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"El abuso sexual infantil tiene un altísimo nivel de impunidad en el país"

Sebastián Cuattromo, referente del colectivo Adultxs por los Derechos de la Infancia A los 13 años fue abusado por un sacerdote, en un colegio católico. Veinte años después logró que la Justicia lo condenara a 12 años de prisión. Hoy siente que es un deber dar testimonio y visibilizar este delito que pone en jaque a demasiadas infancias. Habla de la negación social, de las leyes que están y de las políticas que faltan. El próximo viernes vendrá a Olavarría a disertar sobre esta problemática.

"Hay un estado social colectivo de negación de este delito desde la sociedad adulta que lo sufre 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 6 niños. Es extraordinariamente grave y extraordinariamente masivo, atraviesa a toda la sociedad, a todas las clases, a todos los sectores culturales y económicos y desgraciadamente esta presencia del abuso sexual infantil no se corresponde con el lugar que ocupa en la agenda pública", analiza Sebastián Cuattromo en diálogo con EL POPULAR. Las palabras resultan aún más aplastantes a medida que descorre su propia historia. Tiene 38 años y a los 13 fue abusado por un sacerdote que ejercía la docencia en el Colegio Marianista del barrio porteño de Caballito. Una década después se animó, rompió el silencio, llegó a la Justicia y finalmente consiguió que un tribunal condenara a Fernando Picciochi a 12 años de prisión por corrupción de menores. Eso fue en 2012. Veinte años después. Actualmente milita en el colectivo Adultxs por los Derechos de la Infancia y el viernes vendrá a Olavarría para dar su testimonio y poner en palabras lo que la sociedad adulta se empeña en negar. Lo hará junto con Silvia Roxana Piceda, invitados por Espacio de Contención y Fortalecimiento para Personas en Situación de Violencia de Género, Coordinadorxs en Violencia de Género, Olavarría Despierta y EL POPULAR Medios. El encuentro será en el Auditorio de LU32 Radio Olavarría, a las 16.

Sebastián Cuattromo valora que haya "niñas, niños y adolescentes con el estatus jurídico de sujetos de derecho, con mucha mayor jerarquía que en el pasado, pero esa legalidad aún está muy lejos de las políticas públicas del Estado nacional, provincial y municipal, y sean una prioridad política como comunidad". Lo que señala es que abunda el discurso pero faltan "cambios muy profundos de mentalidad, prácticas y posicionamientos de los adultos con respecto a la infancia y sus derechos; y no sólo es cuestión del Estado y las instituciones, sino a nivel sociedad. Es algo que nos interpela en los modos que tenemos de relacionarnos los adultos con la infancia. Y corroboramos desde el colectivo Adultos por los Derechos de la Infancia que el delito de abuso sexual infantil tiene un altísimo nivel de impunidad en el país".

Casos testigo

Casos como el de Rocío Girat, la joven violada por su padre, Marcelo Girat, desde los desde los 13 hasta los 17 años que decidió hacer pública su historia y consiguió que la Justicia dejara sin efecto el beneficio de la prisión domiciliaria influyen a la hora de hacer visible la problemática. También contribuyen historias como las de las tres hermanas olavarrienses abusadas durante años por Osvaldo (abuelo) y Guillermo Sosa (padre), que ahora buscan el agravamiento de las condenas y así lo han expuesto hasta en los medios nacionales.

"Se acercaron a nuestro grupo y, como a todas las personas que luchan por Justicia, las sentimos compañeras dando pelea siempre en el marco de la legalidad democrática. En un estado de impunidad no es poco lograr que los casos de abuso se den por probados y haya condena. Y no es poco lo que han logrado estas chicas. Es muy positivo y es inadmisible las condiciones de privilegio de la prisión domiciliaria", cuestiona Sebastián.

El denominador común sigue siendo la impunidad, con "afortunadas excepciones" y "el Poder Judicial tiene que adaptarse a la Convención de los Derechos del Niño, reviendo viejas prácticas y el tratamiento que se les da a los chicos víctimas que son revictimizados cuando llegan con sus historias al Poder Judicial", observa el referente del colectivo nacional.

En el mismo plano, referencia al juez Carlos Rozanski, titular del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata y autor del libro "Abuso Sexual Infantil, ¿denunciar o silenciar?", quien "sostiene que el abuso sexual infantil es el delito más impune de la Tierra donde de cada 1.000 casos 999 quedan impunes y al Poder Judicial llega menos del 10% de los casos". Es más, aclara que "donde más sucede es dentro de las familias y hay abusadores en todo tipo de oficios y profesiones".

En militancia

"Un ex religioso, condenado por abuso" titulaba Página/12 en septiembre de 2012, tras informar que un tribunal consideraba probado que Fernando Picciochi abusó de dos alumnos cuando estaban a su cargo en 1989 en la escuela del barrio de Caballito. Las víctimas lo denunciaron diez años después de los hechos y él estuvo prófugo en Estados Unidos. "Fui abusado a los 13, terminando escuela primaria en el colegio católico Marianista y durante 10 años sobrellevé los abusos en silencio. Mi abusador fue un docente y religioso del colegio. Fuimos varias sus víctimas", confiesa Sebastián. No fue fácil y el mayor temor era ser revictimizado, que "mi entorno en vez de ayudarme me dañara, no me creyera o se burlara".

La denuncia originó una causa penal que se extendió por 12 años hasta que "más de 20 años después de los abusos lograr que mi abusador fuera condenado a 12 años de cárcel por el delito de corrupción de menores calificada y reiterada", explica Cuattromo.

Una de todas las víctimas se sumó a su batalla judicial. Otros declararon como testigos. "Decidí hacerlo público para que mi sufrimiento de la infancia tuviera un sentido de aporte colectivo. Es nuestra obligación como adultos dar testimonio pensando en la protección de los chicos del presente". Ese hacerse oír hizo que muchas víctimas lo contactaran para compartir experiencias y terminar "armando esta militancia colectiva que llevamos con mucha alegría a Olavarría".

Su familia "entendió pero no me acompañó", por lo que la lucha fue "muy solitaria", peleando contra el discurso de ‘dar vuelta la página’, casi como una invitación al olvido. Pero "no se puede seguir una vida sin revisar tamaña herida, semejan trauma y dolor. No hay desarrollo posible de una vida plena. Eso es dañino", sostiene.

Además de la condena al ex religioso, "logré que el colegio tuviera que asumir su responsabilidad civil", más allá de la reacción "corporativa" que apuntó a "silenciarnos a las víctimas a cambio de dinero. La congregación religiosa quiso ocultar lo sucedido, aunque eso no sea patrimonio únicamente de la Iglesia, sino que pasa en otros ámbitos", advierte.

Sebastián Cuattromo no tiene hijos, pero "afortunadamente estoy muy felizmente en pareja con una compañera de esta lucha de construcción colectiva frente a esta injusticia que me toco sufrir en mi infancia". Y lo que rescata en este transitar es que "hay más visibilidad por la lucha de las víctimas", luego de que "algunos adultos empezamos a dar pelea, a organizarnos, haciendo visible y eso contribuye a darles fuerza a los chicos que lo sufren en el presente aunque sea la punta del iceberg".

Quienes se quieran contactar con el grupo pueden escribir a [email protected] o contactarse a través de Facebook: "Adultxs por los derechos de la infancia".

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