Facundo Quiroga tuvo su gran noche

El acordeonista olavarriense presentó anoche su primer disco en la Casa del Bicentenario. En un concierto íntimo, Quiroga desplegó todo su repertorio.

Quiroga disfrutó e hizo disfrutar con música popular del país y el mundo

Quiroga disfrutó e hizo disfrutar con música popular del país y el mundo.

Ignacio Cardone

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Deslizando suavemente sus dedos por las teclas del acordeón a piano, hamacándose en la solitaria silla con media sonrisa en su rostro -señal inequívoca del disfrute que le producen las melodías que surgen del fuelle-, Facundo Quiroga brindó anoche un concierto delicioso en La Casa del Bicentenario en donde presentó su primer disco "En el camino".

Sin mediar más que un gesto cálido y respetuoso con la cabeza a modo de saludo para un auditorio de más de 60 personas, Facundo y su acordeón comenzaron la velada con el tango "Gricel" al que siguió "Nada" de Dames y Sanguinetti.

Luego de la introducción, el acordeonista olavarriense agradeció a los presentes y tras unas breves palabras continuó, con ojos cerrados y el sentimiento a flor de piel, con una emocionante ejecución de "Flor de Lino" y "Chiquilín de bachín".

El primer segmento tanguero de la noche le dio paso a un repertorio, que si bien era extranjero, no dejaba de ser sumamente popular. Así, las melodías de Edith Piaf se hicieron presentes con una potente interpretación de "La vie en rose"; también se recordó a Charles Chaplin con "Candilejas" y la conocidísima canción napolitana "Torna a Surriento", para culminar ese bloque con "Czardas" de Fugazza, donde la notable velocidad en los dedos del ejecutante le dieron vida a los alegres sonidos italianos que fueron coronados con los aplausos del auditorio.

La vuelta a estos pagos fue con el tango de Maderna "Lluvia de estrellas" al que siguió un segmento nostálgico y sentimental con "El día que me quieras" y el movilizante "Oblivion" de Piazzolla.

Con un buen manejo de programa, la notas alegres regresaron con el valsecito "Desde el alma" -con dedicación especial para una tía- y los chamamés "María va" y "La Calandria" a los que Quiroga presentó contando la experiencia de haber tocado con Raúl Barboza y el Chango Spasiuk. "Fue algo grandioso. Todo el esfuerzo que he hecho va dando sus frutos" contó a viva voz.

Una veloz versión de "Adiós Nonino" fue la despedida de la música de nuestro país ya que el cierre tuvo aire parisino con "Bajo el cielo de París" y "Vals Mussette". La famosa "danza húngara Nº5" del alemán Johannes Brahms le dio el punto final a un impecable concierto que se disfrutó de igual manera en la platea como en el escenario.

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