Edición Anterior: 4 de Julio de 2018
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La Justicia rechazó un cambio de nombre
La importancia de llamarte como te llames
Daniel Puertas

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Un tribunal de Pergamino rechazó el pedido de una mujer para cambiar el nombre de su documento por aquel por el que la habían llamado durante toda la vida por considerar que no había "justos motivos" para ese cambio. Se trata de un caso singular, tanto por las razones esgrimidas por la peticionante como por lo estrictos que se mostraron los jueces en primera y segunda instancia respecto del principio de inmutabilidad del nombre.

En primera instancia se rechazó la solicitud y después la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial confirmó ese fallo cargando las costas a la demandante.

En la apelación la mujer, identificada como MPP y que quería cambiar su primer nombre por el de S, sostuvo que el magistrado de primera instancia "no ha tenido en cuenta los graves perjuicios que acarrea a su persona continuar utilizando el nombre que figura en su documento nacional de identidad, los que ha acreditado en autos en cuanto no le permiten desarrollarse plenamente como persona dentro de la sociedad".

Estas afirmaciones sorprenden un poco al observador imparcial, ya que son innumerables los casos en que una persona es llamada por un nombre diferente al que figura en su DNI y no sienten que eso los afecten a punto tal que conspiren contra su pleno desarrollo como personas.

También planteó que "es conocida públicamente con el nombre de S y no utilizar dicho nombre la perjudica en su desenvolvimiento cotidiano (práctica de deportes, concurrencia a club, estudios).

Alegó que "si bien el nombre es inmutable, la normativa prevé la posibilidad de modificar el mismo...cuando haya adquirido cierta notoriedad y cuando su utilización afecta la personalidad".

También señaló que "el pedido se basa en la necesidad de que la identidad por la cual es conocida sea plasmada también en el orden legal ya que lo contrario lesiona gravemente su derecho humano a la identidad y que el A-quo ha utilizado un criterio restrictivo mientras que el principio pro homine implica que la interpretación jurídica siempre debe buscar el mayor beneficio para el ser humano, es decir debe remitirse a la norma más amplia o la interpretación extensiva".

En el fallo se recordó que "el art. 69 del Código Civil y Comercial recepta la posibilidad del cambio del prenombre y del apellido sólo de mediar a criterio del juez justos motivos y al respecto formula una enunciación de tales justos motivos. Nuestro régimen ya consagraba el principio de inmutabilidad del nombre y si bien los justos motivos debían vincularse a causas serias y graves y los presupuestos debían ser interpretados en cada oportunidad en forma restrictiva, nuestros tribunales desde hace ya unos años vienen flexibilizando el criterio".

Se agregó que la nueva normativa no difiere en lo sustancial con la anterior, por lo cual "el tema a decidir consiste, precisamente, en analizar si existe la justificación suficiente para proceder al cambio solicitado en autos, la que a mi entender y coincidiendo con el juez A quo, no se ha logrado acreditar, no conmoviendo los agravios

expuestos al recurrir ni el dictamen favorable de la Sra. Fiscal, tal conclusión".

Por lo tanto, "ha de partirse entonces de que el nombre en tanto atributo de la personalidad, tiene en principio carácter inmutable, existiendo un interés público y social de individualizar a las personas, de modo que todo cambio a su respecto debe ponderarse prudencialmente, admitiendo excepciones sólo por razones serias por cuanto el cambio arbitrario y libre podría suscitar errores o fraudes".

Se menciona la pericia psicológica, que concluyó en que "se considera que la veda de los actos sociales se responde a un mecanismo de defensa articulado frente a conflictos internos correspondientes a la esfera social. El

nombre en si mismo no configura un elemento simbólico angustiante ya que no ha emergido ese afecto ni existe una construcción argumental que de cuenta de un trauma ni se observan elementos sintomáticos en tal sentido. Al momento de la entrevista la solicitud de cambio de nombre se presenta como síntoma de una disfuncionalidad en la

esfera social de la entrevistada sin conciencia de tal obstáculo, por lo tanto se aconseja la realización de tratamiento psicológico".

Es decir, la psicóloga opinó que más que un cambio de nombre lo que hace falta es un terapeuta. También sostuvo que "nombre y apellido, en tanto símbolo y lugar dentro de una trama familiar, que establece relaciones y es parte de la construcción histórica de la personalidad de un sujeto, deviene traumático cuando las relaciones que lo fundan y/o los actores han causado daño severo al psiquismo del sujeto. El caso examinado no reviste tales características".

La Cámara coincidió en que es necesaria la intervención de un terapeuta al señalar que "desde la óptica del experto no existe daño en el psiquismo por el uso del nombre que, por así decirlo, detenta en los papeles, sino que el deseo de su cambio es la consecuencia de una afección que se aconseja abordar mediante tratamiento".

Por lo tanto, M no podrá llamarse S, aunque tal vez ganó una razón más para tener problemas con el mundo.

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