Edición Anterior: 13 de Octubre de 2019
Edición impresa // La Ciudad
ESCENARIO POLITICO. Ezequiel Galli se benefició con el cambio de tono de la campaña. Corrientes locales y el dilema de un sindicalista
La épica y el afán de estirar la campaña anterior en el acto de Macri, estilos y los roles invertidos
Un acto que puede ser un misterio por su signficado. Concurrencia teniendo en cuenta la proporción de público que se suele juntar en una convocatoria ciudadana, sea o no política. Los perdones interminables, los objetivos de máxima y de mínima. El gallismo con voto propio. El eseverrismo tiene el suyo. Las sospechas políticas sobre un gremialista
Cacho Fernández

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La convocatoria fue una más de las que se vienen realizando pero aquí pudo ser de mayor utilidad al jefe comunal que al mismo Presidente.

En Olavarría, fue un acto político tradicional, podría decirse que la política recuperó esa tónica tradicional del acto callejero. Le cambió, al menos en Olavarría, el color de la campaña y le puso una bisagra a lo opacidad con la que ya venía.

También es cierto que si bien pudo haber habido algunos grupitos de la región, Ezequiel Galli tiene su voto propio. Podría decirse que ya nació el gallismo como corriente política.

De movida nomás, en la primer entrevista que hizo con este Diario, centralizó su gestión en extender la red cloacal, como diría Ernesto Cladera, "la valentía de enterrar obras", lo que no suele tener impacto electoral, al menos respecto de las visibles.

Así como alguna vez, nació el eseverrismo por la impronta personal que le impuso a sus sucesivas gestiones, esta vez podría decirse también que el gallismo ya es una realidad. No construyó más servicios territoriales ni un Centro Cultural como los que construyó José Eseverri, pero intervino barrios absolutamente postergados como el Nicolás Avellaneda, el del Tiro Federal, Isaura y algún otro, los dignificó con pavimento, plazas y servicios, por ejemplo, y eso contribuyó, junto con el "entierro de obras" en el Barrio Yrigoyen o en Loma Negra, con la planta depuradora, e ir conformando ese estilo de gestión.

Eseverri tuvo concepto al descentralizar la Municipalidad en los Servicios Territoriales o de integrar Pueblo Nuevo al Centro de la ciudad, y eso le dio también una impronta diferente a la de su padre que pareció ser siempre un gran hacedor pero menos conceptual que su propio hijo.

En cambio, Ezequiel Galli, optó, entre otras cosas como continuar con tener un servicio de Salud tal vez como venía, el de abordar la ciudad de la periferia al centro, interviniendo y dignificando zonas postergadas como lo estaban los barrios mencionados.

Quizás le faltó tener ese banco de tierras necesario para un plan de viviendas y fomentar la radicación de empresas, pero también es cierto que el modelo nacional económico no lo ayudó para nada como sí alimentó los proyectos productivos de Eseverri.

¿Cómo ganar?

Entonces, Macri vino, como a otros lados, a estirar la campaña de 2015, y convencer de que los cuatro años que pasaron fueron un error o una ilusión.

Las acciones sociales o humanas se explican muchas veces por la intencionalidad y por mecansimos o concurrencia de variables.

La primera intención fue la de jugar a revertir las Paso y ganar. La segunda, quizás la menos emocional es sostener a su propio tercio del electorado para resistir al kirchnerismo y preparar su propio operativo retorno.

Es posible que esto último sea lo más racional y verosímil, pero ¿cómo movilizar a la gente sino es con objetivos de máxima?. Sería como pretender generar mística alentando o una derrota más o menos dígna. Seguramente Macri cree que puede revertir esta dificil situación porque si no no se movilizaría como lo está haciendo.

En este caso existen dos formas de concebir las motivaciones. Heinrich Mann dice en el "Angel azul", una novelita maravillosa sobre la doble moral, que "manda quien no se la cree".

En cambio, en el film Barton Fink, se puede ver que quienes manejan la industria de las peliculas bizarras y clase Z son esencialmente como los mismos productos que pretenden vender. Es más, gozan con los mismos.

¿Con cuál quedarse?. En política, (como en la ciencia) primero se debe creer en la hipótesis que se quiere probar y luego sí se intenta probarla. Pero si no se cree en ella difícilmente se decida intentar probarla.

Por lo tanto, es muy probable que el Presidente crea que hay una porción de electorado que votará diferente a como votó en las Paso y otro que todavía le falta concurrir al cuarto oscuro decida acompañarlo. Juega con el descrédito de las encuestas cuantitativas (todas han fracasado) y se ha inclinado a realizar estudios cualitativos para tener una mejor guía heurística de lo que podría pasar el 27 de octubre.

El otro objetivo de mínima se analizará después de los resultados, pero Macri sabe que aún así no está muerto y que si Carlos Menem pudo volver en 2003 con un triunfo luego de haber sido cuestionado hasta el cansancio ¿por qué no lo puede hacer él?. Al menos aprendió que las elecciones no se ganan con ajustes ni con promesas de paraísos infinitamente postergados sino con una dosis de populismo.

Roles invertidos

Más allá de la derrota de las Paso, tan espectacular como irreversible, al menos según las encuestas, Macri supo generar una mística entre sus votantes, la mística del "sí, se puede", intentando convencer a sus votantes de algo que van a seguir haciendo, votarlo, y con un mensaje a los denominados "paradestinatarios", aquellos que todavía pueden llegar a cambiar su decisión anterior. "No está muerto quien pelea", dicen tratando de transformar la elección del 27 de octubre en un hecho absolutamente épico.

Y aquí está la paradoja, porque el kirchnerismo, que era muy partidario de la epopeya, tanto que se la quiso aplicar hasta en el programa "Fútbol para todos", algo que fue de todo en cuanto a negocio del poder que un hecho épico y transcendental, se terminó refugiando en reuniones secretas con el denominado "Círculo rojo" empresarial y el otro "Círculo rojo", el de la CGT, buscando un pacto social en un modelo económico que todavía no está. Es decir un acuerdo de precios y salarios, pero sin definir el rumbo económico, ni la política tributaria, ni cambiaria, ni la estructura de costos ni nada. En síntesis, algo para la tribuna y nada más.

Lo cierto es que Alberto Fernández parece ser la racionalidad al lado de una Cristina Kirchner que gobernó a pura emoción hasta que se le acabó la plata.

En tanto, y más allá de sus retractaciones, Macri parece querer estirar la campaña de 2015, prometiendo salariazos y revoluciones productivas a mansalva, como si todavía no hubiese gobernado. Y ya van cuatro años de su gestión. Esto es el dato fundamental porque si la acción de votar a alguien es hacerlo depositario de la confianza y la esperanza, después de estos cuatro años, sería muy difícil que la mayoría de la gente modifique su decisión y se decida a volver a centrar sus esperanzas de una vida mejor en alguien a quien ya había abandonado.

El problema interno

De todos modos, y dentro de esta paradoja general que es la Argentina, mientras el oficialismo realiza una campaña de oposición, el peronismo ha decidido, después de las Paso, hacer una mucho más parecido a lo que podría ser una campaña electoral oficialista con un candidato que iría por su reelección.

Macri ganó la calle y hace propuestas y promesas a mansalva como las de ponerle plata en el bolsillo a la gente pero sin modificar las reglas de juego en la economía general, mientras que Alberto Fernández se reúne con los acreedores, con los empresarios y cegetistas, intentando armar un futuro plan de gobierno.

La tensión entre Alberto y Cristina es un hecho latente, aunque todavía no manifiesto, pero que se podría disparar en el momento de la toma de las decisiones. Porque ¿Cuál sería la actitud de la ex presidenta si Alberto tomare una decisión no acorde con su propia posición ideológica?. La gente puede cambiar hasta de ideología pero no de personalidad, y eso sería lo que podría entrar a tallar. El riesgo para el albertismo es que le podría trasladar ese ánimo a sus seguidores, quienes si bien se lo tienen que digerir a su candidato, ya comenzaron a marcarle la cancha. Horacio González fue bien explícito y Juan Grabois, por ejemplo, le dio 100 días de tolerancia, caso contrario le ocuparían la calle. Y no será la primera ni la última vez en la que los/as vices pretendan fijar su autonomía.


Los estilos

Entonces, si bien cada intendente como cualquier otro mandatario construye su propio estilo en la misma acción, podría decirse que Daniel Scioli no pudo o no supo llegar a conformar una suerte de sciolismo, salvo que se caracterice a su estilo como como el "surfismo" o la enorme capacidad de surfear la realidad sin modificar y mucho menos mejorar nada de ella. Gobernó lleno de deudas. Dejó una de casi 10.000 millones de dólares más algún pucho escondido, según dijo María Eugenia Vidal. Y ninguna obra. O sí, alcanzó a peinar un tramo de la Ruta 51 a la altura de Loma Negra para "hacer como si se hiciera".

En cambio, Scioli tuvo la fortuna de tener un programa económico nacional que le puso dinero en el bolsillo a la gente y recibió los dividendo de ese incremento del consumo interno. El no hizo nada más que eso. Se limitó a surfear la realidad y a transcurrir. Sin embargo, pudo ser un candidato competitivo. Increíblemente.

En cambio, María Eugenia Vidal supo construir el vidalismo por diferenciarse del ajuste nacional y Felipe Solá conformó el felipismo por descentralizar fondos cuando el kirchnerismo centralizaba.

Estuvo ocho años en el gobierno de la provincia más rica de la Argentina y con mayor peso político, pero no supo dejar nada, ni siquiera una identidad política. Lo que quedó, quizás lo único, fue la piedad que suscitaba en la gente al verlo tan víctima del cristinismo, y tal vez fue ello lo que lo llevó casi a la misma puerta de la Casa Rosada. ¿Qué hubiese pasado si ganaba el balotaje?. Tal vez, como Macri, hubiese aplicado un plan de ajuste primero para luego pedir perdones y hacer promesas a mansalva.

Porque, como dice el economista Jorge Blanco, el ajuste se viene, inevitablemente continuará y hasta se podría profundizar, pero esto solo lo podría hacer un peronista, y lo miró a Alberto Fernández, quien ya se había mandado su gaffe, la de aumentar el impuesto a los bienes personales para luego pedir perdón.

Realmente, los políticos argentinos se parecen cada vez más al histriónico personaje de Capusotto, "Juan Domingo Perdón" porque se retractan tantas veces como hacen algo.


El dilema de José

Y si de autonomía se trata, ¿qué posición tendría el sindicalismo en el plano local?. Se lo llegó a mira con suprema desconfianza a José Stuppia por no haber estado en el acto de Axel Kiciloff en Pueblo Nuevo.

El dirigente de los municipales viene advirtiendo sobre su alineamiento con el Frente de Todos, es más, le facturan no haber movido un dedo para sostener a su candidata Maricel Cides cuando le bajaron la lista.

Pero igual se sospecha de su posición. Dijo que se habia quedado comiendo en Cacharí pero que "gente del sindicato estuvo presente en el acto".

De paso aclaró que llegado el caso, le levantaría una carpa de protesta a Federico Aguilera si éste llegara a ser intendente porque, añadió "primero están los derechos de los trabajadores", disparó.

De todos modos, se lo entrevé demasiado cerca de Ezequiel y lejos de las posibilidades de Federico porque, como llegaron a decir fuentes cercanas al gremialista, Stuppia "se queja por el trato (o destrato) de parte del cristinismo y que por ello preferiría un triunfo de Galli para sus posibilidades tanto como dirigente sindical como futuro candidato a intendente", dicen. "José sabe que si gana Aguilera, debería armar de nuevo todos los acuerdos que ya hizo con Galli para el empleado municipal y además le quedarían cuatro años más de gobierno. En cambio, de ganar Ezequiel, ya no tendría posibilidades de reelección (en 2023) y se tiene todo firmado".

"¿Se lo contamos o no?", se preguntaron estas fuentes frente a este columnista, como si se dispusieran a revelar el secreto de la Coca cola... "Ma’ sí, decíselo, si es lógica pura", remataron.


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