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Los adultos mayores se animan cada vez más a utilizar la computadora

Buscan especialmente comunicarse a través de Internet En el Centro de Formación Profesional se realizan cursos especialmente dedicados a ellos. A través de tres relatos conozca cómo es la relación de los abuelos con el cibermundo.

Que la tecnología ha revolucionado el modo de vivir de las personas no es novedad y que gracias a ella, o por ella, cada día más la "necesidad de estar conectados" parece a esta altura una obviedad. Los adultos mayores no escapan a esta realidad.

En La Madrid, cada vez más abuelos se animan a utilizar la computadora. Especialmente el servicio de Internet.

Desde hace algunos años el Centro de Formación Profesional juntamente con el Centro de Jubilados y Pensionados y el PAMI llevan adelante cursos intensivos, dedicados especialmente a esta franja etaria.

Juan Carlos Aguirre, profesor del CFP Nº 72, cuenta que la experiencia se inició en 2008, copiando una similar en Olavarría.

"Estábamos muy limitados porque casi no teníamos máquinas, pero con los planes de mejoras pudimos adquirir nuevo equipamiento", recuerda Aguirre. Ahora, en 2012, hubo 50 inscriptos en el curso.

El profesor rescata el hecho de que muchos de los abuelos llegan sin experiencia de haber escrito en máquina y con perseverancia. Pero repitiendo una y otra vez las indicaciones, en poco tiempo la mayoría logra dominar el computador.

Las complicaciones no sólo aparecen a la hora de explicar el uso de los equipos, sino también las dificultades motrices que presentan algunos de los alumnos. Sin embargo, con paciencia, el profesor se gana la confianza del alumno y "enseguida agarran viaje", asegura Aguirre.

"Si pueden adquirir sus propias computadoras y tienen Internet en sus casas, se entusiasman mucho más", asegura el responsable del curso en el CEFP.

Respecto a los planteos que le hacen los alumnos, Aguirre indica que muchos quieren "aprender a chatear o bajar fotos". Sin embargo, las clases se adaptan al conocimiento de cada uno.

"Lo que buscan es no quedarse afuera del mundo. Lo que han visto en Internet es que es una herramienta que les permite estar conectados y actualizados sin moverse de la casa", sintetiza Juan Carlos Aguirre sobre las motivaciones que tienen los adultos para inscribirse en los cursos.

Los relatos de Azucena Albert, Chola Alvarez y Alfredo Chiste sirven a modo de resumen de cómo ha crecido el fenómeno de el cibermundo en la ciudad. Juan Carlos Aguirre es el denominador común en las tres historias, así como el Facebook y la "maravillosa posibilidad de conectarse con los que están lejos de uno", repiten.

"Estoy maravillada". Azucena Albert es una reconocida periodista lamatritense. Acostumbrada a escribir a diario en su vieja Olivetti hace poco tiempo se animó a hacer el cambio y sostiene que "le cambió la vida" el poder utilizar una computadora con asiduidad.

"Estoy maravillada", resume Azucena sobre la experiencia, y rechaza lo que muchos creen, "que con mi edad no estoy para aprender nada".

"Me gusta comunicarme con la gente y opinar, y a través de Internet lo puedo hacer. Además me permite aprender constantemente", menciona. Pero el uso de la computadora le ha traído algunos sin sabores: una olla y una pava chamuscada son fieles retratos de "entretenerse con la computadora", dice mientras ríe.

"Lo primero que miro son los diarios digitales", confiesa la ex periodista. "También me comunico con mis familiares", agrega. No podía faltar su espacio en Facebook.

"Me da rabia cuando algo no me sale. Todos los días aparece una novedad, para mí cambia constantemente y a veces cuesta más, pero sigo y sigo", reconoce Albert.

"Cuando era corresponsal de los diarios había que dar muchas vueltas. Mandaba al mediodía, por el micro, las noticias y a la tarde me llamaban para ver si había alguna novedad. Ojalá hubiese habido esto", contesta sobre las diferencias entre el ayer y el ahora.

"Es una herramienta imprescindible". Alfredo Chiste es un entusiasta de la historia y el periodismo. Desde 2008 tiene su propia página que repasa los hechos trascendentales de La Madrid, y también escribe para un portal digital local.

Meticuloso, Don Alfredo detalla cómo fueron sus inicios. También sabe quiénes son los visitantes de www.historiasdelamadrid.com.ar.

Aunque hace un reparo y cuenta que adquirió la computadora un año antes de tener Internet y comenzó con los cursos en el Centro de Formación Profesional junto con otros, entre ellos con el recordado Roberto Buzeki, que con más de 90 años fue uno de los primeros abuelos lamatritenses en sumarse a la experiencia.

"Quería aprender porque los hacía en la máquina de escribir. Hasta el año pasado hacía los artículos, más de cien que están colgados en la página, con la máquina de escribir. Después que los corregíamos los enviábamos e Isidoro (Ramayo) se encargaba de colgarlos. Ahora lo hacemos (junto con Carlos Randazzo y su mujer Noemí Labairú) en Word. También aprendí a escanear", comenta Alfredo.

Coincide con Azucena Albert en que "a veces me complico", porque Internet "cambia constantemente". Pero al igual que la anterior entrevistada, Don Alfredo se las arregla para solucionar los inconvenientes.

"El Facebook me lo abrió uno de mis nietos, pero yo casi no escribo. Sí entro y miro", indica Chiste.

"La máquina está preparada para ver las páginas favoritas: diarios, páginas y otras cosas. Si hay algún encabezamiento que me interesa leo en profundidad. Por más que reciba el diario todos los días, de antemano miro los portales digitales", responde sobre cuál es su rutina diaria en Internet.

"Es totalmente diferente a escribir con una máquina. Tenía que estar continuamente con el líquido de borrar y ya la cinta a veces estaba transparente. Ahora, con la computadora, corrijo instantáneamente y el Word me ha solucionado muchas cosas", subraya.

"Es una herramienta imprescindible para mi trabajo y me ha permitido comunicarme con gente que está en el exterior", concluye don Alfredo sobre la tecnología.

"Con la computadora hablo con todos mis nietos"

Inquieta, vivaz y emprendedora, así se podría resumir la vida de Chola Alvarez que con 83 años a punto de cumplir maneja la tecnología casi como un adolescente más.

"No quiero que me escriban nada. Porque lo que no me entra -se señala la cabeza- es que no lo tengo que aprender, yo tengo que elaborarlo a mi forma", sostiene.

"Constantemente estoy haciendo cosas nuevas: cocino, tejo, pero había cosas que ya no me interesaban. Un día se me dio por empezar computación. Se lo comenté a mi hijo (Juanchi Malianni) y al otro día me trajo la computadora, pero jamás había usado un teclado, así que me anoté en los cursos del Centro de Jubilados pero estuve poco tiempo", repasa sobre sus comienzos.

Otra vez la figura de Juan Carlos Aguirre cobra un papel central. "Enseñame cómo se prende y cómo se apaga, y yo me arreglo", cuenta Chola que le dijo a su profesor. Gracias a otro "maestro", su nieto Francisco -que fue uno de los que más la impulsó-, ella se animó. Ahora, una notebook -regalo de otro de sus hijos- es su más fiel compañera.

"Empecé con el correo y el chat. Después, como todos estaban con el Facebook, también aprendí. Prendo la cámara, bajo recetas y moda, de todo", sintetiza.

"A la mañana, mientras preparo el mate, leo los diarios. Después leo las frases de los focolares y miro si mis hijos o mis 17 nietos están conectados. Todos días los saludo y después cada uno sigue en lo suyo", esa es la rutina de Chola.

"Para mí es una bendición. Es una compañía para la persona mayor, que si se llegara a dar cuenta lo que sirve para uno sería muy bueno", termina.

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