Edición Anterior: 13 de Septiembre de 2020
Edición impresa // La Ciudad
Historia
Una colectividad numerosa
Por Aurora Alonso de Rocha

En la provincia de Buenos Aires la inmigración a los pueblos nuevos fue un fenómeno temprano, fuerte e integrador pero que recién a lo largo del siglo XX se pudo investigar en profundidad. En Olavarría se pudieron revisar documentos, fotografías y diarios bien conservados y así corregir errores de la joven historia.

Sabemos que el grupo mayor en número y en el peso social y económico inicial fue el de los españoles, seguidos de cerca por los italianos, los franceses y luego otros. A partir de las actas societarias y otros testimonios que se conservan y están en buena parte o totalmente traducidos, se puede corregir algún equívoco.

Por ejemplo, algo paradojal: ¿por qué la primera sociedad de socorros mutuos, que era la creación rápida de los inmigrantes numerosos para atender a la asistencia social además de las relaciones culturales y patrióticas, fue la Menotti-Garibaldi de los italianos, de 1883, y no la Sociedad Española?

Hoy sabemos que se debió a la mayor necesidad de los italianos que no eran hispano parlantes y escribientes, de ser asistidos en los trámites para conseguir la personalidad jurídica y gestionar la asistencia en farmacias, médicos, comercios, oficinas. Y la historia de ellos y de quiénes los ayudaron es una buena muestra de un origen amistoso pleno de generosidad. Conviene tenerlo presente.

Del otro lado del arroyo se habían instalado muchos italianos en lo que se llamó el Pueblo Nuevo. Allí tenía su carpintería el señor Araujo (Araúxo en gallego) y fue en ella que se reunieron los vecinos que fundaron la Società Italiana di Mutuo Soccorso que llevó el nombre del hijo de Giuseppe Garibaldi.

Para escribir y para traducir papeles estaba el señor Peregrino Noya, español de Galicia como Araujo, tronco de una familia que tiene aquí descendientes músicos como él. En la primera acta de la Sociedad Italiana consta `reunidos en la carpintería del señor Araujo…`. Este hombre -o un pariente de igual nombre - fue propietario más tarde del periódico La Patria. Era natural de Pontevedra. De la familia Noya aparece un abuelo común a varias ramas, Jacinto Noya Martínez, de Cesures en La Coruña, casado con Juana Suárez Fariña, de Betanzos, registrado como ´artesano y músico`.

La misma muestra de solidaridad entre grupos de distinta nación se repitió en 1920, al fundarse la Sociedad Líbano-Siria y cuyo primer presidente fue el doctor Juan Errecart, un abogado y caudillo radical.

Los españoles tuvieron su propia mutual en 1885 a la vuelta del edificio –y hospital- de los italianos, en donde luego se levantó el Club Español, también con un hospital. Éste no llegó a equiparse porque italianos y españoles se adhirieron al que iba a levantar la Municipalidad, a propuesta del cura Castro Rodríguez; pero esa es otra historia.

Hay otra paradoja que toca a los españoles.

Basta ver los planos del primitivo centro de la ciudad y sumarles las actas societarias y los documentos de las primeras instituciones –y especialmente primeros comercios- para saber que la mayoría de extranjeros eran españoles y, de éstos, gallegos. Sin embargo, no tenemos ni tuvimos, como en Mar del Plata, Dorrego, Azul, etcétera, una sociedad que los reuniera y su tradición está bastante perdida.

Pocos descendientes conocen su origen o el de su apellido o la geografía de su tierra de origen. La explicación parece ser precisamente -y esta es la contradicción-, el mayor número sumado a la condición generalizada de pobladores urbanos y por ello con mayor frecuencia en los intercambios sociales. A diferencia de los franceses, que llegaron pronto en gran número y fueron en mayoría gente de campo, los gallegos fueron varones comerciantes, algunos muy exitosos, se quedaron en la ciudad y formaron familias con mujeres de otro origen. Se mimetizaron con más rapidez y el idioma, que no se hablaba en la casa si había uno solo para hacerlo, se perdió.

Hablar de los más exitosos parece un capricho pero responde a un motivo que la Historia suele lamentar: los que hacen fortuna son los que permanecen en los documentos del ámbito público. Yendo atrás en el tiempo quedan fuera de la historia familiar solo los que resulten peculiares por sus virtudes, sus defectos o alguna situación única. Por ello seguiremos en la zona céntrica cerca de la plaza central, privilegiada para el comercio. Fue, en cierta manera, `colonizada` por muchos gallegos. La esquina de San Martín y Rivadavia (Rivadavia es apellido gallego,`a orillas del camino`), fue ocupada en 1882 por el primer `maestro y preceptor`, Perfecto Losada Caballero. Era una casa de dos plantas de la que todavía queda una parte del frente, y abajo estaba la farmacia Del Siglo, de Ventura Estevez; era el primer farmacéutico con título –de Santiago de Compostela revalidado en Buenos Aires-, que hizo valer en un juicio que ganó. Pasando la escuela, en el lugar donde ahora hay un supermercado, había hasta hace unos cincuenta años una casa vieja que servía para Parques y Plazas del municipio. Era la casa de Juan Reboyras, molinero en sociedad con Pastor Fernández.

Si avanzamos, encontraremos en la esquina de Rivadavia y Belgrano, La Sin Nombre de Gómez (una humorada) de otro gallego, y enfrente otro almacén de ramos generales que se considera el primero en la zona urbana, del señor Moya, que no era gallego pero se asoció en los años de 1890 con el pontevedrés Francisco Sanmarco y Rosa. Abarcaba toda la manzana y había servido de refugio contra el último malón que llegó a la zona urbana, en 1875. Cuando Sanmarco murió parte de la manzana quedó en la familia igual que el negocio `Viuda de Sanmarco e hijos` que abarcaba la esquina donde más tarde se estableció el tan recordado don Ignacio Alvarez, natural de Lugo, con su farmacia.

Siguiendo por Rivadavia encontramos la Sociedad Española, edificada en dos edificios levantados en dos fechas de las últimas décadas del siglo XIX, además del Club Español en 1903.

Sobre Rivadavia y Vicente López hubo desde el comienzo almacenes y tiendas hasta llegar a la Perfumería Catoira, pasando por Gabín Rocha y García Blanco ropa para caballeros.

Jose Lis tenía su negocio de ramos generales en la esquina de Vicente López y Belgrano. Había nacido en Ponte Caldelas, Pontevedra, una localidad cuyas tierras pertenecían a la Catedral de Santiago de Compostela, un lugar con mucha historia y vinculado a los Caminos de Santiago. Era hijo de Manuel Lis y María Oubiñas. Llegó joven y solo a Azul, donde sus parientes tenían ya un Juez de Paz y un Comisario de policía. Años más tarde viene a Olavarría, se establece con su negocio y se casa con una hija de vascos, Josefa Gainza. Parece haber sido al principio dependiente de negocio porque en 1903 participa del movimiento gremial que pide el descanso dominical. Es músico y durante cinco años dirige la banda municipal, dona unos elegantes uniformes y da clases y redacta los estatutos de la Escuela de Música. En 1900 había cofundado el Banco de Olavarría, del que fue primer presidente del directorio.

Un aviso de su negocio:

LA CONFIANZA ALMACEN TIENDA MUEBLERIA FERRETERIA Y CORRALON DE

MADERAS Y FIERROS DE JOSE LIS

Surtido completo en todos los ramos que sigo vendiendo a precios sin competencia.

Autorizado por el Banco Español del Río de la Plata doy giros sobre Europa. En España todos los pueblos y ciudades. De Italia catorce mil pueblos. Francia. Austria. Bélgica. Alemania. Inglaterra. Suiza y Rusia. Todas las capitales y principales ciudades. Agente de la Compañía de Navegación Hamburgo Americana.

Frente a plaza, al lado del actual Teatro Municipal, estuvo la primera capilla que luego fue la primera iglesia parroquial a cargo del cura Castro Rodríguez, nacido en La Coruña (*)

En los terrenos del fondo sobre la calle San Martín la Municipalidad levantó una casa que el pueblo donó en 1896 al doctor Angel Pintos, de origen gallego y azuleño, pagada con una suscripción popular para agradecerle su atención a los vecinos del campo y la campaña, especialmente durante las pestes. En la misma manzana, frente a la plaza, se recuerda la Tienda San Martín de don Benito Cibeira Calviño hijo de José Cibeira Cardelle y Dolores Calviño Mejuto, de Lalín (como los padres de Ricardo Alfonsín).

Es una pena que sólo podamos mencionar a los que la Historia conservó en los testimonios escritos, las fotografías y las crónicas de los diarios, que pueden dar fe, o a los que fueron cercanos a ellos. Sería justo que, aunque tarde, los descendientes de gallegos de esta zona puedan conocer algo del pasado, que el rescate sea una realidad como lo fue para otros inmigrantes.

Como dato pintoresco, veamos cómo muchos apellidos gallegos corresponden a árboles: Pereira y Pereiro, que dan peras, y Maceira, que da manzanas; Moreyra, moras; Oliveira, el olivo; Viñas y Videira, la uva; Cerdeira y Cereijo o Cereixo, cerezas; Castiñeira, castañas; Filgueira, higos; Abeleira y Amieiro, avellanas; Nogueira, nueces; Cibeira, ciruelas. Y Carballo, Carballeira o Carballido, el roble; Loureiro, laurel; Salgueiro, el sauce; Piñeiro, pino; Cedreira, Cedrón; Silveira, la rosa mosqueta; Frexa y Freixas, que dan frutillas; Uzal, una flor del campo. Etcétera.

Leyendo las guías de teléfono puede decirse que en el interior de la provincia hay UN BOSQUE DE GALLEGOS.

(*) Galicia es una región autónoma formada por cuatro provincias: Lugo, Orense, La Coruña y Pontevedra.

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