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Frente a las escuelas, las infracciones más repetidas a las normas del tránsito

Una problemática de siempre, que no encuentra soluciones El ingreso y la salida de los estudiantes de las escuelas locales se ha transformado en un verdadero caos, que no encuentra solución y que, por el contrario, se agrava con el paso del tiempo. La mayoría opina que habría que intensificar los controles, pero también apostar a la educación.

"¡Mirá, ése es mi papá!", grita Agustín, ignorando que con esa exclamación está "escrachando" a su progenitor. La imagen fotográfica ampliada sobre la pantalla muestra, precisamente, lo que los conductores no deben hacer al mando del volante, en este caso, estacionar en doble fila. Todo, en el marco de una charla sobre educación vial implementada por la escuela a la que el niño concurre, cuyos directivos prefirieron ilustrar los "sí" y los "no" del tránsito con imágenes obtenidas frente a la mismísima institución.

El ejemplo vale para el caos que, cada día, se produce a las puertas de los diferentes establecimientos educativos olavarrienses, sean céntricos o estén ubicados un poco más allá de las cuatro avenidas que encierran el sector más transitado de la ciudad. Cómo solucionarlo o por lo menos minimizarlo es una problemática que, como todas las relacionadas con el tránsito, resulta "compleja a partir de la multiplicidad de factores que confluyen en ella, aun cuando el determinante sea en la mayoría de los casos el factor humano", tal como reflexiona el Dr. Dante Galván, especialista en la temática y actualmente funcionario municipal del área en Mar del Plata.

Lo cierto es que en lo cotidiano, ser peatón o conductor en las cercanías de una escuela en el horario de ingreso o egreso de los chicos puede resultar toda una odisea y ni hablar del día en que llueve, cuando todo se potencia. Automóviles estacionados en doble fila, chicos y adultos cruzando a cualquier altura de la cuadra, vehículos que obstruyen la senda peatonal y otros que se obstinan en estacionar acompañando la línea de la ochava, más todos los que pugnan por atravesar ese infierno, son parte de una postal ciudadana habitual, que se va agudizando en la medida en que avanzan las horas de cada jornada. Todo, condimentado con un notable crecimiento de los rodados en circulación.

Más educación

Dante Galván apuesta la mayoría de las fichas a "una mayor educación, que no es la formal, sino aquella referida al uso del vehículo, al respeto por el otro" que, claro, debe ir aparejada con "los controles, que van a ser necesarios siempre".

Desde el equipo de gestión del nivel Primario de Nuestra Señora de Fátima, Andrea Caparuccia admite que "los chicos tienen la cultura del tránsito, la tienen re clara", pero esa conciencia choca contra la conducta y los apuros del adulto. "Lamentablemente, los papás andamos tan apurados -y me incluyo en la condición de mamá- que no contribuimos al respeto de las normas. Y uno enseña más con el ejemplo que con la palabra, por más que sean cien palabras. Los chicos viven eso, y lo maman", con lo que se van anestesiando a medida en que crecen, y terminan reproduciendo las actitudes paternas.

Para la educadora, la salida del establecimiento de gestión privada resulta "un caos" que, aunque no se extiende por más de cinco minutos, constituye toda una prueba -y por qué no, un verdadero tapón- para el tránsito de la calle España, que, tal vez por el semáforo ubicado en la avenida Colón, suele utilizarse para el escape hacia el norte de la ciudad. Por allí suelen pasar las ambulancias hacia el Hospital y también los cortejos fúnebres que buscan el cementerio Loma de Paz. Sin embargo, mientras intentan controlar la salida del alumnado -Fátima tiene un egreso por España y el del Jardín de Infantes por República del Líbano-, las docentes ven cómo a sus espaldas pululan el doble y a veces el triple estacionamiento y los chicos son inducidos por sus propios progenitores, desde esos automóviles, a cruzar a mitad de cuadra.

"Estacionen y bájense por favor, si es un segundo", suelen invitar los educadores a los papás. A veces, el comentario es aceptado de buen grado y otras, median las miradas de menosprecio, cuando no alguna palabra subida de tono, tal como advierte Claudia Capuano desde la vicedirección de la Escuela Primaria Nº 8.

En esa cuadra de la calle Dorrego, a pesar de que la intersección con 25 de Mayo guarda una parada de colectivo, estas cuestiones parecen estar bastante controladas. "Buscamos preservar a los nenes y por eso, tenemos un proyecto de educación vial institucionalizado: excepto los alumnos de primer grado, los otros cursos y sus docentes tienen una esquina asignada con la idea de descomprimir la salida", grafica la docente. La mitad del alumnado -en total, la matrícula ronda los 460 estudiantes- marcha hacia la derecha y la otra, hacia la izquierda. De allí los retirará el padre, la madre o el tutor responsable. Y lo mismo ocurrirá con los más pequeños, pero teniendo como escenario el salón de clases: en este caso, los papás deben estacionar e ingresar al establecimiento.

En ese sector del microcentro, el aglomeramiento de automóviles suele resultar mayor por la tarde, ya que es el horario de la primera sección educativa, mientras que el turno mañana está reservado para los alumnos mayores, que resuelven el traslado de manera más independiente.

Controles, la clave

Aun con un proyecto prometedor, Claudia Capuano asume que "hemos analizado la posibilidad de pedir personal policial para controlar la salida", con lo que apunta al corazón de la problemática repetida en distintos puntos de la ciudad.

Es que el control resulta, inevitablemente, una de las patas con las que hacer frente a la problemática, ya que implica, en sí mismo, una penalización que termina repercutiendo en el bolsillo. "Pero los controles policiales no son sistemáticos: cuando hay control, las cosas andan bárbaro, porque la policía tiene esa función y esa potestad que no podemos asumir nosotros desde la escuela", reflexiona Javier Macesic desde la dirección de la Escuela Primaria Nº 4, la entidad que "comparte" la cuadra de San Martín al 2000 con la Secundaria Nº 1 y el Jardín de Infantes 902 y por eso mismo ha presentado un proyecto para transformarla en peatonal (ver aparte).

Sin controles ni multas, entonces, cada comunidad escolar hace lo que puede, pero la mayoría sufre un problema calcado. En Fátima, donde durante años impulsaron un proyecto institucional, continúan fomentando campañas para "incentivar la conciencia. Porque todo el mundo conoce las normas de tránsito, pero hay que ponerlas en práctica. Desde principios de año les hablamos de que vemos como debilidad la salida del colegio, y si uno como adulto no se pone en posición de acompañar a sus hijos y de protegerlos, por más que les estemos diciendo de afuera, es la conciencia de cada uno que está ahí", advierte Caparuccia.

"Nunca, como frente a la escuela, los adultos estamos más identificados con nuestra función de educadores: allí somos, inevitablemente, padres en busca de nuestros hijos. Y les estamos enseñando todo lo contrario de lo que predicamos con la palabra: que es posible estacionar en doble fila, pisar con el vehículo las sendas pintadas ignorando al peatón, manejar sin cinturón de seguridad, hablar por el celu mientras conducimos y otras tantas infracciones del mismo tenor", dirá finalmente Juan, asumiendo la parte que le compete en una situación tan conflictiva como el tránsito.

Naturalizada

"Hacé la prueba: vas a ver que si detenés el auto en el único carril que los estacionados en doble fila dejan libre, los que vienen atrás van a tocar bocina y gesticular para que arranques, siempre mirándote a vos, aún cuando los de la doble fila también están en infracción". Alberto, ya alejado de las lides frente a la escuela para buscar a los hijos, se ha "divertido" más de una vez provocando ese escenario. Y comprobando lastimosamente, una y otra vez, que la infracción repetida frente a las escuelas está más que naturalizada por los conductores en general.

Una propuesta

"Lo que se ve en mi escuela se ve en todos lados: los padres están apurados y quieren ser los primeros en retirar a su hijo... Y son 250 chicos por turno, más los del secundario y los del Jardín, que están en la otra esquina", pero igual contribuyen al caos vehicular.

Precisamente de cara a ese panorama, y consciente de que la escuela no puede suplantar el rol de policía del Estado, hace unos tres años Javier Macesic entregó en las manos del intendente José Eseverri un proyecto para cerrar parcial o totalmente al tránsito la cuadra de San Martín al 2000, frente a la plaza López Camelo, ya que "aquí no hay domicilios particulares: todo corresponde a servicios educativos".

Aun cuando el Secundario del sector también tomó la posta y se están recolectando firmas en favor del proyecto, todavía no hay respuesta oficial. Para los servicios, el proyecto de cerrar la calle imitando al Paseo Jesús Mendía supondría un beneficio doble: se estaría limitando la problemática del tránsito en las horas pico y, simultáneamente, se generaría un espacio para que las tres instituciones educativas pudieran concretar actividades que a veces no son posibles precisamente por falta de espacio físico.

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