Edición Anterior: 26 de Abril de 2020
Edición impresa // La Ciudad
Capítulo 36
Tu íntimo secreto
Victoria estaba entretenida acomodando unos libros cuando la puerta de la biblioteca se abrió. Dorita había salido a comprar unas masitas finas a la confitería El Águila y se encontraba sola. Casi se le cae el pesado ejemplar que sostenía en las manos cuando escuchó la voz del comisario Peralta a sus espaldas.

—Parece que no pierdo la manía de asustarte —dijo él, en tono burlón mientras se apresuraba a sujetar la escalera con fuerza para evitar que se cayera.

Victoria, con el libro pegado al pecho y el corazón en la garganta, le dedicó una sonrisa.

—Estaba demasiado absorta en mi trabajo y no te oí llegar. —Aceptó la mano que él le ofrecía y bajó con cuidado. —La biblioteca es demasiado silenciosa, aun así, suelo perderme en mis pensamientos con mucha facilidad.

Peralta arrugó el ceño.

—¿En qué tanto pensabas? Si es que se puede saber, claro.

Victoria le indicó que la acompañase al salón principal y se dispuso a ordenar una pila de libros para ocultar su nerviosismo.

—Me enteré que la mujer que apareció muerta es Tita —dijo, mirándolo de reojo—. Cuando pregunté por ella en el cabaret y me informaron que no la habían visto, jamás pensé que terminaría de esa manera… —Se dio cuenta de que le temblaban las manos.

Martín también se percató de ello y las apretó suavemente entre las suyas.

—Es verdad. Fue hallada cerca del hospital y aunque todavía no están los resultados definitivos de la autopsia, sabemos que ella, al igual que Alcira y Rosa Cardozo, fue estrangulada.

—¿El mismo asesino?

Peralta asintió.

—Por eso he venido a verte, Victoria. —La instó a tomar asiento. Necesitaba que lo escuchase con mucha atención. —La Nuit es el nexo que une las tres muertes. Después de que la propia Tita mencionara que Alcira estuvo allí al menos en una ocasión, es la punta del ovillo del caso. Quiero que ya no vuelvas a ese lugar…

—¡No podés pedirme eso! —saltó Victoria, entre la sorpresa y el enojo—. ¡No voy a renunciar a mi sueño!

Martín no pudo hacer nada cuando ella apartó la mano y le dio vuelta la cara.

—Tenés que entender que es por tu seguridad, Victoria. Gardelia está en el ojo del huracán, exponiéndose cada noche al subir a ese escenario —le explicó, tratando de hacerla entrar en razón— no podría soportar que algo malo te ocurriese.

Esas últimas palabras, que sonaron casi como una confesión, provocaron que Victoria se volviera hacia él.

—Tengo miedo de perderte a vos también. ¿Es tan complicado de entender?

—No me va a pasar nada —le aseguró. Ahora era ella quien apretaba sus manos.

—No quiero que te pase nada. —Le acarició la mejilla con ternura—. Corrés peligro yendo a ese lugar y yo no podré estar todo el tiempo a tu lado para protegerte.

—Si te deja más tranquilo, le puedo pedir a mis amigas que me acompañen.

—¿Eso incluye también a Madariaga?

Victoria se quedó callada. Si se lo pedía a Estelita, sabía que Lautaro irremediablemente terminaría formando parte de la jugada.

—Es el hermano de una de ellas. Mi amiga vive en el campo y es lo más normal del mundo que Lautaro sea quien la traiga y la lleve a la ciudad, sobre todo de noche. ¿No te parece?

Mascullando algo que Victoria no alcanzó a entender, el comisario asintió de mala gana. Aunque le disgustaba la idea de que el entrometido de Madariaga rondase a Victoria, era razonable lo que ella decía.

—¿Voy a tener que dejar tu seguridad en manos de ese tipo? —replicó, molesto.

—¿Qué es lo que realmente te molesta, Martín? ¿Qué Lautaro gane terreno al estar cerca mío o que se aproveche precisamente de esa supuesta cercanía, para seguir alimentando esa guerra absurda que hay entre ustedes y que no parece tener fin?

Cuando Victoria lo llamaba por su nombre de pila, era difícil pensar con claridad. No sabía qué respuesta darle. La verdad era que las dos posibilidades, al menos en su caso, iban de la mano. Estaba celoso, pero también tenía miedo de que todo se torciera en su contra, y encima, poner en riesgo la vida de Victoria.

—El periodista anda detrás tuyo —fue lo primero que se le ocurrió decirle.

—Es cierto. Lautaro me confesó que le gusto y quiere que le dé una oportunidad.

—¿Qué hizo qué? —replicó Peralta, perdiendo los estribos.

—Lo que Lautaro haya dicho o hecho no importa. —Prefirió no decirle nada acerca de la jugarreta que había urdido en complicidad con su hermana para verla. No tenía caso que además de despotricar en contra de Lautaro, también se enojase con Estelita. —Jamás habrá nada entre él y yo, Martín.

—¿Me lo jurás?

—¿Acaso hace falta? —Esbozó una sonrisa seductora que afirmaba quién era el destinatario de todos sus suspiros.

Cuando Martín se levantó de repente, Victoria creyó que se iría enfadado con ella. Sin embargo; él la obligó a pararse también y la sorprendió, sujetándola de la cintura. La miró a los ojos mientras enredaba los dedos en su melena ondulada. Quería que la besara y no podía esperar para sentir de nuevo los labios del comisario Peralta sobre los suyos. Entre ellos había nacido un sentimiento profundo que iba más allá del deseo. Esta vez, fue Victoria quien tomó la iniciativa. Se puso en puntas de pie y colocó sus manos en el pecho masculino, pegándose más a él. Se humedeció la boca y lo besó. Hubo ternura y pasión en ese segundo beso que compartían. Como la primera vez, se olvidaron del mundo que los rodeaba y del sitio en el cual se encontraban. Alguien carraspeó con fuerza a sus espaldas y con torpeza, se separaron.

—Buenas tardes —saludó Estelita Madariaga, algo acalorada y nerviosa por la escena que acababa de presenciar.

—Buenas tardes, señorita —respondió el comisario, un poco abochornado—. Será mejor que vuelva a la comisaría. —Le lanzó una última mirada a Victoria—. No hemos terminado de hablar.

Victoria asintió. Lo acompañó hasta la puerta y le dijo que la buscara al día siguiente en el cabaret. Él iba a protestar, pero no tuvo más remedio que marcharse.

Cuando Victoria regresó al salón, Estelita la estaba esperando con los brazos en jarra.

—¿Desde cuándo tanta intimidad con el comisario? ¡No me voy de acá hasta que me lo cuentes todo!

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