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CLASIFICADOS

Esforcémonos por hacer todo bien

Comentario del Evangelio

P. Aldo Ranieri

En el evangelio de hoy que trata sobre el sordo mudo en la narración, nos muestra un sentido literal y otro simbólico. Los dos adjetivos que cualifican al enfermo indicarían, en realidad, una dificultad para la comunicación: "mudo, embotado", es decir, que no siente la necesidad de ir hacia nadie, apático; y "tartamudo": como que es difícil entenderlo.

Ambos adjetivos indicarían una especie de desinterés para comunicarse, un vivir encerrado en sí mismo. En efecto, no es él el que se acerca a Jesús; son amigos anónimos que tienen compasión de su estado.

Esta situación debe ser muy grave, como aparece de la inusual actividad de Jesús para curarla. No hay, en efecto, otra narrativa en donde aparezca semejante conjunto de acciones y movimientos de Jesús. Esto indicaría la importancia de lo que va a hacer: lo toma a parte, pone su dedo en el oído, con su saliva le toca la lengua, levanta los ojos al cielo, suspira y al final ordena: ¡Effatá! La función terapéutica de la saliva era conocida, pero ¿por qué el suspirar de Jesús? El verbo que usa Marcos tiene tonalidades entre bronca y tristeza (Sant 5, 9). Por eso, Jesús "levantó los ojos al cielo" invocando una fuerza divina (Mt. 14, 19). No hay cosa más difícil de superar que la apatía. Ahora, si la narrativa es simbólica, ¿a quién representaría este hombre? Podrían ser los discípulos o la gente (4, 10-12), pero también la gente rica que, en el milagro del endemoniado de Gerasa, lo echaron con desdén. Para Dios todo es posible, y Jesús todo lo hizo bien, hasta oír a los sordos y hablar a los mudos.

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