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10 de Abril de 2008
María Belén Menéndez, creadora de calzado
En sus zapatos

María Belén Menéndez nació en Olavarría hace 33 años y creció en el seno de la familia que formaron Mirta y Marcos, con sus hijos Soledad y Marcos y que se completa ahora con Gustavo -esposo de Soledad- papá de Isolda y Brunilda "mis dos soles, mejores fans y seguidoras", dirá Belén de sus sobrinas.

Alumna "permanente" de la Escuela Normal "José Manuel Estrada", Belén cursó desde el jardín de infantes hasta el final de la secundaria "así que tanto a mis hermanos como a mí nos conocieron hasta las paredes de la escuela en los 14 años que cursamos allí. Mi mamá había sido alumna de ese establecimiento por lo que fue como seguir una tradición familiar que me encantó haber vivido. Me gradué en 1992, terminé de dar unas materias colgadas -de ésas que siempre me quedaban- en el 93 y emprendí el éxodo a Buenos Aires", relata.

En la gran ciudad esta olavarriense comenzó a cursar la carrera de Relaciones Públicas al tiempo que pasaba por diversos trabajos hasta entrar, en 1996, en un banco, donde forjó su experiencia laboral más fuerte y donde trabajó durante 8 años hasta sentir que esa tarea había llegado a su tope y que tenía una necesidad imperativa de hacer algo diferente, donde pudiera crear y, al mismo tiempo, aplicar sus estudios universitarios.

"Siempre fui fiel seguidora y compradora de zapatos entonces mi pregunta fue ¿por qué no hacerme los zapatos yo? -recuerda Belén-. Así fue que comencé un curso de armado que me sirvió de introducción en el rubro y para darme cuenta de que era lo que quería hacer. Luego hice un curso con un modelista y con él aprendí a perfeccionarme en la moldería de los diseños. En agosto de 2004 finalmente me fui del banco y en noviembre del mismo año hice mi primera colección con marca propia y la lancé en Olavarría".

De esa manera simple y sencilla nació Belocca la marca que identifica sus creaciones cuyo estilo identificatorio es "el retro, sin duda alguna, dando a cada zapato un aire romántico y muy femenino. Trato que el mismo quede plasmado en todo el zapato o en algún detalle o característica y que cuando la gente lo vea la remita al estilo de la época que deseo reflejar".

Totalmente entusiasmada con el tema, Belén Menéndez explica que "un zapato comienza con la idea en sí misma de su concepción. Pienso zapatos de vanguardia, es decir que puedan usarse independientemente de lo que está de moda, más allá de lo que se usa en un momento determinado. Atemporales y con personalidad. Siempre digo que la mujer que tiene un Belocca comienza a vestirse de abajo para arriba, es decir, primero piensa qué zapatos va a usar y después combina las prendas que vayan con esos zapatos, no al revés".

La creadora asegura que parte de la observación constante. "Miro todo, vidrieras, fotos, revistas, lo que llevan las mujeres, cómo lo llevan, busco información y trato siempre de pensar en lo que no hay, lo que no se pueda encontrar en otra vidriera".

Así, cuando tiene todo lo que buscaba, comienza a delinear los bocetos, perfeccionándolos y modificándolos hasta lograr alcanzar lo que le gusta, lo que tenga una armonía entre el modelo pensado y el producto terminado. "La idea es hacer lo que usaría y me gusta y de ese modo comercializar un calzado que me identifique", analiza.

Del papel, el diseño pasa al dibujo en la horma, es decir, "el molde en el cual se arma el zapato, donde toma forma y cobra vida. Muchas veces el modelo está pensado, pero cuando dibujo en la horma es donde me doy cuenta de cambiar ciertos detalles, cortes", y es ahí cuando el modelo es definido por completo.

"Aún hoy me encargo personalmente de realizar los moldes de cada diseño y creo que voy a seguir haciéndolo por mucho tiempo -enfatiza-, ya que es una de las cosas que más me gusta hacer del proceso de construcción".

En el armado artesanal, que es el que se utiliza en Belocca, ese molde se lleva al cortador quien realiza el corte del molde en el cuero elegido para ese diseño. De allí pasa al taller de costura y luego al armador, quien se encargará de llevar el corte ya cosido a la horma para darle forma al zapato. Luego llega al devirador quien hace el acabado de la suela y el empaquista que se encarga del emprolijado final del zapato. "Hoy todo el trabajo de armado está tercerizado y concentrado en dos artesanos, Florencio y Ramón a quienes les estoy sumamente agradecida y los respeto desde lo más intimo. Sin su conocimiento y su trabajo, Belocca sólo sería una buena idea".



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