Edición Anterior: 19 de Enero de 2020
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ENTREVISTAS. Rolfi Calahorrano, el músico olavarriense que está radicado en España
"Diego Torres fue el principio de ese mundo profesional a nivel mundial que pude vivir"
Darío Fariña

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Historia de película la de Rolfi Calahorrano (47). Ha pasado por situaciones que jamás soñó, todo a partir de la música. Una vida en la que el saxo lo llevó por los distintos rincones del mundo, aunque desde hace un par de décadas España se convirtió en su segunda tierra. Es más, este olavarriense ya se siente un ibicenco más luego de seis años viviendo en una de las hermosas cuatro islas Baleares. Vino a Olavarría a saludar a su familia, a los amigos, a recorrer las calles de su ciudad, y este domingo ya regresa a la tierra donde está haciendo una carrera artística que es para admirar. Su última vez en Olavarría había sido en febrero de 2013. En una larguísima entrevista (pero a la vez muy rica), a tal punto que tuvimos que separarla en dos partes (la segunda se publicará mañana) Rolfi contó su historia, comenzando por la actualidad, en la Ibiza que lo tiene como uno de sus protagonistas de la vida cotidiana:

"En el mundo hay una visión de Ibiza en el mundo que es errónea, ya que en realidad es la meca de la música electrónica. Cualquier disc jockey que tuvo éxito en el mundo, primero lo tuvo en Ibiza. Pero a la vez hay una idea que Ibiza es el reino de la joda en su totalidad y la verdad es que Ibiza es una isla muy pequeñita, de 42 kilómetros de sur a norte y 28 kilómetros de este a oeste, y toda la joda transcurre en una punta sur que es donde están todas las discotecas. El resto de la isla son casaquintas con gallinas, patos, conejos, todos los ibicencos trabajan la huerta porque es una costumbre de siglos. Es un lugar muy ligado a lo que es el cristianismo, ya que toda la isla es Santa Eulalia, Saint Jordi, San Mateo, San Francisco, San Antonio, y así sucesivamente. Es cierto, Ibiza es un lugar mágico, por el agua, por la playa, por todo, con una energía muy particular y muy maravillosa. Hace seis años que vivo en Ibiza".

¿Por qué te fuiste a Ibiza?

Yo vivía en Madrid, donde estuve 13 años, y en un momento las cosas y los proyectos que tenía en Madrid –que incluyó giras con muchos artistas- fueron cambiando. Hice giras con Coti (Sorokin), Ana Belén, Víctor Manuel, Julio Iglesias, Miguel Ríos, todo esto posterior a Diego Torres. Tenía un estudio de grabación y de producción en Madrid inclusive, pero tuve que dejar la propiedad que estaba alquilada, y se dieron algunos factores que me generaron inestabilidad de cara al trabajo y de cara al trabajo en sí. En medio de todo ese proceso, buscando otro lugar para montar el estudio, una cantante con la que yo trabajaba me comentó que le ofrecieron para ir a hacer unas canciones al Hard Rock Hotel de Ibiza que acaba de abrir ese año, en 2014. Me propuso ir a hacer el show juntos y le pedí un par de días para pensarlo, y lo decidí enseguida en realidad. Fui por quince días y ese año trabajé en Hard Rock Hotel, y seguí sumando lugares de trabajo allí. Ahora tengo la suerte de tener mucho trabajo. Allá se dice que sos músico residente cuando –en este caso el saxofonista como yo, tecladista o director musical- cuando residís oficialmente en los lugares más top de Ibiza. Ushuaia Beach Hotel, que es el lugar número 1 de música electrónica en el mundo, y ahí están todos como David Ghetta, Sven Bath, el fallecido Avicci, todos los más grandes. También trabajo con una empresa hermosa que es el grupo alemán Nassau, que tiene los mejores beach clubs del mundo. En Nassau, que es uno d emis grandes ejes en los últimos cuatro años, es una empresa que todo el verano está en Ibiza pero hace dos años hacemos temporadas con los DJ y los artistas que tiene en los centros de esquí más importantes del mundo, en Francia, Austria, Suiza, Alemania. Va todo el equipo, una violinista, un cantante norteamericano, yo como saxofonista y DJ holandeses y franceses. Vamos diez o doce días y cada día en una montaña diferente, a 1.500 metros de altura, a 25 grados bajo cero, con música electrónica y los artistas tocando. El año pasado hicimos Francia y Austria, y ahora Suiza, repetimos Austria en marzo, y es una experiencia alucinante ya que es la contracara de Ibiza.

¿Cuándo creías que no sabías adónde ibas a ir, terminaste en un mundo diferente mejor que en el que estabas…soñado quizá?

Sí, seguro. Con Ibiza tengo algo muy particular. Con Diego Torres fuimos a tocar cuando era la famosa gira de Color Esperanza y lo del Papa, que fueron más de cien conciertos por España, y uno de esos conciertos fue en una gran discoteca que se llamaba La Diosa, como la de Buenos Aires, pero que ya no está más. Fue un concierto con 30 o 40 mil personas. Y cuando llegué a Ibiza por primera vez, en septiembre de 2003, cuando bajé del avión tuve una sensación muy extraña y muy linda: un temblor y una cosquilla en todo el cuerpo, muy agradable, y no entendí por qué. Estuvimos tres días y nos fuimos, seguimos con la gira. Un par de año después un gran amigo mío, que todavía está allá, francés que vive hace mucho en Ibiza, estaba en la Argentina y se fue a España en 2005. Yo estaba en Madrid y cada tanto lo iba a visitarlo a Ibiza, y cada vez que llegaba ese cosquilleo se repetía. Y cuando esta cantante me ofreció ir con ella, cruzamos en barco y cuando bajé al puerto de Ibiza, sentí el mismo cosquilleo.

¿Ibiza es tu lugar en el mundo?

Sí, absolutamente. Y ahí estoy desde hace seis años, con gente muy querida, los ibicencos me han puesto una silla en su mesa -lo que no es fácil, porque son muy reservados-, ya que yo siempre digo que Ibiza no es España. Ibiza es un mundo aparte. Es muy cosmopolita, con millones de personas que pasan entre fines de mayo y fines de septiembre. Entonces, es instintivo del ser humano, que tengan su reserva. Es muy lento el proceso, pero en el último año y medio ya puedo decir que pertenezco a Ibiza. Porque no sólo trabajo en el verano, ya que hay que trabajar mucho en esa temporada para pasar el invierno, pero cuando uno ya está entre ibicencos es diferente el invierno. Es diferente la vida. Hoy siento que pertenezco a Ibiza, me lo hacen sentir.

¿Diego Torres fue una bisagra en tu vida?

Sí, por supuesto. De hecho este año fue a Ibiza a visitarme y estuvo cinco días maravillosos, junto con su esposa Déborah y su hijita Nina, y con su primo el "Gordo" Minetto y Celeste, su esposa, a quien no veía hace 15 años. Encima Diego no me dijo que lo traía, así que fue una gran sorpresa. Con Diego, más que una bisagra fue el comienzo. No mi comienzo como músico, ya que mi inicio fue acá, en la Banda Municipal en el año ´80 con el maestro Emilio Alberto Sobrino. Emilio y Sergio Petacco son mis dos grandes padres musicales. Después llegó la época en la que me fui a vivir a Buenos Aires siendo muy jovencito, pero al año de estar en Capital, con 17 años, lo conocí a Diego Torres en la calle. El ni había grabado su primer disco ni había hecho la Banda del Golden Rocket. Estaba buscando un piano para comprar y yo trabajaba en una tienda de venta de instrumentos. Ahí nació nuestra amistad. Cuando éramos nadie. Diego fue el principio de ese mundo profesional de música a nivel mundial que pude vivir.

Después te llamó para hacer la gira…

Sí, pero es que siempre estábamos juntos. Yo no empecé a tocar al principio a tocar con él porque yo trabajaba con los Carabajal y con Mercedes Sosa, con los folcloristas. Luego hubo una situación fortuita en la banda de Diego cuando hizo la gira por Centroamérica, ya que el cubano Alexander Batista –que aún sigue con él- en ese momento por el tema del pasaporte no podía salir de la Argentina, y ahí me llamó Diego. Cuando volvimos, siguió Alexander y yo también. Eso fue en el 94/95. En el 2000 rearmó su banda y me dio la dirección musical, y allí estuve hasta 2006 cuando ya no trabajé más con él. Fueron 15 años de trabajo. En 2003 cantó para el Papa Juan Pablo ll y yo estaba con él, y allí ya me fui relacionando con mucha gente de Madrid.

¿Por qué no trabajaste más con Diego Torres?

Porque ya decidí quedare quieto en Madrid. Era como un ciclo cumplido también. Yo tenía necesidad de conocer otras cosas, de hacer algo diferente como músico, y ello me llevó a quedarme en Madrid. Cuando las cosas me fueron mal también hice de mozo. Durante un año y medio, todas las noches, salía por todos los bares de Madrid con el saxo, donde se juntaban todos los músicos a tocar. Todas las noches. Allí me pedían el teléfono, nos intercambiábamos los números de móviles. Yo había hecho una inversión que no me salió bien y quedé en muy mala situación económica. Ahí tuve que decidir si me quedaba a vivir en España o volvía vencido a la Argentina. Lo pensé mucho y un amigo me ofreció un trabajo en un restaurante de Madrid. Fueron 9 meses.

¿Ahí atendiste a Di Stéfano y a todos los jugadores del Real Madrid?

Sí, claro. Don Alfredo llegaba y decía "quiero que me atienda el rubio". No trabamos una amistad pero sí una buena relación. Era de muy pocas pulgas, pero conmigo tenía buena onda. También tuve relación con la familia Higuaín, como el Pipa, Pipita, Gonzalo, Nancy, Nico, Fede. Los atendía como mozo, pero se quedaban a jugar al truco y me invitaban cuando mi turno se terminaba. Con Pipa y Nico ganábamos todos los partidos, así que ya después me invitaban hasta los asados en su casa. O me compraba medialunas en una panadería argentina y me iba a la casa del Pipa a tomar mates con facturas. Fue una linda amistad. Y también iban todos los jugadores del Madrid, así que los atendía siempre. Después se terminó ese proceso en el restaurante porque en verano bajaba el trabajo, como pasa en verano en Buenos Aires, y yo aprendí el oficio de camarero con un chileno y un ecuatoriano, fui su ayudante. Fue hermoso, pero muy duro, eran 14 horas por día. No sabía cómo trabajar, pero sabía cómo quería que me trate un mozo y entonces fui con esa actitud a la mesa. Es como subirse a un escenario a tocar, y desde esa experiencia aprendí que el verdadero dueño del restaurante es el mozo, porque podés tener el mejor cocinero pero no podés fallar con el camarero. Tiene un poder gigantesco y a la vez es brindar un servicio, y subir al escenario con un instrumento también es brindar un servicio. Son parecidos. Tenían que reducir el plantel de empleados y había gente joven que querían hacer carrera, y yo era músico y si me salía algo me iba a ir, así que el dueño me lo dijo y yo lo acepté. Me pareció perfecto. Al otro día me escribió un baterista que había conocido en esas noches que salía, que tenía un estudio de grabación en Madrid, con su socio tenían un par de proyectos y me preguntaron si me interesaba. Era el estudio número 1 de grabación de Madrid. De ahí me salió todo. No lo de Coti, al que conocía de los años ´90. Pero caí en ese estudio y a los dos meses terminé viviendo ahí, grabando discos e hice giras con Ana Belén, Víctor Manuel y Miguel Ríos, con los grandes de España. Fue muy loco. Porque todo me volvió.

Qué increíble, porque parece que se te termina una etapa y nace otra mucho mejor…

Sí, fue así. Luego vino lo de Julio Iglesias, en 2012.

¿Cómo fue eso?

Fue muy fuerte la historia. Es el número 1 a nivel mundial como cantante latino. Nadie vendió más discos que él, salvo Michael Jackson. Julio, Elvis Presley y Los Beatles están al mismo nivel de ventas con casi 500 millones de discos. Es una locura. Y es una persona con un poder tremendo, no sólo como cantante. Estamos hablando de un tipo que tiene una de las diez fortunas más grandes del mundo, dueño de empresas, petroleras, bodegas, es monstruoso. Me trataba muy bien. Me decía Rodolfito. Era uno de los pocos que trataba bien, ya que era muy áspero. Yo estaba como director y era uno de los pocos que viajaba en su avión, ya que el resto iba en avión de línea. Lo de Julio Iglesias salió a través de un amigo con el que trabajé muchos años que es muy conocido y se llama Afo Verde, que es un gran productor de discos. Hoy, Afo es el segundo o tercero de Sony Music mundial. Es el presidente de Sonic Latin, una figura muy grande, y tenía buena relación con Iglesias, quien quería hacer cambios en su banda y a Afo se le iluminó por decirme a mí. Yo estaba empezando la gira con Ana Belén y Víctor Manuel; Afo me llama desde Miami y me dijo que Julio me quería conocer, así que tuve que hacer unos movimientos terribles. Fue complicado y Ana no lo tomó bien, aunque después volví a trabajar con ella. Pero era como que me llamaran a jugar en el Barcelona. Es que 2013 fue un año de transformación en Madrid, hasta que llegó la oferta de Ibiza por quince días y hace seis años que vivo allí.

NOTA: la segunda parte de la entrevista con Rolfi Calahorrano será publicada en nuestra próxima edición.



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