San José, padre trabajador

Columna de las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe

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En esta ocasión contemplamos a San José como padre trabajador, seguimos poniéndonos en sus manos de padre y protector, meditando la carta "Patris Corde" que el papa Francisco nos envió para este año santo para que crezca en todos el amor a este gran santo, implorando su intercesión e imitando sus virtudes.

La misión de los santos no es solo conceder milagros y gracias, sino interceder por nosotros ante Dios. Los santos nos ayudan para poder vivir la plenitud de la vida cristiana y la perfección de la caridad. Su vida es una prueba concreta de que es posible vivir el Evangelio.

Contemplamos a José como padre trabajador. Un aspecto que caracteriza a San José es su relación con el trabajo. San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo. En nuestra época actual, en la que el trabajo parece haber vuelto a representar una urgente cuestión social y el desempleo alcanza a veces niveles impresionantes, es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro San José es patrono ejemplar.

El trabajo se convierte en participación en la obra misma de la salvación, en oportunidad para acelerar el advenimiento del Reino, para desarrollar las propias potencialidades y cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la comunión. El trabajo se convierte en ocasión de realización no solo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia.

La persona que trabaja, cualquiera que sea su tarea, colabora con Dios mismo, se convierte un poco en creador del mundo que nos rodea. La crisis de nuestro tiempo, que es una crisis económica, social, cultural y espiritual, puede representar para todos, un llamado a redescubrir el significado, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva "normalidad" en la que nadie quede excluido.

El objetivo de la carta apostólica del papa para el año de San José, Patris Corde, es que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes. ¿Qué le diremos a San José?: enséñanos a valorar el trabajo como herramienta para dignificar la vida. Pidámosle que nos regale poder imitar su vida como padre trabajador. Que podamos crecer en nuestra vida cristiana buscando la conversión de nuestro corazón, trabajando por el bien común, procurando para todos la gracia y bendición del trabajo digno. Que él, que amó inmensamente a María y a Jesús, nos ayude también a nosotros a amar de este modo a la Virgen y a su Hijo.

En el marco del año de San José, la Penitenciaría Apostólica, a través de un decreto, otorga el don de las Indulgencias. La indulgencia plenaria se concede en las condiciones habituales -confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre- a los fieles que, con espíritu desprendido de cualquier pecado, participen en el Año de San José en las celebraciones ofrecidas en su honor.

(*) Colaboración de las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe.

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