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Todo tiempo pasado fue

LIBROS. La nueva novela de Aurora Venturini A poco de cumplir 90 años, Aurora Venturini no deja de escribir, y la reciente publicación de "Los rieles" sirve para adentrarse en su vida, invariablemente relacionada con su poética. Una excelente manera de asomarse al "Universo Venturini".

Rodrigo Fernández

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Especial para EL POPULAR

Asomarse al Universo Venturini es asomarse a la poética de lo cotidiano. Una cotidianidad hecha sentimientos y sensaciones que el cuerpo y el alma no pueden olvidar. Ahí están, escondidos detrás, en los recovecos de la mente y esperan para saltarnos encima, pasearse ante nosotros y soberbiamente nos miran a la cara.

"Obviar recuerdos que tratamos de sumergir en la inconsciencia y que se rebelan y, saltando, vuelven a la superficie consciente", escribe Aurora Venturini en un párrafo de su nuevo libro, "Los rieles", que acaba de ser publicado por la editorial Mondadori.

Acaba de cumplir 90 años pero su escritura se ha convertido en una carrera contra el tiempo luego de obtener en 2007 el Premio de Novela del diario Página/12 con "Las primas". Luego le siguieron "Nosotros, los Caserta" y "El marido de mi madrastra", también editados por Mondadori.

"Los rieles" puede ser leído como una novela biográfica, pero también como un texto sobre la vejez, los recuerdos, la soledad y los amores perdidos. "No puede el humano borrar de golpe aquello grabado a fuego en la muralla psíquica como un escolar borraría lo escrito con tiza en un pizarrón del aula", escribe Venturini, mientras enumera sus desventuras junto a sus amigos escritores en La Plata, la falta de comprensión de su madre y el desamor de su padre. Ha sufrido y en el final ha comprendido que "la ingratitud es sello humano. La incomprensión es otro sello".

"Jornadas que comenzaban con el lamparón aciago de la luz del día invadiendo mi habitación repentinamente; los encargados de la limpieza, despiadados en sus despiadadas funciones serviles, lampeaban el piso con lampazos rápidos, desconsiderados", escribe para dejar constancia no sólo de sus días internada luego de un accidente -que casi le cuesta la vida-, sino también para narrar las vicisitudes de la vejez.

Con una prosa catártica, poética, Aurora Venturini escribe las líneas más bellas con la facilidad de quien prepara la lista del supermercado. Su escritura está hecha de la tempestad de sus días, de la intensidad y de la pasión con que ha vivido.

"Debiéramos haber nacido con alitas plegadizas a nuestra espalda, a fin de desplegarlas cada mañana y partir" dice, y escapa de la pesadez de los años, de los que arrastra, para poblar las páginas de "Los rieles" con sus recuerdos.

Hay que adentrarse en el "Universo Venturini" para dejarse llevar por las olas, flotar en el mar de los recuerdos y si llega la tormenta, relajarse porque "el pasado, aunque haya sido desagradable y cruel, es consuelo por ser eso: pasado irrepetible, y lo terrorífico es el día siguiente".

Que no es poco, aunque no lo parezca.

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