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Radiografía de la vieja matriz policial

Berni y Frederic. Perfiles y debates. Olavarría puso a la Bonaerense en la mira La seguridad y los perfiles ministeriales. La Correpi terminó el año con dos grandes datos: un muerto por gatillo fácil cada 19 horas y una inédita reunión con Sabina Frederic. Olavarría arrancó el nuevo año con un escándalo represivo que derivó con ?hasta ahora- tres policías desafectados. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Claudia Rafael

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El 2020 puso, en Olavarría, a la Bonaerense en la mira. Con tres policías desafectados –hasta ahora- se deberá conocer qué alcance real tuvieron los episodios represivos del primer día del nuevo año. Que, de no haber ocurrido en tiempos en que el celular es casi una extensión del cuerpo humano, no hubieran nunca quedado registrados fílmicamente. Y más allá de lo que arroje la investigación penal en curso, hay otra investigación que no será. Aquella que analice las causales de fondo. Las que deberían explicar las razones más profundas para que funcionarios públicos puestos para prevenir delitos terminen siendo los responsables de lo que algunos llamarán "excesos" y otros, hijos de una matriz institucional. Los archivos hablan por sí solos. 17 años atrás, en entrevista con esta periodista, el entonces jefe departamental Azul –que asumió por orden de Juan Pablo Cafiero tras la serie de cambios que hubo en la fuerza después de la masacre de Avellaneda-, minimizaba los aprietes y delitos policiales como "pillerías".

Cascabeles

"Sin lugar para los débiles" se llamaba aquella cruenta película de los hermanos Coen. Tal vez la frase del título fue la que guió el nombramiento de Sergio Berni al frente de la seguridad provincial. Un hombre más similar a los lineamientos de la ex super ministra de Macri, Patricia Bullrich, que al perfil más progresista que postula el actual gobernador. Y que por eso mismo genera ruidos en las filas de militantes de derechos humanos que adhieren al kirchnerismo. Quienes defienden su nombramiento lo hacen desde la gran pregunta de ¿quién le pone el cascabel a la inmanejable bonaerense? Es decir, ¿hay que ser un férreo manodurista para poner en caja a la Bonaerense?

Alberto Fernández, el conciliador, puso en la misma área a una académica que en sus primeros días de gestión borró de un plumazo los cinco protocolos más polémicos de su antecesora y ordenó peritar administrativamente a la gendarmería por sus actuaciones en la causa Maldonado. Tal vez por eso mismo el diario La Nación, histórico baluarte de la burguesía nacional, viene intentando desgastar el nombramiento de Sabina Frederic desde el vamos. Con títulos del estilo de "la ministra disruptiva que más dolores de cabeza le da a Alberto Fernández". Que intentan erosionar su figura planteando que se corta sola cuando voces más que cercanas a las entrañas ministeriales advierten que no hay ninguna de estas medidas que no hayan sido consensuadas con el presidente. Pero, de la mano de esas jugadas mediáticas aparecen también fogoneos del estilo de la saltimbanqui Florencia Arietto que aseguró "no puede haber una antropóloga al frente de la seguridad". La pregunta sería: ¿un ex militar como Berni (que siempre se definió a sí mismo como "de derecha" es lo que busca? ¿O una licenciada en Humanidades y Ciencias Sociales (recibida en la Universidad de Palermo) como Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, con una maestría en Ciencias Políticas en la Universidad de San Martín, en donde tuvo como docente a la misma Frederic?

Tasas y autogobiernos

La provincia más poblada del país y con la fuerza de seguridad más numerosa tiene, a su vez, la mayor tasa de policías por habitante: un total de 625 cada 100.000 personas contra los 400 cada 100.000 de hace apenas 5 años. Por otro lado, en la actualidad, hay unos 53.000 detenidos contra los 30.000 que había cinco años antes. En un ensayo publicado en 2019 por la hoy ministra de Seguridad de la Nación, la antropóloga Sabina Frederic, "el mayor número de policías se asocia al incremento de detenciones, no así a la baja del delito". Y da cuenta de los números y tasas nacionales: se pasó de "178 policías cada 100.000 habitantes en 2001 a 803 en 2015, muy por encima de los 240 recomendados por Naciones Unidas".

El gran interrogante es cómo se transforma la matriz policial que, en el caso de la provincia más populosa, ha llegado a autofinanciarse y, por lo tanto, a autogobernarse. Lo que, dicho de otro modo, ha implicado a lo largo de la historia manejar destinos y rumbos a través de la gestión del delito y no precisamente de su prevención.

El periodista Ricardo Ragendorfer, maestro de policiales, analizó el tema en entrevista con este diario unos tres años atrás. Donde planteaba que el intento más serio fue el de León Arslanian. "Que se propuso descuartizar esa estructura que funciona como una empresa", decía entonces. Y agregó: "Quiso desarticular las vías de comunicación y las rutas de dinero de esa empresa. Entonces dividió todo en departamentales, eliminó jefes, pero la bonaerense es como el agua. Toma la forma del envase que lo contiene. Y devino una cantidad de orgas policiales autónomas que formaban pequeños feudos. El resto, lo que vino después, fue una contrarreforma: Stornelli, Casal, Granados".

Perfiles

En términos numéricos como los detallados antes en esta nota las variables serían: se multiplicó en pocos años el número de policías y el de detenidos en las cárceles bonaerenses. Sin embargo, la inseguridad delictiva no ha cesado. Por el contrario, continúan estando entre las preocupaciones sociales más allá del desempleo, la inflación y la inseguridad alimentaria.

Entonces ¿figura entre las prioridades dentro de la problemática el modificar sustancialmente la matriz policial? Porque no se trata –una vez más- de cortar solo con la secta del gatillo alegre sino además con la de los dedos en la lata, tal como la definía Rodolfo Walsh hace décadas.

En uno de los bastiones kirchneristas del conurbano, es un secreto a voces que hay correderos protegidos por donde fugan menores de edad cooptados por mafias policiales para el robo de autos. Muy cerca de allí, en uno de los baluartes macristas que renovaron poder, las cabezas policiales fueron pescadas in fraganti, en hechos violentos, por sus aceitados vínculos narcos. Sin embargo, con un signo político distinto, la policía santafesina fue históricamente connivente con las mafias narcos o si se quiere invertir la frase nada cambiaría. De hecho, una de las primeras medidas de Marcelo Saín, ministro de Seguridad de la provincia (ex de la policía de seguridad aeroportuaria nacional) fue descabezar varias unidades regionales. Y en el acto de asunción de la nueva cúpula dijo en su discurso que "acá, el que jode con estas cosas, va a terminar en el calabozo".

El mítico sable

No se trata ahora sólo de romper matrices. Las agencias policiales no sólo vienen de décadas enteras de autofinanciación y autogobierno. Sino que ha habido períodos de mayor o menor descontrol. De mayor o menor empoderamiento a partir de las directivas institucionales. Y en este sentido, claramente hoy se trata de desandar un camino que llegó a su estado más puro de la mano de Patricia Bullrich. La que impuso la doctrina Chocobar y que fue recientemente galardonada (en regalo de despedida) por la Gendarmería con un sable que tenía grabada su mítica frase "no voy a tirar un gendarme por la ventana". Aquellas palabras nacidas en apoyo de la fuerza de seguridad tras la represión en la Pu Lof de Cushamen que derivó en la muerte de Santiago Maldonado.

Una doctrina que caló hondo en los integrantes de las fuerzas de seguridad. Por la sencillísima razón de que no hay nada que cale más hondo que el aval político (al punto tal de que tras su propio gatillo fácil, Chocobar fue recibido en la Rosada).

La gran pregunta, el más feroz interrogante es cuál de los perfiles políticos calará más profundo en este nuevo ciclo político. El de Sabina Frederic, la que volteó los protocolos de la doctrina Chocobar o de la habilitación de las pistolas taser (excepto para fuerzas especiales) o el de Sergio Berni, el mismo que salió a pegarle a quien ostenta el cargo que secretamente hubiera deseado nuevamente para sí.

El ciclo 2019 cerró estruendosamente con la estadística de un muerto por gatillo fácil cada 19 horas elaborado por la Correpi. Organización que, por primera vez en la historia después de 26 años, fue recibida por la ministra de Seguridad.

Lo que el primer día del año Olavarría dejó al desnudo es una papa caliente o una radiografía perfecta de un sistema indómito.

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