Edición Anterior: 13 de Diciembre de 2020
Edición impresa // La Ciudad
Entrevista a la psicoanalista Alexandra Kohan
"Hay un enloquecimiento no patológico como respuesta sintomática a la pandemia"
La productividad como imperativo pandémico, los síntomas en el cuerpo y el futuro, en un presente en el que la sociedad parece estar fuera del tiempo. Alexandra Kohan, psicoanalista y docente, habla de cada uno de esos temas. Los feminismos y Maradona. Identidades y prácticas.
Claudia Rafael

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Alexandra Kohan es psicoanalista, docente universitaria y magister en Estudios Literarios. A nueve meses de iniciada la primera etapa de cuarentena en Argentina, habla –en entrevista con EL POPULAR- de la dimensión del tiempo y los síntomas corporales, la exacerbación de la productividad como imperativo de estos tiempos y la incomodidad que "siempre me parece mejor que la anestesia". Analiza el feminismo y, en particular, a partir de las divisiones que provocó el fenómeno Maradona habla de "varas morales" y cuestiona los feminismos liberales que –advierte- dejan de lado "la noción de clase, de trabajo, la de condiciones sociales".

-Hace nueve meses que estamos en pandemia. ¿Qué estamos pariendo?

-Me parece que más que lo que estamos pariendo sería lo que parimos en términos de lo que pasamos. Si uno se pone a pensar lo que creíamos del virus en abril y lo que sabemos hoy, vamos a ver cómo eso fue cambiando nuestras conductas cotidianas. Hoy todo se superpone con diciembre y uno cree que estamos terminando algo. Como si uno necesitara decir "ya está", "2021 es otro año" y en realidad no hay cambios muy radicales. Por lo tanto, no sé bien qué vamos a parir. La ecografía no ofrece mucha imagen. Lo que sí podemos pensar es que nada de lo que hagamos ahora, por más que podamos hacer mucho más, es igual. Estamos ante un escenario absolutamente diferente, incluso aunque uno retome esa horrible frase que es "nueva normalidad". Estamos atravesando la radical diferencia con el mundo tal y como era antes. Pero estamos adentro de eso.

-Es medio raro retomar actividades o empezarlas en una época del año en que generalmente terminan…

-Creo que la vivencia del tiempo está totalmente descuajeringada. Yo estoy mirando la agenda permanentemente porque se me vuelve extraño saber que ya estamos en diciembre. Hay calendarios que se imponen por sobre la vivencia subjetiva. Hay sensaciones corporales que no tienen que ver con lo que uno está o no haciendo. Hay un desacople entre el calendario y el cuerpo.

-En algún momento leí que hablabas de un paradigma pre pandémico que tenía que ver con el imperativo a la producción como parte del modelo capitalista y que, la cuarentena lo deja al desnudo…

-Lo que estuvimos viviendo a lo largo de la cuarentena y de la pandemia, porque la cuarentena terminó pero la pandemia sigue, fue un exceso de productividad. Hubo una especie de imposibilidad de cortar o una especie de continuo y la gente trabajó muchísimo más. No sólo por las demandas que implicaron nuevos modos de trabajo y acomodarse al nuevo escenario. Con un arrasar con los tiempos libres del otro y los empleadores comunicándose por whatsapp los fines de semana con los empleados, mucho más que antes. No es que antes no existiera. Pero se impuso que hay que estar todo el tiempo disponibles. Se exacerbó por el pasaje total a la virtualidad, a lo digital o como se lo quiera llamar. Como un taylorismo sin corte. Como subidos a la cinta de montaje. Sin poder parar. Me dio pena. Hubo mucha gente que no pudo parar ni ponerle límites a la gente que se desubicaba.

-Esa suerte de metáfora que queda expuesta por completo con Chaplin en Tiempos modernos en este presente, ¿puede ser también un pasaporte a la locura?

-No. No podríamos ponerlo como causa de locura. Es un tiempo en el que todo está un poco enloquecido. El cuerpo está enloquecido. Hay problemas para dormir. La gente está muy cansada. Hay un enloquecimiento en un sentido no patológico sino como respuesta, por suerte, sintomática del cuerpo. Creo que está muy bien que el cuerpo reaccione con síntomas. ¿Cómo sería que uno siguiera igual en esta cosa inédita, radical, que le pasó al mundo? En ese sentido, todo está desacomodado: el cuerpo respecto de la agenda, el cuerpo respecto del tiempo, el cuerpo respecto del porvenir, qué futuro hay ahora, cómo aparece la noción de futuro si es que aparece.

-Hay quienes, por diversas razones, terminan mandando mails laborales a las 3 de la madrugada…

-Y ahí no sé si no puede parar o se le atrasó el trabajo. Es una locura que un empleado esté mandando un mail laboral a la madrugada. Ni siquiera por uno que ni se entera hasta el día siguiente. Entiendo que es un momento en que lamentablemente hay más explotación laboral porque la gente tiene miedo de perder el trabajo y hace cualquier cosa. Y queda más subrayada la explotación que existe siempre. Pienso en el 2001 y cómo aumenta la precarización laboral y la imposibilidad de los empleados de decir que no al empleador. Se empieza a echar gente y todo queda sobrecargado sobre un mismo empleado y ese mismo empleado no puede decir que no porque tiene miedo de que lo echen. En ese sentido, sí podemos hablar de exceso de explotación si es que vale el término porque para mí, ya la explotación es un exceso. Entonces es como una redundancia. Quedan a la vista la explotación y la precarización que ya existían.

-Hablabas recién del 2001 y de la representación del futuro. ¿Cómo creés que se dimensiona hoy el futuro, si es que se puede dimensionar?

-Me parece que lo que aprendimos este año... Bah… no diría que fue un aprendizaje sino más bien que nos topamos con eso de golpe y no nos quedó otra que reducir esa proyección. Son tiempos que se acortaron. En estos días releí el cuento de Emma Zunz, de Borges, y me encontré con esto, tan perfecto, como si hubiera sido escrito ahora. Dice: "Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman". No hay más continuidad. Por un lado, uno no puede parar de producir. Por otro, todo está medio cortado. Y no hay más pasado, presente y futuro. Estamos como fuera del tiempo. Algo así como una vivencia subjetiva. Está extrañado todo aquello que antes era familiar. Y ese extrañamiento produce cierta inquietud. Y es lo que Freud llamó "lo ominoso". Por suerte, creo, uno tiene cierta resistencia a acomodarse tan rápidamente a esto que nos toca vivir. Y creo que es un signo de salud. El resistirse a adaptarse plenamente a esto. Uno sigue incómodo. Y la incomodidad siempre me parece mejor que la anestesia.

-En todo caso, en ese adormecimiento hay una falta de reacción.

-Claro. Uno se adapta muy rápido y eso nos conduce directamente a la alienación. Estar un poco incómodos, nos permite estar atentos a ciertas cuestiones para poder decir que no a lo que se puede decir que no.

-A partir de la muerte de Diego Maradona, se produjeron una serie de debates al interior de los distintos feminismos. ¿Cuál es tu mirada?

-Yo no entiendo qué tiene que ver la muerte de Diego Maradona con el feminismo. Por qué el feminismo tiene que pronunciarse a favor o en contra. Pero también cuestiono que ciertos sectores del feminismo salgan a decir que está bien o que está mal llorar por él. Por qué el feminismo tendría que ser la vara para decirnos si podemos llorar o no algo. Por qué tiene que habilitarnos, autorizarnos a algo. Al menos, por como yo atravieso el feminismo, me preocupa que se hayan convertido en una nueva vara moral.

-Y ¿cómo atravesás vos el feminismo?

-En principio te diría que nunca estoy del todo segura de si soy o no feminista. No me autoproclamo feminista en el sentido de que para mí el feminismo no es una forma de ser sino una práctica. Y esa práctica no está garantizada. Con lo cual a mí me interesa siempre revisar desde dónde tomo la palabra, qué tipo de cuestiones me interesan leer, me gusta revisarme cuando ocupo un lugar de poder y cómo lo estoy ocupando. Entiendo que es una práctica y no una identidad. Me molesta cuando el feminismo se transforma en una identidad porque uno termina teniendo que obedecer a esa identidad que se autoimpuso. Hoy todo el mundo se dice feminista. Y como se dice feminista y se pone esa etiqueta, ya no hay que revisar nada. Me gusta el feminismo como práctica y como disputa política. Pero no en términos identitarios. Porque me parece que eso impide pensar.

-¿Creés que eso implica marcar un nuevo deber ser?

-Sí, totalmente. Y de ahí vamos al estereotipo y de ahí al prejuicio y la obediencia. Que significan disciplinamientos. Que es "una feminista ¿puede o no llorar a Diego Maradona?". Entonces creo que hay que subrayar que el problema es decir "ser feminista" como identidad. Porque efectivamente es llevar en mano un manual de la buena feminista. Entonces después uno se topa con sus propias contradicciones y qué hace. Porque todos tenemos contradicciones. Me parece que la cuestión es revisar prácticas y seguir luchando por las políticas que queremos que estén garantizadas. Pero no armar nuevos manuales del deber ser.

-¿Creés que en realidad hay dificultades para discutirles a los paradigmas?

-A mí eso me resulta mucho más emancipador que asegurarme en una identidad. En el psicoanálisis también y no sólo en el feminismo. Que es pensar esto que aparece como dado y fijo. Sospechar un poco de esas cosas.

-Aunque no es fácil…

-Es que es difícil porque nos hace vacilar certezas que en principio nos daban cierta tranquilidad. Y por eso es difícil e incómodo. Pero yo también digo que lo único que no es difícil en la vida es estar muerto. Vivir es difícil. Pero no es sin costos estar aferrados a certezas todo el tiempo. No es sin consecuencias. Parece más fácil, más cómodo, pero no deja de tener consecuencias costosas para alguien. Es difícil atravesar o hacer vacilar las certezas pero después hay algo que produce cierto alivio. Que es ser un poco más consecuente con uno.

-Amigarse con las libertades…

-Soportar las libertades, que no son tan sencillas de soportar.

-En los últimos años, tomó auge la palabra "empoderamiento" como un lugar al que llegar y que, si no me equivoco, creo que es bastante nueva.

-Es una palabra que es nueva acá pero no en Estados Unidos. La noción de "empowerment" que venía –hablando de productividad- de las organizaciones empresariales. Si le preguntás a alguien de recursos humanos te va a decir que un empleado tiene que tener competencia en "empowerment". Me parece una palabra espantosa porque es imperativa pero además porque conlleva a una noción de poder que no comparto y que es que el poder lo tiene alguien. Entonces es llenarse de poder, cuando a mí lo que en realidad me interesa es leer las relaciones de poder. Sería necio suponer que cuando la mujer tiene poder no abusa de él. Sería una concepción bastante esencialista del poder. Y cuando te dicen que tenés que empoderarte implica mucha presión. Que tenés que sacar pecho e ir para adelante.

-¿Lo que estás planteando es que aleja de la equidad?

-Hay un librito que se llama "Feminismo para un 99%" de Nancy Fraser y otras dos autoras que hablan de lo que llaman feminismo liberal. Que dice que ahora seríamos las mujeres las que tendríamos que pisar cabezas. Incluso de otras mujeres. Y son críticas de ese feminismo porque plantean que de lo que se trata es de buscar equidad.

-¿Cómo encajás esos conceptos en una sociedad en la que los femicidios son una práctica constante?

-Lo que creo es que no aparece nunca la noción de clase, de trabajo, de condiciones sociales. En el feminismo liberal que pretende que nos empoderemos no entra todo aquello que creo que hay que tener en cuenta. Incluso para pensar los femicidios también.

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