Edición Anterior: 30 de Junio de 2019
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ENTREVISTA. Ricardo Fodere: fertilidad, LGBT y una conmovedora perspectiva de género
"Fuimos educados para ver a la mujer como a una subespecie"
Es ginecólogo y especialista en fertilidad. Ha conseguido embarazos en parejas femeninas, atiende por las noches en el Hospital para concederles el tiempo necesario a quienes carecen de recursos, investigó la osteoporosis, capacitó a médicos barriales para atender a la comunidad LGBT, habla de la reticencia ante el aborto no punible y se subleva ante la inequidad social. Ricardo Fodere, textual.
Por Silvana Melo

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Hace más de treinta años de aquella residencia donde conoció a Alejandra Capriata y emprendieron un camino juntos. Ricardo Fodere nació en Entre Ríos, estudió en La Plata y desembarcó en Olavarría cuando los 80 se caían de la década. Era la ciudad de su suegro, un pediatra emblemático. Un territorio donde Alejandra dejaría en poco tiempo de ser la hija de para fundar con Fodere una pareja de singular potencia: humana, profesional y combativa. El se decidió por la ginecología para funcionar como engranaje aceitado con la pediatría. Desde su prehistoria la fertilidad fue un rumbo que lo conectó con la belleza de buscar la vida en una profesión donde se lidia con la enfermedad. Y esa vida ramificó en una perspectiva de género inusual en una ciudad mediana de la provincia, a casi 400 kilómetros de la capital. Ella trabaja con la infancia diferente. El busca un banco de semen y una clínica de fertilidad para Olavarría. Mientras tanto, logra embarazos en parejas de mujeres, capacita a médicos barriales en inclusión a la comunidad LGBT, apuesta al consultorio inclusivo a la tardecita para resguardar intimidades y recuerda que, en su investigación sobre osteoporosis, usó su equipo para hacer densitometrías a fósiles de guanacos en arqueología.

Es Ricardo Fodere, aquel que desde Oncología peleó contra la antena de CTI implantada en el predio del Hospital, el que reniega de la cultura occidental y religiosa que confina a la mujer a "una subespecie", el que condena por "hipócritas" las banderas por dos vidas y olvidan el sufrimiento de tantas otras. El que toca la guitarra, el ukelele, el charango, pero se define músico "de los malos". El que no para. Nunca.

En el último año de la residencia "nos pusimos de novio con Alejandra. Los dos estudiamos en La Plata e hicimos la residencia en Buenos Aires. Ella en el Hospital de Niños y yo en el Clínicas". No sabía nada de la ciudad cementaria. Pero algo supo cuando "vine como novio de Alejandra en la creciente del 85 a conocer a mis futuros suegros. Y me la pasé levantando muebles, de ellos y de unos amigos de ellos". Nada le era extraño: "yo vivía en el delta, en Paranacito. Es decir que tenía experiencia de crecientes: sacar puertas, que es lo primero que hay que hacer para usarlas de estante y poner arriba la heladera y el lavarropas patas para arriba, por ejemplo". No fue traumática la primera vez: "aquí hay agua, dije. Yo soy fanático del agua, mi casa daba con un muelle al río; me levantaba a la mañana, me tiraba al agua, me iba nadando al hospital y me volvía nadando. Con mis hermanos íbamos en lancha a la escuela". Hoy confiesa que "no sé dónde voy a morir pero sí que Olavarría va a ser parte de mi jubilación".

-¿Por qué la ginecología?

-Fue una decisión en conjunto que tomamos con Alejandra. No queríamos quedarnos en Buenos Aires. Los dos somos pueblerinos. Nos ofrecían muy buenos trabajos y nos vinimos porque si empezábamos a aceptar no nos íbamos más. Yo quería ser médico rural. Fuimos al sur y nos dijeron necesitamos ginecólogos, obstetras y pediatras y ustedes son perfectos porque tenemos que alquilar una sola casa… Entonces me decidí porque me di cuenta de que era la especialidad en la que podíamos estar asociados.

-En tu investigación en osteoporosis, ¿es real que hiciste densitometrías en los huesos de los guanacos que estudiaban los arqueólogos?

-La osteoporosis se origina alrededor y después de la menopausia. Los huesos se descalcifican cuando desaparecen las hormonas circulantes. Entonces puede desarrollarse fracturas de bajo impacto, es decir, con un pequeño golpe puede fracturarse la cadera o la columna. Nosotros invertimos en un equipo para hacer densitometría porque no había en Olavarría. Al tener un equipo y formar parte de un centro de investigación, pude ampliar mi base y lo aplicamos a otra ciencia. En arqueología lo usamos para hacer investigaciones del Conicet. Hicimos experimentos con gente de la Facultad que hacía investigaciones más profundas sobre los camélidos americanos: ahí me interioricé sobre estos animales. Los fines de semana hacíamos los estudios sobre los fósiles. A mí me interesó también porque se podía utilizar en la medicina forense, porque los huesos cuando están enterrados se mineralizan y se pueden hacer dataciones sobre las condiciones en que estuvieron enterrados.

-En tu camino de investigación en fertilidad, ¿cuáles son los episodios que considerás fundacionales?

-El primero, haberme cambiado de Hospital en la residencia: el Clínicas era muy reconocido, pero elegí el Santojanni donde el director me dio un gran estímulo para que yo me involucrara en fertilidad. Ingresé al Cegyr (Medicina y Genética Reproductiva), hice cursos y me vine ya con una formación básica. Comencé a hacer tratamientos y el primer embarazo que obtuve fue con un médico residente del Hospital de Olavarría. Con lo que teníamos en el Hospital y los elementos de Oncología logré hacer un tratamiento y un embarazo. Es una de las cosas que más satisfacciones da en medicina porque es lograr la felicidad completa de una paciente, de una pareja, que está ansiando un bebé. En medicina siempre estamos en contacto con enfermedades y aquí estás generando vida.

-Para estas investigaciones ¿trabajás solo, de noche, en el Hospital?

-Mi intención siempre fue una clínica de fertilidad en Olavarría pero las condiciones no están dadas, se depende de las facturaciones y yo solo no hubiera podido mantener una clínica seria. Yo integro una clínica que es la más importante del país y soy una subsede. Estoy satisfecho con eso. En el hospital elegí yo un horario vespertino. Tengo los turnos a las 19,30 los lunes porque es el horario que me permite trabajar con las parejas, cuando los varones pueden acompañar. Es gente muy vulnerable socialmente y no tiene posibilidad de hacer las consultas. Así reduzco los tiempos. Trabajo con la jefa de residentes, en un horario en que se limpia el Hospital…

-El banco de semen y la clínica de fertilidad no son factibles en estas circunstancias…

-El banco está funcionando por wi-fi… A partir de la ley las clínicas habilitan el tratamiento de gente que antes no tenía acceso. En condiciones normales se negaría tratamientos por la edad, por estar más cerca de ser abuelos que padres. Pero la obra social hasta los 42 años lo habilita. En esas condiciones se hacen tratamientos que tienen sólo algunos éxitos. Ganan los laboratorios y pierden todos los demás. El pago de las obras sociales es muy reducido y con demora. Las clínicas hacen muchos tratamientos, el índice de fracaso es alto y los costos financieros excesivos. Aumenta el trabajo, disminuye el ingreso y los éxitos no son tantos. Como Argentina ha sido pionera en países emergentes, esta ley va a permitir que otros países también la desarrollen y nosotros podamos ir afinando la puntería. También es importante la ovodonación, hay pacientes que antes no accedían por obra social y ahora pueden conseguir un embarazo con semen de banco u óvulos donados.

-¿Qué historia te tocó especialmente?

-Ahora hay una pareja de lesbianas que atiendo en el Hospital. Una está embarazada y espera para agosto. Vinieron a consultar, como muchas, la posibilidad de conseguir un embarazo y supieron que había una posibilidad con semen de banco. Acá lo que funciona es una sucursal de los bancos de Buenos Aires. Es muy caro y el estado no lo provee: mi intención era ésa, proveer semen para pacientes de los hospitales públicos. Fracasamos las primeras dos veces y en la tercera tuvimos éxito. Están muy felices porque se está desarrollando muy bien el embarazo. Hicieron un gran esfuerzo porque tampoco tenemos la cantidad de materiales y medicamentos, no me los provee la Municipalidad, entonces tuvieron que comprar los medicamentos, el material descartable lo ponía yo o lo conseguía por donaciones. Tengo que agradecer a todas las pacientes que han hecho tratamientos y todos los medicamentos que les sobran los traen al hospital: con eso es posible el resto de los tratamientos.

-En la mayor parte de los casos los sectores populares quedan marginados de estas posibilidades…

-Las chicas vienen en moto o en colectivo, las dos trabajan… son las primeras que hacen tratamiento en el hospital. En otros hospitales públicos el problema es conseguir la muestra de semen porque los bancos cobran mucha plata: 17 mil pesos la muestra. Con esa inversión se juegan a que sea positivo. Y si fracasa perdés todo. Las médicas de los centros periféricos tienen una realidad que las abruma que es la población LGTB. Entonces el gran problema es que no había un consultorio que trabajara y una especialización para la atención de estos pacientes. La falta de apoyo, de gente que se dedique, la falta de ginecólogos especialistas que las ayuden hace que se tengan que formar ellas. Ante la inquietud hicimos un curso en Olavarría, asistieron veintipico de médicos y duró seis semanas. Fue muy bien aceptado.

-¿Eran médicos de los barrios?

-Del hospital y de los centros periféricos. Entonces había residentes, casi todos médicos de medicina general. Pudimos convencer al primer médico que hizo cirugía transgénero en un hospital público del país, en La Plata y su esposa, que es quien hizo las guías de tratamiento. Vinieron a Olavarría, más otros especialistas en sexología y Alejandra y yo dimos las demás clases. Los médicos que atienden en las salas periféricas son los que más se ocupan. El problema son los especialistas. Los turnos para una vasectomía o para una cirugía de una mujer transgénero, es decir de un hombre que quiera adaptar su sexo al de mujer y armonizarse, no lo puede efectuar con los principales especialistas porque hay reticencia. Hay gente que cree que es un capricho. El niño o niña que siente que está en el cuerpo equivocado es una realidad. Y es muy triste cuando la imposición externa les dice "estás equivocado", no podés hacer esto ni aquello otro. La idea es que el consultorio inclusivo que funciona en el hospital sea eficaz, eficiente y que tenga todos los recursos para atenderse.

-¿Y lo es?

-No hay un profesional que esté a cargo. La idea es que esta población pueda acceder a todas las terapias posibles y que nosotros les consigamos las derivaciones a los especialistas en La Plata, donde se hacen las mastectomías, donde se hace la reasignación de género genital y hay avances quirúrgicos y médicos. Y yo me vi involucrado en esto por la fertilidad. El consultorio inclusivo va andando a los ponchazos. Pero va a ser una realidad cada vez mejor. Lo ideal es que funcione de mañana y de tarde. Pero está en un horario especial para evitar que en la sala de espera llamen a Marcela y Marcela venga con barba. Y haya bromas o comentarios ofensivos.

-¿Cómo se tramita en el Hospital el aborto no punible, el protocolo, los objetores de conciencia?

-El tema aborto es un problema porque no hay una conciencia solidaria de la necesidad del otro. No se puede imponer la formación filosófica o religiosa. Es muy respetable tratar de salvar las dos vidas, pero hay una cuestión de justicia. El cuerpo de otro, que fue violado, agredido y que tiene un embarazo no deseado, no se merece padecer ninguna circunstancia médica; a la paciente le quedan secuelas del embarazo no sólo físicas, sino que le queda una maternidad no deseada de una persona que gozó con la agresión. Si uno quiere defender las dos vidas, perfecto. Pero la imposición hacia otro es superar un límite. Yo tengo dos riñones, tendría que haber donado uno, hay gente que necesita para vivir. Y si estoy a favor de la vida tengo que ser solidario. La gente que lleva esas posturas y esas banderas son unos hipócritas. No van a donar, no van a acoger a un niño desvalido. Eso también es vida. La objeción de conciencia en un hospital público, cuando algo es legal, es atroz.

-Falta perspectiva de género, decididamente…

-Tenemos una formación occidental sesgada. Las instituciones religiosas consideran a la mujer una subespecie, una especie inferior. Si fuesen iguales serían sacerdotes e integrarían los concilios. Pero como tienen ovarios y no testículos, son inferiores. Como se las desprecia y son ellos los que opinan a través de su derecho canónico en lugar de las mujeres, así nos han educado a nosotros. Es el resultado de una cultura de 2.000 años para acá. Un voto transferido y delegado a través de un varón. Las chicas hoy no quieren repetir lo que su madre vivió. No quieren tener tres hermanos de tres padres distintos porque como es vulnerable, con alguien tiene que estar. Esa mujer está desvalida, desprotegida, el que está bien socialmente dice por qué no trabaja, por qué no tiene una huerta donde tener acelga y zanahoria y alimentar a sus chicos… Cómo hace… si cuando va a llevar a sus chicos a la escuela y vuelve le robaron hasta el colchón.




Inequidad


Ricardo Fodere no tolera la inequidad. Las asimetrías sociales. Habla de las mujeres. Y también de los que están confinados en los barrios, sin que la salud llegue. Y a la que tienen que salir a buscar a pie, en las emergencias de madrugada, cuando la ambulancia tiene otros destinos.

"La sociedad considera muy bueno cuando la ambulancia va a la autopista por un accidente por imprudencia. Pero esa ambulancia no está disponible para un barrio con chicos vulnerables. ¿Cuántos accidentes de autos hay en los barrios pobres…? Ahora que se ha vuelto a la garrafa, a los braseros, se mueren por monóxido de carbono. Si viven a tres kilómetros del hospital a la noche tienen que ir caminando o morir. La ambulancia y la Científica están en el choque de la esquina.

"Dicen que los problemas del país son la inequidad y la evasión. Pero el pobre no puede evadir. ¿Dónde va a evadir, en leche que compra? En los consultorios somos los sensores del termómetro social y hay que ser muy cruel para negar cuando la gente está necesitada. No vienen al consultorio porque no tienen para pagar el colectivo o llueve y tienen que caminar tres kilómetros para llegar. Y qué se le cuestiona… que están mirando televisión o gastan en el cable. El esparcimiento o el reposo no les está permitido. Tendrían que estar trabajando. ¿Trabajando para quién?




Epopeya


Hace más de una década Ricardo Fodere fue uno de los protagonistas en la resistencia contra la antena de la entonces empresa de celulares CTI, instalada en el predio del Hospital.

-¿Te siguen preocupando los problemas ambientales?

-Claro, con la gente que se involucró en aquel momento, con Marcelo Sarlingo, Rafael Curtoni, hemos dado charlas sobre disruptores hormonales. En los congresos de ginecología hemos traído expositores panameños, americanos, porque la contaminación ambiental tiene mucho que ver con el deterioro de la fertilidad masculina. Lo de la antena fue una epopeya. Yo ya había tenido un enfrentamiento con Eseverri, en tiempos en que nadie lo enfrentaba, por la leche no pasteurizada; hacía una campaña en contra de eliminar un bacilo por decreto… Después surgió lo de la antena, que originó también el planteo por el horno pirolítico. Los vecinos comenzaron a filmar y a presentar sus reclamos. Yo utilicé mis argumentos. Y salió bien... ganamos.

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