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10 de Abril de 2008
Carta de Lectores
"Doscientos años de frustraciones", dijo la Presidenta

Sr. Director:

Nadie ignora, y menos la Presidenta, cuál es el significado de la palabra "frustrar", que viene a ser una colección de negatividades, de cosas no hechas, de expectativas evaporadas, de sueños incumplidos, de imperdonables torpezas.

Ella se ha puesto como piloto de la terminación de las frustraciones. O lo que es lo mismo, en la campeona de las perfecciones argentinas, que existen solamente a partir del gobierno de su señor marido, continuado por ella legítimamente por el voto ciudadano.

Todo lo anterior es frustración, dijo ella, con palabra clara y fruncido rostro. Nada de lo anterior sirve.

La señora Presidenta habló de doscientos años de frustraciones. Textualmente dijo eso, y no es persona de hablar sin saber lo que dice, ni sufre ¡felizmente! de dislexia. Dice exactamente lo que decir quiere.

Pareciera entonces que lo último que se hizo bien en esta tierra fue el rechazo de las invasiones inglesas, que cae exactamente fuera de los doscientos años malditos por ella condenados...

No se hizo bien el 25 de Mayo de 1810, pero contrariamente a esa calificación, insólitamente convoca para conmemorar el Bicentenario de una frustración, lo que suena un poco a cachondeo.

No se hizo bien la Asamblea del año XIII que suprimió los fueros de sangre, los títulos de nobleza y los instrumentos de tortura.

¿Habrán candidatos a duques, condes y marqueses?

No hizo bien Belgrano en crear la Bandera y López y Planes en escribir el Himno Nacional.

Cada paso que dio el Libertador Don José de San Martín, ella lo dijo, está en esa enorme bolsa de metidas de pata. La campaña Libertadora fue una frustración.

Ella, la señora Presidenta, habló de "doscientos años de frustraciones". Armó un baúl gigante, como esos baúles que traían desde Europa los abuelos, lo ató con un moñito fuerte y cara de enojo, y se puso a ella y a su esposo como los frenadores únicos y absolutos de tales frustraciones, desde lo alto del olimpo, custodiados por amables "patovicas" mitológicamente impresentables como D'Elía y el bíblico señor de las pluviales barbas, a la vez alto funcionario y hombre de choque.

Es una interpretación más que maniquea, tirando hacia el lado de la tontería. Tal vez los chicos de la salita de cinco se la crean.

Pero en los doscientos años de no hacer nada, es decir, de marchar para atrás, que dice la señora Presidenta, hubo avances maravillosos y retrocesos terribles.

Hubo un Mosconi que agrandó YPF y un Menem, peronista, que lo deshizo.

En lo cercano hubo un Belgrano que creó la Bandera y un cretino que le prendió fuego. Hubo un Yrigoyen que inventó el guardapolvo blanco y un ministro que se enriqueció con la venta de guardapolvos.

Hubo un presidente radical, Alvear, que era multimillonario y murió pobre, como murieron pobres Arturo Illia, Elpidio González y Carlos Perette.

No fueron frustrantes ni esas vidas ni sus obras, y menos aún sus personales ejemplos, como no lo fueron Alfredo Palacios, Lebensohn y podemos decir que tampoco lo fueron Juan Perón y Eva Perón, a quienes discutimos fuertemente y a quienes respetamos sinceramente.

No hay derecho alguno a inventar que todos ellos vivieron para nada, para hacer frustraciones.

Un nuevo presidente, o presidenta, que no señala con el dedo archi enojado, que finge populacherismo y se adorna con objetos lujosos con cuyo valor podrían vivir más de un par de familias todo un año, es un símbolo de la Argentina de este tiempo, en que la reacción más reaccionaria, mediante torsiones y "acogotamientos" con la billetera incontrolada compra dirigentes vendibles e indignos, alquilones que le succionan los calcetines mientras les conviene y luego, cuando el sol se ponga para los que hoy se creen eternos, cambiarán de medias para ser lamidas.

Los otros, a los que desde la soberbia les tiran un plan trabajar y están ya en la segunda generación de desocupados, son los desesperados compatriotas que revuelven los tachos de basura.

Lo real es que "trabajan" pequeños niños haciendo "juegos malabares" delante de los autos y que hay cientos de miles en la patria de "los únicos privilegiados", que pueden ascender a limpiavidrios o abre puertas, y el Indec entonces los declara potentados.

En este país irreal creado por quienes gobiernan se tapan existentes inflaciones cuando lo único que ha bajado, según dicen, es el precio de las piedritas para los encendedores.

Daniel L. Fittipaldi

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