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Franco Luciani mostró todo su virtuosismo

El armonicista rosarino Franco Luciani necesitó pocos minutos en el escenario en la primera luna del Festival de Folklore de Cosquín para apuntalar una certeza: se trata de uno de los artistas que, por virtuosismo y criterio estético, insinúa una mayor proyección.

Luciani ha logrado en la última década (irrumpió en 2002 en la escena grande como estandarte del concurso Pre-Cosquín) convencer a los cultores de todas las corrientes del circuito de la música de raíz criolla. Una versión de la zamba "La alejada", de Cayetano Saluzzi, dio el puntapié inicial de su concierto y, acaso, entregó en ese impulso los mejores tres minutos de la primera jornada del 52do. Festival de Cosquín. El talento del rosarino, ganador del premio Consagración 2010, se irradió hacia el color de la bossa nova con "Noches de San Joao" y luego, con el mismo brillo, se despidió con "A vos que te encanta".

Otro momento luminoso de la noche fue la performance de la bailarina clásica Eleonora Cassano, quien recurrió a la fuerza de Cosquín para consumar un ciclo que marcará su despedida de los escenarios. Apoyada por el ballet Camin y el ballet Internacional de la Costa, Cassano consiguió la atención del fervoroso público festivalero con una trama dirigida por Osvaldo Ues sobre tangos y música de Alberto Ginastera.

La coplera salteña Mariana Carrizo conmovió con sus ancestrales versos que rescatan la condición femenina. También, a través de la contundencia de "Coplas para un gobierno", entregó su testimonio en defensa del pueblo que rodea al cerro riojano de Famatina que lucha contra la explotación minera a cielo abierto. El cantor jujeño Tomás Lipán y la aerofonista salteña Mariana Cayón, con enfoques disímiles, consiguieron a su modo el respeto del público en la plaza Próspero Molina.

Por su parte, la formación tucumana Los Arrieros, continuadora del estilo musical de Los Chalchaleros, fue víctima de un abrupto final dictado por el retraso de la programación, mientras que el grupo Ceibo, el primero en salir a escena, mostró un sendero vacilante con timbres rockeros y yeites melódicos.

Mientras que el salteño Oscar Chaqueño Palavecino encarna, acaso como ningún otro, el prototipo del cantor festivalero, proclive a la velocidad, la estridencia y la exaltación; condiciones que lo erigieron en la madrugada del sábado en el encargado de inaugurar el 52do. Festival de Folklore de Cosquín.

La elección de Palavecino, refrendada por el clamor del público en la Plaza Próspero Molina, importa una inequívoca declaración de identidad por parte de la comisión organizadora. La estampa del cantor salteño, algo fatigada por el trajín que supone transitar tantos festivales (es difícil escucharlo en un ámbito diferente), bastó de todas formas para cumplir con la expectativa de atizar el temperamento del público.

Esta vez la actuación de Palavecino estuvo lejos de las noches maratónicas de otras ediciones (el año pasado cantó algo más de dos horas y media): acotó su presencia a 78 minutos. Si bien la reducción se fundó en una cuestión de horario y en la proximidad de la presentación del Chaqueño en la Fiesta Nacional del Chamamé, habrá que computar que la voz del cantor, lacerada, puede saludar esa contingencia. Télam

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