Edición Anterior: 6 de Octubre de 2013
Edición impresa // La Ciudad
ESCENARIO POLITICO. La credibilidad de las nuevas medidas. La carrera de la Séptima
Los sistemas, las personas, las razones políticas y no económicas de los votantes
Según los datos económicos, el oficialismo debió haber ganado. La escasa credibilidad, sin embargo, quizás contribuyó a reducir las expectativas de la gente. La confrontación y un cambio de estilo que no llegó a tiempo. El Frente Progresista y su lucha contra la polarización.
Cacho Fernández

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"Hay un sistema argentino -dice el pensador Tomás Abraham-. Quienes hoy ven con esperanza el triunfo del massismo, y no hablo del hombre común que quiere soluciones para su vida cotidiana y que cree que probar con un personaje nuevo se las proveerá, sino de dirigentes que se sacan la foto con el candidato y corporaciones que apuestan a lo que llaman el cambio; todos ellos esperan ventajas comparativas".

"Desde el Gobierno, quieren aplicar las medidas tanto en inflación como en seguridad, y no pueden hacerlo, les sale mal. Los de enfrente dicen que hay que hacerlo y que lo harán cuando les toque el turno de mandar. Los que tienen poder no pueden. Los que prometen poder no lo tienen. ¿Qué hacer? ¿Dónde está la salida? Por la entrada. Por el mismo lugar por el que se entró, se sale. Es un país con una sola puerta".

El problema, entonces, es estructural, esto es, un sistema de relaciones, pero no debemos olvidar que a las estructuras las crean y las modifican los hombres.

Lo hizo Hipólito Yrigoyen en 1916, cuando el país venía siendo manejando por una minoría elitista y bajo condiciones presuntamente inmodificables. Lo hizo Perón, cuando recién se salía del esquema conservador y anglófilo, sujeto a la división internacional del trabajo en el que a la Argentina le tocaba ser el granero del mundo. Lo hizo Kirchner, en el 2003, y que si bien Lavagna ya había comenzado con un proceso de transformación y se había empezado a despegar, él mismo creó nuevas condiciones de vida y para eso se valió de los hombres necesarios para hacerlo.

Lo que se pretende decir es que la historia es cosa de humanos, obviamente la política, y que las estructuras o los sistemas son creaciones de los actores sociales.

No vienen con la historia, sino que son mecanismos de relaciones creadas por los actores políticos y sociales. El sociólogo Emile Durkheim supone que la historia tiene una dinámica propia y que prescinde de las voluntades de los hombres a quienes les toca el triste papel de adaptarse a ese mecanismo o quedar descolocado y condenado a morir.

Marx intentó refutarlo pretendiendo colocar al hombre como sujeto activo y artífice de la historia, sin embargo elaboró una serie de leyes universales de la dinámica histórica y sin querer lo puso lo hizo presa de una supuesta "voluntad" de la historia. El modelo, si es que existe, fue una cosa con Néstor y otra con Cristina Kirchner, lo que demuestra que la subjetividad y la impronta personal pesa y mucho. Simplificando, Néstor se valió de todo para gobernar, Cristina hizo lo contrario y hasta creó una organización que le fuera obediente para no tener que dialogar y mucho menos negociar. No está en su ADN. Ahora busca trascender de la mejor manera posible porque la re-re, a la luz de los resultados de las PASO, ya no es posible. Abrió el juego, eligió dos entrevistadores y habló. Hasta ahora sus exposiciones públicas fueron unidireccionales. Hoy Cristina empieza a dialogar y a responder algunas preguntas, y tal vez se ha dado cuenta de que no pasa nada, que no se cae el Gobierno porque explique tal o cual medida, y que todo eso tiene que ver con la democracia. El gesto todavía es mínimo, pero parece alentador.

Es la política...

Los cambios los produjeron las Primarias, y eso también tiene que ver con la democracia. Todo lo hizo la gente que está cansada quizás de tanta confrontación y tanta paranoia. No existe ninguna manera de construir con mayorías ni oposiciones automáticas. Cuando el Gobierno se cerró, la gente le golpeó la puerta y lo anotició de varias cosas, como la retención de Ganancias en los salarios, la inseguridad, entre otras cosas, y le reclamó otro estilo político para poder seguir generando empleo. Porque ¿es económico o político el problema? Si bien hay una dosis de ambos, es probable que haya sido la política la que enturbió el desarrollo argentino, le hizo perder jerarquía al Estado y terminó estancando al país.

Objetivamente, la economía no se encuentra en tan mal estado como en 2009, pero tampoco con una dinámica similar a la de 2011. La falta de credibilidad de las estadísticas oficiales disminuye su eficacia para convencer al electorado de que el Gobierno es competente. "Los votantes descreen que la economía crezca tanto como sostiene el Gobierno (5%), o que los precios aumenten apenas un 10% anual, o que el desempleo sea de 7,2%", dice en su informe semanal M&F. Y este falta de credibilidad se traduce en expectativas pesimistas. El mismo informe sostiene que pese a que la economía "mejoró respecto al 2012, más del 55% de los encuestados en nuestros relevamientos nacionales considera que el porvenir de la economía será peor".

Cambios ad hoc

Sergio Massa fue el instrumento al que apeló más de un tercio del electorado para fijar las pautas para el futuro, hubo otro 40 por ciento que concurrieron en la misma intención sólo que con otros nombres.

La obstinación oficial frente a determinados temas como Ganancias contra los trabajadores y la inseguridad generaron esta reacción ciudadana. El resto lo hizo el discurso políticamente correcto, ese conjunto de explicaciones sin sustancia que no solucionan nada y con el que sólo se busca quedar bien o parecer progres. El discurso políticamente correcto, que nace de la hipocresía y de la banalidad, ha hecho demasiado daño a la sociedad argentina. Le ha hecho perder tiempo frente a problemas tan graves como la inseguridad, la violencia en todos los órdenes, y la impunidad con disfraz de ideología.

La gente reclama soluciones y dio algunas señales. El Gobierno leyó el mensaje de la sociedad y corrigió algunas cosas. Por ejemplo, levantó el tope de Ganancias en los salarios e hizo algunos amagues de combatir la inseguridad. La gente dirá el 27 de octubre si le cree o no y si estos gestos ad hoc de las elecciones bastan para revertir el resultado o al menos achicar la brecha con el ganador. También modificó la publicidad electoral, y cambió radicalmente el eslogan de la disyuntiva de hierro por uno más humanizado y familiero del candidato.

Es un cambio de estrategia, pero prefigura una fuerte interna dentro del FpV, que sin duda se terminará de profundizar cuando al kirchnerismo no le quede otro remedio que aceptarlo a Scioli como candidato. Por ahora, el Gobernador, como virtual jefe de campaña de Martín Insaurralde, se juega una fuerte patriada de no quedar pegado a una derrota ignominiosa de su candidato.

En tanto, el Gobierno abrió nuevamente un frente de conflicto con Uruguay por la pastera, pero no dijo ni dice nada sobre la megaminería ni el saldo que puede quedar por el accionar de Chevron. A propósito, aquí también el discurso políticamente correcto ha hecho estragos, y la cuestión es encontrar la verdad objetiva frente al fundamentalismo ecologista o la depredación empresaria nacional y multinacional.


Democracia y mesianismo

Este año se van a cumplir 30 años de democracia y lamentablemente no se ha sabido aprovechar las bondades de este sistema para progresar. El problema argentino sigue siendo político e institucional, cada uno cuida su propio bolichito y no le importa nada de lo que le pasa al otro. La fragilidad institucional terminó desvirtuando la presencia del Estado en la sociedad, y ésta fue excesivamente partidaria y clientelar como lo fue siempre y desde hace muchísimos años. Cristina no puede convocar a un diálogo porque la oposición no le cree. Fracasó estrepitosamente el anterior porque no existe un cambio esencial en quien convoca. Debe haber casi una conversión para generar confianza. Uno puede imitar conductas, hacer los gestos adecuados, pero si todo ello nace de la simulación, en la otra parte sólo se recibe vacuidad.

Los políticos, oficialistas y opositores se sospechan unos de otros permanentemente. La desconfianza mutua parece ya irreductible. Lamentablemente, después de 30 años de democracia y de República, el poder político continúa intentando limitar al otro para evitar que actúe de contrapeso. ¿Cuándo aprenderemos a vivir y a convivir con límites? Las reglas o las leyes lo son, pero garantizan la libertad de todos y actúan también como desafíos.

Algo más. Vale la pena recordar una frase que me acercó un amigo y que figura en un libro del escritor norteamericano, John Dos Pasos. Allí, un personaje le dice a un grupo de seguidores: "No soy un dirigente laborista, no quiero que me sigan a mí ni a ningún otro. Si están buscando a un Moisés que los saque de la confusión del capitalismo se quedarán donde están. Aunque pudiera no los llevaría a la Tierra Prometida porque si pudiera hacerlo, otro cualquiera podría hacerlos salir".

La elocuencia de este párrafo antimesiánico es absoluta y vale como aprendizaje a favor de la responsabilidad individual y en contra de esa fe ciega que ha hecho estragos en las conciencias y durante toda la historia.


La Séptima

Después de las PASO, quedaron en carrera cinco espacios políticos tanto en la Sección como en el distrito. El Frente Progresista intentará evitar que el Frente Renovador no se lleve los tres senadores, para lo cual le faltaría apenas dos puntitos para perforar el piso. El Frente para la Victoria apuesta al crecimiento de su figura central, Martín Insaurralde, para que en caso de una polarización el massismo no se lleve las tres bancas. Pero ambos frentes deben cargar con dos problemas: que Massa sube, mientras que Insaurralde y Stolbizer no han movido mucho la aguja como para modificar sustancialmente el resultado seccional.

El Frente Progresista, tal como lo analizó Margarita Stolbizer con este columnista, especula con que se de el mismo fenómeno que en 2011, cuando el FAP creció casi siete puntos entre las primarias y las generales. Porque si se polariza arriba -opinó Stolbizer-, el FPCyS podría recoger voto útil de quienes no comulgan ni con Massa ni con Insaurralde. Lo mismo podría ocurrir en Olavarría, pero el radicalismo debería enfatizar su campaña en los sectores no radicales no sólo para intentar crecer en la Séptima, sino también poder sumar los votos del Frente al Futuro. Pero esta vez, Stolbizer ha dado señales de ese supuesto crecimiento y se ha quedado más o menos con el mismo porcentaje de las PASO.

En tanto, Francisco de Narváez ha bajado a más o menos la mitad y se queda con el voto más opositor, algo que hoy por hoy la gente no tuvo en cuenta a la hora de votar. Tanto es así que la gran motivación, según un sondeo que mostró la TV, que tuvo el voto a Massa fue por "su calidad personal" y no por "ser opositor".

El massismo en general está haciendo la plancha en los medios y el tigrense manda a su tropa a preservar los vínculos con la gente para consolidar a los suyos y sumar el "voto útil". En Olavarría, tienen la expectativa de crecer con gestión pero también con el efecto Massa y lograr las bancas necesarias que les dé una cierta tranquilidad hasta 2015.

En Azul, el kirchnerismo estrechó filas con el Intendente y, salvo Lozano y Conti, el resto de los concejales han decidido darle el apoyo a Inza, a quien la Nación, vía los diputados Walter Abarca y César Valicenti, le ha conseguido algunas obras que han contribuido a levantar un poco su imagen. De paso ponen un contrapeso al avance que tuvo Peronismo sin Fronteras, que llegó a salir segundo y amenaza con quedarse con todo el poder K en Azul si Arlía y Scioli toman la iniciativa en estos dos años que restan hasta las presidenciales.

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