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¡Otra vez vengo con la yerba!

Raquel Gamondi de González

El año pasado (en diciembre) les recomendé ¡Tómele el gusto a fondo!

En realidad era letra en la propaganda de Yerba Salus... Si vuelvo hoy, sintiéndome entre dos campeones, uno desconocido y con visera y el otro, nuestro ídolo Vernice, cerca del agua por el calor de este enero tal como muestra la gráfica, es porque quiero resaltar la poesía "que anida en el hueco de su mate" o "el sabor, fragancia y espuma trenzados en carrera brava".

Está claro que no era lo mismo comprar yerba suelta en bolsa blanca que mi abuelo Gamondi extraía con la pala curvada de lata, pero la semejanza estaba en la calabaza siempre a mano que parecía moverse en cuanto oía "¿te preparo un amargo?". Años más tarde le adjudicaron livianamente que el mate amargo significaba indiferencia, mientras que el dulce era demostración de amistad y cariño. Con el mate de leche tuve buena relación en épocas de campo cuando el armario sólo tenía fideos, yerba y azúcar y en el hervidor colocado en una palangana con agua fresca y leche.

En cocinas pasadas el paquete de yerba no iba de la mano de la sorpresa por el precio, la exportación, la cosecha ni la marca; si faltaba por olvido, se pedía una cebadura a la vecina hasta el día siguiente porque el almacén estaba cerrado ese domingo.

Gran protagonista era además de yerba mate y bombilla la pava de aluminio o enlozado que era algo así como la hijita de las de gran tamaño, necesarias para que su capacidad líquida se calentara pronto en el calentador Bran-Metal.

Lo cierto era que desde la simple o enjoyada calabaza, en el jarrito de lata con asa para el amargo y hasta el de loza con figuras en relieve, para las visitas y el mate dulce, la infusión corría como motivo de relax y encuentro. Los hombres lo incluían para matizar con Fioravanti en Radio Splendid, Pelliciari en Mitre, Sojit, o para suavizar la garganta después de los goles de Angel Labruna o la amargura de la derrota con oponentes.

Anécdota mil veces repetida en mi hogar fue que unos mates casi le cuestan una suspensión a mi padre y otros compañeros ferroviarios. Mientras hacían su tarea alguien armó una cebadura que circulaba "clandestinamente". Lo malo es que apareció un jefe de cuadrilla (el ferrocarril estaba en manos de ingleses), quien les imputó que "el lata (mate) los iba a dejar fuera".

Así corría el agua entre tibia y caliente entre noticias que también corrían como el éxito de Mecha Ortiz en "La rubia Mireya", de la vecina que se animó a dejar la bananita que coronaba el cabello de su frente y se había cortado "a lo garçon"; más adelante hacer correr la mateada con los comentarios de cinco genios: Carret, Gueñol, Luz, Cambón y Rico que con su Buen Humor encendían la risa.

Radio y mate eran unidad necesaria en cada jornada. Lo íntimo que podía ser la propaganda de la Cirulaxia o la sal laxativa Sacarol que era "El Rey de los purgantes" con sólo 45 centavos, más lo serio de la puesta en marcha del Plan Marshall, lo lúdico del Prode recién aparecido o el dólar que de 5 pesos se había ido a 130, todo iba entre chupón y bombilla.

Y aquí dejo con otro termo, que no se rompió como los de antes ante la primera tumbada, corro a buscar mburucuyá en polvo y preparar, para Ezequiel, Alejo, Joaquín y Sebastián, un bien y fresco tereré.

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