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10 de Abril de 2008
Familia
Los hijos que nunca se van

En la sociedad actual es muy común que uno o varios hijos adultos vivan con sus progenitores, sin tener demasiada prisa por tener su propia casa y emanciparse.

¿Por qué no se van? En algunos casos, la falta de independencia económica hace que los hijos tengan que quedarse en casa de sus padres, ya que no disponen de los recursos necesarios. El elevado precio de la vivienda, la inestabilidad laboral e incluso el desempleo, hacen mella en los jóvenes que desean abandonar el hogar familiar.

Otras veces, aunque el hijo tenga trabajo y un buen sueldo, no se independiza hasta el día de su boda. Y eso suele suceder cuando los hombres superan los 30 y las mujeres, los 28. Sin embargo, son mayoría los que por mucho que tengan trabajo, e incluso pareja estable, se sienten muy "a gusto" en casa de sus padres. La comodidad que aporta la casa de los progenitores ofrece muchas ventajas y pocos problemas.

Uno de los factores que actúa como freno en la emancipación de los jóvenes, es la enorme permisividad de la familia en lo que se refiere a costumbres y horarios. No se sienten presionados ni vigilados en exceso, por lo que pueden "soportar" esa falta de autonomía que supone vivir con sus padres. Y otra ventaja de vivir en la casa paterna es la posibilidad de ahorrar. Todo eso lleva a que, muchas veces, se oigan expresiones como "¿Para qué me voy a ir, si aquí vivo como un rey?"

Así, los hijos son verdaderos adultos con absoluta libertad, capacidad de decisión, ideas propias y una escala de valores que no necesariamente coincide con la de sus padres. Por eso, la relación anterior de obediencia entre el niño y sus padres, pasa a ser una relación entre iguales, en la que, por cierto, los padres ponen la casa, la comida, lavado de ropa y otras comodidades.

¿Qué hacer entonces? Es importante pensar lo que supone que el hijo siga viviendo en casa. Cómo lo acepta y vive cada uno de los miembros de la pareja, y si les limita en algún aspecto. El hijo tiene unos hábitos propios y no necesariamente hay que estar de acuerdo con ellos. Un paso importante es hacer que conozca lo que piensan sus padres de la situación.

¿Qué se les puede exigir? He aquí algunos puntos:

1. En el caso de que trabaje, se le podrá requerir cierto aporte económico para ayudar en los gastos del hogar.

2. Los padres deben exigir cierta cooperación en el hogar. Se le puede exigir que colabore en las tareas domésticas, que se implique en los quehaceres cotidianos.

3. Debe respetar los horarios de sus padres. El vive en casa de sus padres, por lo tanto, se tiene que amoldar al horario y no al revés.

4. Los padres deben marcar unos límites. En su casa tienen derecho a poner una reglas aunque su hijo sea adulto. De esta forma se evitará que el hogar sea una especie de "pensión" para el hijo, a la que se va a dormir y comer exclusivamente.

5. Su hijo sabe cuál es su forma de pensar, y si vive con sus padres, tendrá que aceptar unas normas mínimas como lo haría si viviera en otro lugar.

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