana y en la ciudad se vislumbra la misma imagen de todos los días. En ese momento me paro en la esquina y me detengo a mirar, pasan a mi lado pero no me ven, estoy en contra de su dirección pero sin embargo no desvían la mirada de su foco, encasillados circulan sin detenerse, no hay tiempo para la contemplación de nada, la prisa se apodera de los hombres y mujeres sombras, parecen cansados, quiero verlos a los ojos pero ya no están, se fueron, siguieron su ritmo acelerado. Mientras tanto, en el mismo momento algunos no pueden comenzar su día habitual, su rutina se desconfiguró en la  sala de espera de un consultorio, sus cuerpos no resistieron la presión agobiante y ninguna pastilla ibu, para, diclo, pudo detener la eclosión.

En 1950 se publica la investigación del neurocientífico austrohúngaro Han Seyle, el primero en definir lo que hoy nosotros nombramos como estrés, en realidad él nunca utilizó la palabra estrés pero la traducción al inglés hizo lo suyo. Seyle se refirió al "Strain" que se traduce como fatiga de los materiales, entendido como el desgaste vital con el paso del tiempo. Lo cierto es que el estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia que se manifiesta  en todos los sujetos. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud es el conjunto de reacciones fisiológicas que preparan a nuestro organismo para afrontar cualquier situación.

La psicóloga Natalia Álvarez, que ejerce su profesión en Olavarría, lo define como un sistema de alerta que se activa en nuestro organismo ante cualquier circunstancia que no podemos predecir y sobre la cual reaccionamos. El problema no reside entonces en el mecanismo del estrés, sino en el modo que reaccionamos a las situaciones que nos rodean. "Vamos en un acelere que atenta con nuestro equilibrio biológico constante, porque el mecanismo del estrés es un proceso hormonal que nos afecta instantáneamente, nos acelera el corazón, nos genera tensión muscular, nos modifica la respiración. Imaginemos  esta situación varias veces al día, no hay cuerpo que pueda resistirlo", explica la especialista.

Por tanto el estrés no es el gran malvado en esta historia, sino que somos nosotros mismos los responsables de hacer que su función se convierta en patológica. Al vivir en permanentes situaciones de tensión o conflicto hacemos intervenir  una y otra vez a nuestro mecanismo de defensa, obligándolo a intervenir, haciendo que el mismo se vuelva crónico. Es entonces cuando nos volvimos adictos a él y el costo de la adicción pone en riesgo nuestra propia vida.


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Va hasta la mitad de la calle, mira y vuelve a la vereda, así sucesivamente cinco veces  hasta que de repente no aguanta más y enojado confiesa: -"No me alcanzan las horas del día para hacer todo lo que tengo que hacer, y este colectivo de mierd# que no llega". Es un joven no mayor a 30 años que por ser las tres de la tarde se ve muy agotado. Sin embargo a nadie parece importarle demasiado sus problemas, mucho menos a las dos señoras que lo miran y entre ellas cuchichean: -"¿De que se queja este pibe? Si supiera todos mis problemas. Yo no doy más, a mi no me da el tiempo," dice una de ellas. He aquí otra variable importante, el tiempo.

Julio Cortázar definió al  reloj como un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire, al que le somos obsequiados, entregados a su lógica punzante. Un reloj no para, incesante no se detiene, está siempre presente y marca el compás con el que debemos bailar.

Es nuestro aliado y nuestro enemigo, el que configura el sentido de  todo lo que está a nuestro alrededor. La gran vida moderna se ha encargado de asignar el tiempo correspondiente a cada una de las actividades que realizamos, tantas horas para dormir, tantas para comer y tantas para trabajar, nuestra vida se ha cuadriculado bajo la premisa del "tiempo es dinero", por tanto el uso del tiempo se transformó y ahora tiene que ser productivo, no hay lugar para el descanso ni el ocio; ésas son las primeras horas que se sacrifican ante cualquier imprevisto. El problema es que esas son necesarias para mantener un equilibrio del bienestar en cualquier persona.

Dentro de las claves para prevenir cuadros de  tensión nerviosa se encuentra el sueño, el correcto descanso que en promedio debe rondar en las 8 horas diarias, es fundamental, sin embargo son muy pocos los privilegiados que pueden aprovecharlas en su totalidad, para el resto las ocho horas pueden esperar.

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-"¿Hola, como estas?", le pregunta una joven a un aparente conocido al encontrarse en la intersección de la esquina, éste sin detenerse y siguiendo su paso responde "Bien, bien yendo al laburo,  ¿y vos?". Para cuando preguntó, ¿y vos?, ya está a 25 metros de la mujer. Evidentemente la necesidad de llegar a tiempo era más importante que la respuesta.

Sobre esta situación Natalia Alvarez comenta: "Un ritmo de vida estresado influye en absolutamente todo el sujeto, es como un círculo vicioso donde uno va en pos de un objetivo, pero la condición  para lograr ese objetivo es ir súper acelerado de tiempo. Como está claro, nadie renuncia a sus metas. Este condicionante hace que uno vaya cada vez más rápido y esto además de generar consecuencias psicológicas  y biológicas, nos aliena, nos aísla de los otros, no nos detenemos a pensar en los demás y no por egoístas sino porque ni siquiera pensamos en nosotros mismos, en lo que nos pasa por el cuerpo, en lo que sentimos".

Ahora bien, ¿quién marca el ritmo de la vida? ¿Para qué corremos? La lógica del sistema capitalista impone un modo de vida que se sustenta en el tiempo productivo. Productivo para generar el consumo de  bienes, bienes que para poder acceder a ellos necesitamos contar con dinero, dinero que requiere de un trabajo que permita ganarlo para finalmente, a través de él, por un lado poder vivir y, por el otro, comprar elementos que garanticen felicidad y confort. Fundamentalmente así funciona este círculo virtuosamente destructivo en el que estamos inmersos y el que condiciona toda la planificación de nuestra vida, el que genera la mayor cantidad de preocupaciones, exigencias y determina el destino de nuestro tiempo moldeando nuestra vida a un estándar donde no prevalecen los sentimientos y las  subjetividades particulares sino que todo tiende a homogeneizarse.


Paralelamente y en vinculación con el trabajo, la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés, reconoce que el 70% de los trabajadores argentinos manifiestan estrés laboral, lo que conduce a cuadros de angustia, cansancio,  baja de concentración, incapacidad de disfrutar el trabajo, dificultades para descansar y problemas físicos. Esta situación genera grandes debates dentro de las empresas, ya que baja la efectividad de sus empleados. En algunos casos ya hay empresas multinacionales que han creado zonas de confort para que sus empleados puedan seguir produciendo.

Desde su experiencia en el consultorio Natalia, confirma que definitivamente el estrés relacionado con lo laboral aparece en muchos casos y lo enmarca en situaciones en la que las exigencias son desmedidas por lo tanto las respuestas nuestras requieren de un esfuerzo  extra  lo que genera climas de inestabilidad, que más que la personalidad de los sujetos, modifican el modo en el que viven.

Ya son las 7 de la tarde, volví al mismo lugar en el que me paée a la mañana. Por  la avenida circulan los autos que regresan desesperados en una batalla campal por pasar primero,  siguen apurados, aún hace falta más tiempo, ese mismo que incesantemente los pacientes en la sala de espera ven pasar mientras aguardan inquietos a que el médico salga, pronuncie sus nombres, los haga pasar y les brinde la cura para seguir corriendo. Esto, claro, antes de que sea demasiado tarde.

La importancia de bajar un cambio
La Sociedad Argentina de Medicina del Estrés publicó recientemente un artículo donde  se encontró que  esta problemática elevó el riesgo de ataque al corazón 2,5 veces, casi tanto como el hábito de fumar, como la hipertensión arterial y como la diabetes. Sin embargo, en la realidad cotidiana pareciera no impactarnos demasiado.

Ante situaciones de permanentes exigencias, el cuerpo necesita tener un tiempo de recuperación de las mismas ya que el organismo no es inmune a un  estado de tensión prolongado y las consecuencias a largo plazo se vinculan a las primeras dos causas de muerte en el mundo; los problemas cardíacos, y accidentes cerebrovasculares, como así también a enfermedades musculoesqueléticas. Por lo tanto, es fundamental llevar una vida equilibrada, una  alimentación sana, hacer actividad física, contar con tiempo de descanso adecuado.

EL UMBRAL
Los contenidos de El Umbral son producidos por estudiantes de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría, a través de un convenio con Diario EL POPULAR.