Edición Anterior: 23 de Noviembre de 2014
Edición impresa // La Ciudad
Hablan los hijos de Graciela Tirador a 48 horas del inicio del juicio
"Nuestro gran objetivo ahora es que a Barbato lo condenen por femicidio"
Dos de los hijos de Graciela Tirador, la víctima del primer homicidio caratulado como femicidio en el país, declararán en la audiencia del martes. María, Carla y Mariano Melotto hablaron con EL POPULAR de los dolores y angustias previos. Pero a la vez, reconstruyeron los tiempos en que su mamá había entablado una historia con Pablo Luis Barbato. Los momentos de depresión, los ataques de pánico, las culpas y enojos y el deseo de que el Tribunal lo condene a perpetua. Recién después podrán cumplir con el sueño de su mamá de que la "crememos y la tiremos al mar".
Claudia Rafael

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Dos de los hijos de Graciela Tirador contarán el martes, ante los jueces Joaquín Duba, Martín Céspedes y Gustavo Borghi, cada detalle de esa perversa telaraña que culminó el 13 de enero de 2013 cuando mataron a su mamá. María y Mariano Melotto describirán las amenazas, las persecuciones, las angustias. Y lo harán a escasos metros de distancia de Pablo Luis Barbato, el único imputado. Carla permanecerá en Olavarría abrazada junto a sus hijos y en los últimos preparativos de cara a la marcha por el día internacional de eliminación de violencias contra la mujer.

Este martes llegará a juicio oral y público el primer femicidio del país, a poco de incorporada la figura penal al código. En un juicio histórico que, según la abogada querellante, Elda Donatelli, podría llegar a sentencia antes de mediados de diciembre. "Y no tengo dudas de que vamos a poder llegar a una condena por homicidio doblemente agravado por femicidio y por ensañamiento", adelantó.

Las dos hijas de la víctima hablaron a fondo con EL POPULAR. Desnudaron cada paso de ese proceso penoso que las atravesó durante el año y diez meses transcurridos desde aquel enero que les clavó la angustia y la tristeza en todos los almanaques de su historia. La bronca, el enojo, la culpa, el dolor, la ansiedad y el miedo, en estos últimos días, de que Barbato pudiera quedar en libertad.

-¿Cómo se están preparando para el martes?

María:- Lo estoy viviendo con mucha ansiedad. Y estoy trabajando mucho con la psicóloga para poder ir sin miedo a contar la verdad. Sabiendo que es el momento que esperábamos y, también, con el deseo de que se haga justicia. Pero sin saber si los sentimientos te pueden jugar una mala pasada o si voy a lograr estar serena y con la templanza que me permita contar todo lo vivido.

Carla: -Escucho hablar a mi hermana y se me pone la piel de gallina. Siento apretado el pecho. Para mí es algo muy fuerte. Yo tengo la ventaja de no tener que verle la cara al tipo. Que me hubiese costado muchísimo, aunque sí voy a ir a la sentencia y ahí lo voy a tener que ver. Pero otra cosa es mi hermana que va a estar cara a cara con él. Pero bueno… más allá de eso también tengo mucha ansiedad por los chicos. Yo tengo dos nenes, la pareja de mi hermana tiene un hijo. Les tenemos que explicar, porque el tema está en los medios, porque los compañeritos les hablan y hay que contenerlos. He tenido situaciones en las que llega mi hijo con relatos aberrantes que les han hecho. Nosotros nunca les mentimos. Pero nunca contamos los detalles aberrantes y morbosos. Pero la gente grande habla muchas veces delante de ellos y dicen cosas que ni siquiera yo sé.

-Cuando uno está a 4 ó 5 días de un juicio que se esperó tanto, mentalmente repasa lo que va a decir, el arranque… ¿Cómo sentís hoy, María, que encararías el relato de lo que era tu mamá y de por qué se terminó como se terminó?

María:- La verdad es que estoy hace unos días repasando todo mentalmente. Pensando, armando en la cabeza, intentando poner un orden. Quiero ser clara con el testimonio. Me levanto a la noche para ir al baño y se me presenta todo. A mí me gustaría focalizarme en cómo se fueron dando las cosas. Cómo él desde un principio la conquistó, le llevaba flores, toda esa artimaña de ser divino, ideal y mamá con una sonrisa todo el día hasta llegar a las amenazas, a la violencia verbal y seguramente física. Cómo uno iba viendo ese cambio, esa modificación en él y sobre todo, en ella. El deterioro. Cómo empezaba a ocultarse. Cómo él quería alejarla de nosotros. Cómo era llamarla por teléfono y que ella hablara en voz baja para que él no escuchase, en su propia casa. Cuando él se fue, cuando lo echamos de la casa, cómo fue tener que comprar un teléfono fijo inalámbrico para tener detector de llamada porque él llamaba todo el tiempo. Cómo fue para ella convivir día a día con el miedo de que nos lastimara...

Carla:- Por eso nos ocultaba muchas cosas.

María:- Sí, nos ocultaba. Y quisiera poder transmitir lo que vivimos, que es la verdad de los hechos, y esperar que la acumulación de pruebas y testimonios demuestren claramente que fue él. Intento ser fuerte y fría, que se complica. Pero quiero serlo, al menos ese ratito que me toque estar. Contando toda la verdad. Porque con la verdad vamos a tener justicia.

-La palabra justicia tiene miles de interpretaciones. Pero hay un costado que habla de la dimensión del daño provocado. ¿Cuál fue el daño provocado al interior de este grupo de hijos, nietos, afectos…?

(Silencio…) Carla:- Muy grande. Mi mamá era muy compañera. Me ayudaba y me sostenía mucho. Yo en un momento dejé de llevarle a los chicos y de ir, cuando vivía con él, pensando que ella se iba a replantear la situación pero siguió con él. Yo le decía: vení a verlos a casa. Y ella venía, él la traía por dos minutos y la esperaba afuera. Y si no, venía escapada… el daño es irreparable. Totalmente irreparable. Yo tuve muchos ataques de crisis, de depresión. Salí adelante por los chicos. Porque soy su mamá y no me podían ver así, no quiero eso para ellos, ni tampoco lo hubiese querido mi madre. El daño es irreparable.

María:- Para mí el daño es inmensurable. No te lo puedo describir en palabras. Uno se imagina que los padres se van a ir antes que uno. Pero por vejez, por enfermedad. No se te cruza algo así por la cabeza. Cuando él la amenazaba… no pensé, siempre lo vi como un cagón. Porque ni en el peor de los sueños se me hubiese ocurrido semejante barbaridad. El hueco que te queda no lo llena nadie. Yo veo una foto de ella y a mí me duele todo. Todavía no logro ver una foto de ella y sentirme feliz. Pero el tiempo ayuda, calma y también la familia, los amigos. Cada vez que me caí, estuvieron ahí para sostenerme. Yo soy dura y me tuve que acostumbrar también a dejarme sostener. Porque llegó un punto en que no pude sola y necesité pedir ayuda.

Carla:- Yo tuve que trabajar mucho el tema de la culpa. Yo me sentí muy culpable.

-¿Culpable de qué Carla…? ¿Cómo culpable…?

Carla:- De no haber hecho nada. Es como que uno no se imaginaba… yo tuve que trabajar mucho la culpa de no haberla podido ayudar. Y hoy en día recién estoy empezando a darme cuenta de que no fue mi culpa. Pero no paré de decirme ¿cómo permití esto?¿cómo lo permití…?

María:- Es que de repente recordás situaciones y te preguntás ¿cómo no lo saqué a patadas? ¿cómo no me imaginé que esto podía pasar? Lo hablaba con mi psicóloga porque yo me decía: ¿por qué no me la llevé a mi casa? Hasta que entendí que si él decidió matarla, lo iba a hacer aunque yo la tuviera en mi casa encerrada. La ayuda está por fuera de nosotras. Porque… ¿qué podíamos hacer? ¿matarlo? No, para nosotros nunca fue una opción.

-Fíjense qué perverso es el sistema que la culpa se deposita sobre las víctimas cuando la responsabilidad es institucional. Hubo instituciones que indudablemente fallaron…

Carla:- Totalmente, no hay cruzamiento de datos porque se supone que él tuvo otros hechos violentos. Mi mamá siempre siguió asediada por él. No se respetó la restricción de acercamiento. Nadie la llamó. Los datos quedan ahí.

María: -Yo pienso en aquel día en que mi mamá nos llama porque él la había amenazado durante toda la noche. Que le había dicho que iba a matar a mis sobrinos, nos iba a matar a todos nosotros y la iba a matar a ella. Que total, de la muerte no se vuelve pero que de la cárcel se sale. Ahí ya queda al desnudo el concepto que tiene de la justicia. Entonces uno piensa… yo confío en la justicia, confío en que le van a dar cadena perpetua, pero uno siempre tiene que esperar al día de la sentencia. ¿Qué pasa si queda libre? ¿Nos tenemos que ir de acá? Porque si mató una vez y no tiene castigo, puede matar tranquilamente dos, tres, cuatro… Lo pienso y me da terror.

-Ustedes en todo este tiempo hicieron un master acelerado en violencia de género… ¿con qué historias se fueron encontrando?

Carla:- Me pasó, por estar más ligada a la organización de las marchas, que me escribieran para preguntar qué hacer. Yo les digo que lo que puedo ofrecerles, según el lugar en que estén, son los grupos que hay y dónde radicar una denuncia. Pero ayudar, no puedo. Porque yo no puedo contener a nadie. Hay gente que no puede salirse del círculo por cuestiones económicas, hay mucho de la autoestima baja. Y a su vez hay mucho caretaje, mucho esconder para no mostrar ante la sociedad lo que está pasando.

María:- Es que además, todo es muy complicado. Yo el año pasado no paré porque estuve metida en cuestiones administrativas. Y recién me cayó la ficha a principios de este año. Y necesité entender a mi mamá. Por qué no pudo pedir ayuda. Por qué tuvo vergüenza. Por qué tuvo tanto miedo. Y hay que estar en la cabeza de esas mujeres, de esos chicos abusados que no cuentan. Cuesta entender el miedo que estas personas provocan. Cómo logran cosificarlas a tal punto que son una cosa. Y ellos son los dueños de esa cosa. La sumisión que logran, el continuo "perdoname, yo voy a cambiar", "te amo", el sometimiento, el alejarla de la familia… Mamá no se alejó de nosotros pero él quiso alejarla a toda costa. La justificación continua de "pobre, ha tenido una mala infancia". Y yo no digo que no, pero eso no justifica. Imaginate que yo ahora, por lo que pasó, esté justificada a hacer barbaridades.

-Vos, María, hablabas de que tardaste en que te cayera la ficha. ¿Qué lo provocó?

María:- Creo que sobre todo fue después de que terminó todo el tema del papelerío y ya no tenía que ocupar más mi cabeza en eso. Me pude sentar un poco a pensar en la ausencia y a notarla. Y poder llorar y decir "estoy mal", "la extraño". De repente empecé a tener mareos, descompensaciones. El cuerpo me empezó a decir basta. Empecé a tener ataques de pánico. No quería ir ni siquiera al supermercado porque me aterraba. Mamá era tan compañera que por ahí cualquier problema que teníamos, recurríamos a ella. Y de repente empezar a notar la deficiencia propia para resolver cosas que sabíamos que ella resolvía. Me di cuenta de que ya no estaba. Tuve que asumir que estoy triste. No tener miedo al dolor y vivirlo.

-¿En algún momento sintieron enojo hacia su mamá?

María:- Uy… sí. Lo primero que sentí fue enojo. Bronca. Cómo mi mamá con lo que era se enganchó con semejante enfermo hijo de puta. Y tuve mucha bronca. Y por suerte, lo trabajé en terapia. No quería estar enojada con ella. Ni me parecía justo. Ella no buscó lo que le pasó.

Carla:- En un principio fue mucha tristeza, extrañarla y después se me vino un enojo terrible contra ella. ¿Cómo mi mamá, con lo que era, que toda la vida nos sacó adelante, que nunca se rindió ante nada, que siempre le puso el hombro a todo, que laburó para nosotros? ¿Cómo? Fueron muchas etapas. Primero tristeza ante la ausencia, extrañar su presencia, su apoyo. Después la bronca. Cómo permitió que este tipo la manipulara. Luego la etapa de culparse uno… Yo lo pude ir trabajando.

-Ahora está por arrancar el juicio y luego sobrevendrá un vacío posterior a la sentencia...

María:- Sí, porque ahora vamos por un objetivo. Que haya justicia. Que le den cadena perpetua. Que pague por lo que hizo con lo que la ley manda. Si sale todo bien, nos va a permitir cerrarlo y, en mi caso, poder empezar a ver las fotos de mi mamá pensando que se hizo justicia.

Carla:- Yo antes que nada quiero que se haga justicia, por favor. Y que le den la condena por la carátula de femicidio. Y cuando termine… se cerrará un capítulo. Hasta que se resuelva esto, mi mamá está en un cajón. Mi mamá nunca quiso estar en un cajón. Mi mamá siempre pidió que la crememos y la tiremos al mar. Y es algo pendiente. Yo siempre le digo que se lo vamos a cumplir. Porque yo hablo con ella.

-Hace un año y medio, cuando hicimos una entrevista, hablaron de que cuando bromeaban con su mamá, ella les decía que el día en que muriera les iba a mover los muebles dándoles una señal… ¿Les pasó alguna vez?

Carla (con la voz quebrada):- No… la estamos esperando pero… a mí no.

María:- A mí siempre me pasan ciertas cosas esotéricas o místicas y se las quiero adjudicar a ella. Si fue o no fue, no sé. Pero me gusta pensar que fue mi mamá.


"No fueron capaces de evitarlo"

Como sus hermanas, Mariano Melotto vive "con dolor y angustia" los días previos al inicio del juicio por el femicidio de su mamá. No deja de preguntarse "qué pasaría" si no hubiera justicia. "Cómo seguirían adelante nuestras vidas. Nosotros no tenemos ninguna duda de que Pablo Luis Barbato es el asesino de mi madre. Y es terrible pensar que fue un asesinato anunciado reiteradas veces". Y que por más que Graciela Tirador pidió recaudos legales "las instituciones y sus autoridades no fueron capaces de evitarlo".

Como Carla y María, Mariano reconstruye en estos días una y otra vez en su cabeza los momentos previos.

"Para que podamos digerir, al menos en parte, semejante tragedia, para que podamos hacer el duelo por la muerte de mi madre, es absolutamente preciso que al asesino Pablo Luis Barbato le dicten la prisión perpetua. Yo no logro imaginarme qué podría suceder si esto no fuera así. Y esto por varias razones: primero porque la desesperanza sería inmensa, saber con seguridad quién es la persona que mató a un ser querido y que quede libre, sería como que se repitiera la fatalidad una y otra vez, como despertar en un infierno cada día". Pero "también es importante que el asesino quede privado de su libertad porque esto representaría el mensaje más poderoso del Estado para todos los que matan. Que no son otra cosa que cobardes que desprecian la vida propia y ajena porque odian ser lo que son y su cobardía no les permite más que lastimar a otros antes que enfrentarse con sus demonios".

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