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CLASIFICADOS

Mueven piezas en este lado del tablero

ENFOQUE

Daniel Puertas

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En el complicado ajedrez estratégico en el que se definirá el perfil del mundo que le tocará en suerte a la próxima generación, por estos días habrá movidas de importancia en el sector del tablero que le corresponde a América Latina, fundamentalmente en las casillas de la Argentina y Brasil.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, se hizo unas horas de tiempo para tratar con su par argentina Cristina Fernández de Kirchner de cooperación energética, económica y jurídica. El presidente chino, Xi Jinping, también pasará por la Argentina después de la cumbre de los Brics y ya anunció su apoyo para que nuestro país se integre a ese grupo de naciones que están armando poco a poco la contracara de los clubes de ricos presididos por Washington que conservan la supremacía en el orden financiero internacional.

Ya adelantaron la creación del banco propio, que en un par de años tendrá una reserva de 100.000 millones de dólares y viene a competir directamente con el un tanto desprestigiado Fondo Monetario Internacional. No se trata sólo de economía, claro está. La apuesta es global y lo que está en juego es la supremacía en el planeta.

Los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, el último socio-) realizarán una cumbre en la ciudad brasileña de Fortaleza y se vienen insinuando desde hace poco menos de una década como un serio candidato a desplazar al G7 o, cuanto menos, a discutir con los países más industrializados de igual a igual.

En el Brics hay dos venerables potencias como China y Rusia, dos de los más grandes países emergentes ya convertidos en gigantes económicos como Brasil y la India y una nación que pelea por dejar de lado la maldición africana del continente inviable después de los escombros que dejaron las aventuras colonialistas europeas con sus saqueos a las riquezas de pueblos a los que supuestamente invitarían a entrar al mundo dorado del libre comercio y la civilización democrática.

Ahora el Brics está en la tarea de conseguir nuevos socios y se están cursando las invitaciones a la Argentina, México, Indonesia y Australia, para empezar.

Para nuestro país, embarcada en una pelea mortal contra los fondos buitres, toda alternativa de financiación es siempre una buena noticia. Lógicamente, nuevas inversiones lo son mejor aún.

Una de las cuestiones importantes de las relaciones con Rusia es la energía. La corporación atómica Rosatom tiene interés en participar de la construcción de la cuarta central nuclear argentina, Atucha III. Los rusos también quieren intervenir en la construcción de una decena de centrales hidroeléctricas en el país.

La asociación del gigante petrolero Gazprom con una YPF que ve demorar la llegada de inversores occidentales por el conflicto con los buitres tampoco puede descartarse, detalle del que ya deben haber tomado cuenta tanto las empresas petroleras que quieren sacar sus beneficios del yacimiento de Vaca Muerta como los estrategas de Washington.

Con Dilma Rousseff Putin firmará convenios tendientes a alcanzar el objetivo de llevar el intercambio comercial entre ambos países a los 10.000 millones de dólares.

Xi Jinping también hablará con los mandatarios latinoamericanos de dinero. Para más de un productor de nuestro país debe ser una buena noticia saber que hay interés chino por productos que hasta ahora no forman parte de los negocios con la potencia asiática, como los vinos y los lácteos.

A más de un bodeguero le deben brillar los ojos cuando se imagina a unos cuantos centenares de millones de chinos aficionándose al Malbec mendocino o al Torrontés salteño.

Claro que no sólo de negocios se trata. Rusia está decidida a pelearle a Estados Unidos en todos los frentes, incluyendo el territorial. En verdad, también se trata de una reacción al intento de la OTAN de europeizar a países antaño en la órbita soviética que desembocaron en el conflicto armado de Crimea.

Ese enfrentamiento con Ucrania puso a Moscú y a Buenos Aires del mismo lado. La Argentina, con su secular reclamo por Malvinas, no podía ser otra cosa que crítica con las potencias occidentales que quieren referéndum para los kelpers y se lo niegan a los rusos ucranianos.

Moscú destacó cada vez que pudo la coincidencia de visiones entre la Argentina y Rusia, lo que debe haber provocado alguno que otro escozor entre compatriotas convencidos de los valores occidentales y habituados a considerar a los Estados Unidos y Europa como la Meca a la que se debe peregrinar al menos una vez en la vida y si es más mucho mejor.

Lo cierto es que Rusia se han metido en el patio trasero de los Estados Unidos y parece que quieren quedarse mucho tiempo más. Washington, que aún no sabe cómo resolver las complicaciones de Oriente Medio, a las que mucho contribuyó, no parece tener una estrategia para alejar a los molestos intrusos.

Por si fuera poco, los buitres hacen lo posible por sembrarle de obstáculos el camino hacia América Latina y las cosas ya no se resuelven convenciendo a un generalote a que desaloje de la Casa de Gobierno al ocupante que llegó allí por los votos.

La última experiencia fue la de Honduras y además de que todavía no han terminado de pagar los costos diplomáticos se reveló como una experiencia difícil de trasladar a otros países latinoamericanos, especialmente los más grandes.

Bertolt Brecht escribió alguna vez "la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer".

En esa situación estamos.

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