Edición Anterior: 11 de Octubre de 2020
Edición impresa // La Ciudad
Carlos González fue el gran inventor de los "loteos"
Carlos Enrique José González formó una dupla histórica con Oscar Dappello. Fueron los que impulsaron la venta de lotes, tan famosos en la década del ´60. Con casi sesenta años en la profesión aún no se jubiló pero está en eso, porque el camino que emprendió su padre José y que continuó él, lo van a seguir sus hijos Carla y Gustavo.
Este taurino perseverante y consecuente, se nutrió de su padre (José González Guerra) para ir conociendo los secretos para ser martillero. De don José, también rematador obviamente, fue aprendiendo lo que era subirse a un pupitre y manejar el martillo, semblantear a la gente, mirarla a los ojos y ver dónde iba a estar la mejor oferta, además de ir manejando con maestría esa puja que se da cuenta hay dos o más interesados en comprar.

Carlos Enrique José González (80 años, cumplidos el 15 de mayo pasado) está tan activo como siempre, desde que empezó al lado de su padre y después cuando formó aquella sociedad, Dappello y González, que fue marca registrada en Olavarría. "Mi papá me llevaba los remates y ahí arrancó la historia. Iba con él a La Colina, a La Madrid, a donde nos pedían íbamos a hacer liquidación de comercios porque había gente que cambiaba de rubro o de querencia. Yo tenía menos de 22 años. Yo me matriculé de martillero en diciembre de 1962 y tuve inmobiliaria en el ´63. Me matriculé en La Plata. Había que tener el título de perito mercantil y con eso se obtenía la matrícula de martillero" recuerda Carlos.

"Empecé a trabajar solo, pero en 1963 me asocié con Oscar Leocadio Dappello. Es que Dappello y González fue una marca muy poderosa en Olavarría. Estuvimos 24 o 25 años trabajando juntos. Los dos teníamos tareas diferentes. El preparaba los loteos, hacía cortar el pasto, hacía abrir las calles, en aquellas épocas cuando se hacían los remates de lotes. Teníamos nuestro tractor, cortadora de pasto, llegamos a tener más de veinte empleados, con una organización muy completa" sigue diciendo González.

"A Parque Arano lo inventamos nosotros. Es una fracción que tiene 100 manzanas y eso se subdividió y se hizo el loteo. Y ahora hay que ver a lo que llegó Parque Arano. Arrancamos desde la nada, ya que hasta las plantas trajimos desde Mar del Plata" recordó sobre lo que hizo aquella recordada firma martillera que logró premios importantes, como el Cóndor de Oro, la Llave de Oro y la Cinta Azul de la Popularidad.

Los "loteos", aquella histórica y recordada venta de lotes, fue algo que nació con Dappello y González, en la histórica esquina de Vicente López y Hornos. Fue un invento de la famosa dupla. "Se puede decir que si", afirma don Carlos. "El sistema de venta en cuotas era muy bueno. Era 60 cuotas, el plan clásico, y eso le servía al comprador que pagaba cuotas mensuales y también a vendedor porque obtenía dos o tres cuotas de entrada, una a 30, dos a 60, dos a 120, y en seis meses el vendedor tenía 10 cuotas que le servía. Con el correr de los años las cuotas iban perdiendo poder adquisitivo, porque siempre hubo inflación. Pero era algo bueno. La gente podía hacer su casa. El que no se hizo la casa en la época nuestra fue porque no quiso. Inclusive podían pedir crédito", siguió contando respecto de aquella "época histórica" en nuestra ciudad.

"El loteo más grande fue entre Giovanelli, Laprida, Canaveri y Deán Funes. Ahí se remataron dos manzanas, un total de 50 lotes; nunca nos habían arriesgado a vender tanto, porque se necesita mucho público para vender esa cantidad. Es difícil, y además obtener un buen precio que es lo importante. Los rematamos en una hora y 15 minutos. Fue lo máximo en mi historia. También rematábamos casi todos los domingos 24 lotes de terrenos; teníamos que dar turnos para los propietarios porque no dábamos abasto. Y todos los remates salían bien, y eso nos llevó a triunfar. Como eran exitosos, los propietarios de tierras nos daban las manzanas para subdividir y vender, con absoluta confianza" explicó Carlos.

"Después se abrió la sociedad con Dappello porque sus hijos y los míos se hicieron grandes, y entonces hubo necesidad de abrir el camino. Pero todo fue en excelentes relaciones, porque Oscar fue un tipazo siempre e hicimos una gran sociedad. Mucha gente debe recordar los loteos que hacíamos antes" dijo González, para contar que "en la oficina ahora están mis hijos que también son martilleros: Carla (46, la que le ayudaba a repartir los volantes, en los remates y hasta en los semáforos), que se encarga de toda la administración, y Gustavo (52). Yo tengo 57 años de aportes y aún no estoy jubilado, ya que es un beneficio importante el que estoy perdiendo. Igual voy a seguir viniendo, seguramente, porque esto me gusta. Como todo. Hay que llevarlo en la sangre" afirmó.

"Cuando uno se sube a un pupitre, a medio metro del suelo o un poco más, y ahí uno actúa. Es una actuación, uno se transforma. Es que hay que competir con el público y también convencerlo de lo que estás vendiendo. Es todo un arte de persuadir a la gente para que haga oferta, y uno manda y dice si o no. Lo más difícil de un remate es la apertura, sobre todo cuando no hay oferta. Una base de venta de una casa demasiado cerca de su valor real es peligroso, porque no hay oferentes. Los loteos tenían éxito porque se les ponía una base irrisoria y de ahí iban subiendo. Después de la mitad el remate tomaba otro ritmo, superior" afirmó González.

"¿Una anécdota?: en el ´66 empezaron los loteos fuertes. Se vendió uno en 1 millón de pesos y se hicieron 15.095.000 pesos por una manzana. Cómo habrá sido de importante que fue publicado en El Popular. Eso sí, se pagaba en cuotas pero para esa época fue un valor alto realmente" terminó diciendo Carlos González, quien hoy celebra su día en familia, con sus hijos Fernando, Romina, Carla y Gustavo (estos dos últimos siguen sus pasos y los del abuelo José), fruto de su matrimonio con Ana María Colasurdo (78), y sus nietos Mariana, Francisco y Benjamín.

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