Edición Anterior: 11 de Octubre de 2020
Edición impresa // La Ciudad
ESCENARIO POLITICO. Carlos Raimundi se corta solo. Máximo va por la presidencia. Borzi y La Cámpora
Los frentes del Presidente, los dilemas de Eseverri y la espada principal del Intendente
Alberto Fernández debió salir a aclarar su posición internacional. Las acechanzas económicas que no retroceden. La interna de FDT. Hilario Galli lo salió a cruzar a Borzi y a Valicenti y se sube al ring. ¿El camporismo lo dejó solo a Ramiro?. Máximo en carrera y la tragedia tal vez evitable.
Cacho Fernández

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El primero de los problemas de la semana y que aún persiste es la cotización de dólar con un sinnúmero de amenazas sobre las economías familiares y el poder adquisitivo de los salarios.

Con un dólar por encima de los 165 (el argentino está dispuesto a pagar cualquier precio por el dólar) y la amenaza constante de una inflación indetenible e insoportable para la gente de ingresos fijos. Pero para el Presidente, esto no existió. En la conferencia del viernes se dedicó a recuperar la iniciativa otra vez con el factor sanitario y con un discurso colmado de voluntarismo y escasa racionalidad.

Si a ello se le suma la pandemia con las indetenibles estadísticas de contagios y muertes, la tormenta ya es perfecta. La imagen del Presidente en la conferencia habla por sí sola. Se mostró con el el gobernador de Jujuy y el de Santa Fe, uno radical y de Juntos por el Cambio y el otro un peronista casi ortodoxo, tuvo que ver con el afán de mostrar unidad ante el complicadísimo escenario que atraviesa hoy la Nación.

Alberto Fernández debió arreglar unos cuantos entuertos durante la semana. Uno fue el absurdo del embajador ante la OEA, Carlos Raimundi, de pretender no acompañar la condena a Venezuela por sus violaciones a los derechos humanos y hacer que su decisión fuese la del país.

Raimundi lo puso al Gobierno en el cadalso de Donald Trump y para colmo durante la visita del FMI, animándose al enfrentamiento con el presidente de los Estados Unidos justo cuando más Fernández necesita de su apoyo.

El radical K es un hombre tiene, como Leopoldo Moreau, el fanatismo de los conversos y en pleno siglo XXI han descubierto y sienten alguna culpa o nostalgia del pensamiento setentista. El anacronismo y por supuesto el grotesco es inevitable.

Es un ex Coordinadora que sigue empleando la falacia informal cuasi-lógica (así se denomina) de creer que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo".

De esa manera se posicionó a favor del gobierno venezolano creyendo absolutamente en un dictador como Nicolás Maduro y en contra de una demócrata como Michelle Bachelet. La lógica de Raimundi, y de quienes piensan como él es la de suponer que hay dictaduras buenas y dictaduras malas, lo que incluye obviamnete un desprecio total por la libertad.

Así pensaron quienes se oponían al nazismo y al fascismo italiano y ayudaban a construir a su vez la dictadura estalinista.

Bueno, esa es la lógica que rige la estructura mental de Raimundi. Frente a este grotesco de la historia nacional no cabe más que decir, junto al poeta ruso, Alexander Pushkin al leer la novela "Almas muertas" de su compatriota Nicolai Gogol, "ja ja, que tristes es el pueblo ruso". Solo que en este caso quienes causan risa por su patetismo serían algunos políticos argentinos entre los cuales estaría el inefable embajador ante la OEA.

Los frentes de Alberto

Alberto, más allá de la inaceptable dispersión en el ejercicio del poder, logró sortear más o menos el problema en el que lo había puesto el ex radical y ahora fundamentalista del cristinismo y el madurismo.

Debió salir por un momento de su ambigüedad -a veces buscada y funcional- para resolver el otro conflicto, aunque mucho menor, en el que lo había puesto la ex azafata y ex amiga de Hugo Chavez, Alicia Castro, quien al parecer todavía no se bajó del avión de las alucinaciones.

La Castro renunció a un cargo que no tenía (así cualquiera lo hace) y el tema se acabó de inmediato. Alguien del Congreso o del Ejecutivo la rescatará de su indigencia y la becará en algún cargo de asesora.

Alberto había logrado sortear dos escollos pero lo esperaba dos mucho peores, el del dólar y el de la propagación del virus, pero no el de la estupidez de sus diplomáticos sino el del Covid 19 para el que todavía, al menos, existe la esperanza de una vacuna. Los otros parecen no tener cura.

El dólar se dispara irremediablemente y el Covid también. Y junto con la moneda estadounidense, los precios ya se hincan para saltar a las nubes.

En tanto, los gremios estatales de la Provincia se prenden fuego en cualquier momento. Las bases no paran de poner a su dirigencia contra la pared y les piden que presionen por las paritarias, mientras la dirigencia, completamente cooptada por el gobierno se hacen los distraídos y quieren continuar gozando de las ventajas de ser parte de la gobernación en vez de representar a sus bases.

¿Unidad o disputa?

En el mismo interbloque del Frente de Todos ya se nota esta brecha al que algunos denominan democracia pero otros creen que al grupo de faltan bocas que hablen y le sobran oídos para escuchar a quienes dirigen. En una palabra, opinan que le faltaría participación igualitaria para serlo.

Tanto sería así que el mismo ministro del Interior, Wado de Pedro, presuponiendo esto y por el temor a que el espacio se vaya cerrando demasiado poniendo en peligro la performance del FDT para las próximas elecciones, comenzó a mandar emisarios a todo el país para armar una alternativa más amplia. En Olavarría y en la Séptima, esta "prueba" está referenciada en Patricia Bahl, quien ya ha comenzado a moverse.

La ex concejal comenzó su armado con artesanos de la Séptima y de la ciudad, y ya habría invitado a agrupaciones azuleñas de ese sector a sumarse a este espacio que buscaría disputarle la conducción al camporismo.

El diputado César Valicenti, supone que no es así, que Bahl llega para sumar, no a disputar, y estima que Patricia ya se olvidó que se la dejara sin trabajo en Desarrollo Social aquella vez cuando votó por un massista para presidir el Concejo Deliberante y no al candidato del kirchnerismo que venía de sufrir una verdadera paliza electoral.

Pero Valicenti es un hombre astuto y sabe que si la sube ya al ring le estaría levantando el precio. Por lo tanto, prefiere por ahora esperar el desenlace de esta "prueba" del titular de la cartera del Interior, y de paso esperar el momento oportuno para darle el famoso abrazo del oso.

Los límites de José

El eseverrismo, un tanto desarticulado y con una estrategia algo errática, pivotea entre Alberto Fernández, Sergio Massa y Emilio Monzó, aún sabiendo que este último es un coletivo que tiene destino en la estación Horacio Rodríguez Larreta, a quien consideran "un tipo dialoguista", haciendo hincapié en su método y no en su identidad político-ideológica.

Es que salvo los dos extremos de la grieta, hoy los espacios se parecen demasiado y cualquiera podría convivir con cualquiera. A veces, y mucho más en estos tiempos de pandemia, son las circunstancias las que determinan y cobran un rol decisivo.

No resultaría tan sorprendente que Eseverri se acerque a Larreta puesto que para el ex intendente, sus límites parecen ser La Cámpora o Cristina y Mauricio Macri, pero no el Jefe de la CABA. Lo cierto es que José sigue teniendo llegada a una pequeña burguesía local para quienes el perfil de Larreta encaja perfectamente.

Llamativamente el eseverrismo no asistió a varias firmas de convenios que hizo el ministro Katopodis, amigo íntimo de Eseverri, en algunos distritos de la Séptima.

Estuvo sí el diputado Valicenti, y quizás por ello no asistieron. "No queríamos incomodarlo", dijo una fuente del eseverrismo refiriéndose al ministro y al dilema que se le podía haber presentado por las contradicciones de los asistentes. De todos modos, esto no deja de ser un indicador de la tremenda distancia que hoy existe entre Eseverri y Valicenti, lo que no es un dato menor.


Máximo no espera

Mientras esto pasa, otros ya postulan la candidatura de Máximo Kirchner para 2023. Se trata de una agrupación camporista autodenominada Frente Patria Grande que ya lanzó la postulación de Máximo y de Mayra Mendoza para la vicepresidencia, prometiendo una "Argentina igualitaria" y por "la soberanía alimentaria", tal como lo volanteó en el intento que hizo el Gobierno por la expropiación de Vicentín, un hecho que inesperadamente, por su anterior alineación con Sergio Massa, reivindicó el economista Matías Tombolini, un massista hoy más muy radicalizado y mucho más cerca de Cristina que del tigrense.

Pero de pronto, este miércoles sorprendió a todo el mundo cuando defendió el intento de expropiación con el mismo ahinco que el Presidente en su momento y la senadora Fernández Sagasti, cuando se comenzó a pregongar la famosa "soberanía alimentaria", en fin, un eslogan y nada más.

Fuera de timing, quizas, y nadie descarta que fue Máximo quien comenzó a mostrar sus cartas, el "Frente Patria Grande", ya se lanzó al ruedo con la candidatura de Máximo y adelantó todos los tiempos, con consignas un poco extrañas y cuando la unidad latinoamericana parece ser casi imposible por la prevalencia del factor ideológico por sobre las terribles realidades y necesidades económicas. Y además, cuando otro "rodrigazo" parece estar a la vuelta de la esquina.


Tragedia para dos

Todo fue muy rápido, más de lo esperado. La gente de las mesas del café de Palermo lo escuchaban delirar, seguían sus movimientos con cierta inquietud, esperando de él una reacción inesperada. Nunca se sabe para donde va a disparar un brote psicótico.

Habían transcurrido apenas 15, 20 segundos o más, no se sabe. El tiempo es muchas veces algo diferente al que transcurre en los relojes. Cada uno tiene el suyo pero la humanidad se obstina en estandarizarlo como si fuera el mismo para todos, como si lo quisieran imponer.

El hombre estaba parado allí, con su mochila, con sus ojos desorbitados y palpitando cualquier cosa, lo que viniere. El odio o la locura o el afán de darle un sentido a esa vida que se había desorganizado completamente en su cabeza. Esa mañana pensó que lo podría hacer desquitándose con alguien. Buscó con quien hacerlo y lo encontró en ese oficial uniformado de la Policía Montada que se acercaba para disuadirlo.

El cuchillo le brillaba en su mano y solo había que usarlo, no importaba con quien ni para qué. la demencia es así, caótica y oscura a la vez, ilógica y sin sentido. Le llegó a doler tanto desorden.

El mundo se le había tornado algo insoportable desde el mismo momento en el que sintió que no podía ordenarlo en su mente y proyectarlo hacia el futuro.

El uniformado se acercó y trató de atraerlo a un terreno neutral. Tenía su arma pero le pareció demasiado asimétrico usarla contra un cuchillo manejado por una fuerza demente y brutal, sin ninguna lógica ni precaución.

Se lamentó por no disponer de algo intermedio para neutralizar esa brutalidad que se le acercaba decidida a todo. Pensó que el azar no le podía jugar una mala pasada, que todo esto pasaría y que pese a no poder reducirlo de alguna manera o que no acudiera alguien o algo para detenerlo, el destino no permitiría tanta insensatez.

De pronto sintió un dolor lacerante en su costado izquierdo y sintió que sus fuerzas languidecían. La muerte no podría ser algo tan absurdo, debía tener algún sentido. Ese dios que parece regular la vida no permitiría tanta locura, tanta banalidad justo en ese momento en el que la muerte acechaba por todas partes.

Pero ese hombre que blandía el cuchillo pareció no advertirlo. Solo le importaba darle un uso a lo que aferraba en su mano y encontrar algún sentido a su demencia que le había colapsado su cabeza.

Ya lo había elegido entre tantos, no importaba por qué, y el mundo estaba por detenerse para los dos. Posiblemente no haya escuchado los disparos de su compañero que habían dado en el cuerpo de su agresor. Ya era tarde para estos detalles.

Los cuerpos de Juan Pablo Roldán y Rodrigo Roza yacían casi juntos, uno en la vereda, cerquita de la calle y el otro apenas cerca del cordón. El absurdo se había consumado como si hubiese sido planeado por un dios cargado de perversidad.

Como siempre suele pasar, los extremos o la asimetría absoluta de las armas no había contado con algo intermedio para poder prevenir el hecho.

El debate de la política, como los disparos, también llegaron a destiempo, como si necesitaran de la prueba para salir de su pereza. La tragedia se había desarrollado en toda su dimensión y ya pertenecía al pasado.


La reacción de Hilario

En cuanto al legislador provincial, tanto él como el titular de la Región Sanitaria IX recibieron algunos palos del secretario de Gobierno, Hilario Galli, quien se perfila para ir siendo el vocero oficial del Intendente, lo que podría entenderse como una manera de subirse al ring para las próximas elecciones.

Frente a las acusaciones de ambos funcionarios K sobre la política sanitaria, Hilario Galli les respondió que "desde el inicio de la pandemia hemos utilizado 149 mil barbijos quirúrgicos y nos enviaron 2750 por mes. Lo mismo sucede con los guantes: usamos ya casi un millón y nos enviaron dos mil por única vez, y esto pone en evidencia que hay contradicciones en sus palabras", ¿lo trató de mentiroso?. "Borzi debe gestionar más y hablar menos en los medios ", le sacudió.

Además, calificar una gestión por lo sanitario es caer en una trampa en la que el mismo Kicillof y Fernández pueden quedar atrapados por los malos resultados de sus políticas. El esquema de calificar por el número de contagios tiene doble filo.

Tanto Borzi como el diputado criticaron duramente el levantamiento de los controles en los accesos a la ciudad interpretando con ello que se estaba dando un peligroso gesto de relajamiento para la población.

El secretario de Gobierno lo cruzó a Borzi al decir que éste había estado en contra cuando los colocaron y ahora cuestionaba su levantamiento. Lo extraño es que ante semejante acusación política no haya salido ni el psicólogo ni La Cámpora a responderle a Hilario Galli. Y se trata de política y no específicamente de Salud. "No se entiende como el camporismo lo dejó tan solo y expuesto a Borzi", se preguntó una alta fuente de la oposición.

La novedad, a partir de este incidente, entonces, es que Hilario Galli se transformó en la principal espada política del gobierno municipal.

En la Provincia, María Eugenia Vidal parece haber cerrado el acuerdo con los intendentes pero a Emilio Monzó, como referente interno del espacio, lo habría dejado afuera de cualquier arreglo.

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