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ESCENARIO POLITICO

La jugada crucial de Massa antes del naufragio, sus efectos dentro y fuera del espacio y en lo local

El éxito del plan y el ajuste. ¿Quién lo respalda? ¿Massa intenta un viaje hacia la centro derecha del FDT? ¿Se busca restaurar el capitalismo? Massa juega su última carta para ser el mayor presidenciable de "Todos".

Cacho Fernández - [email protected]

De pronto, Sergio Massa pasó del ostracismo y de estar al borde de la desaparición, a ser la figura principal del Gobierno transformándose en una especie de superministro. Pero el tigrense corre el riesgo de transformarse en un conquistador conquistado. Es decir, cree que puede colonizar al kirchnerismo pero puede acabar conquistado por esa corriente que tanto defenestró y combatió.

 Cristina tenía una papa caliente en la mano y no sabía a quien entregársela hasta que encontró a Sergio Massa quien estaba dispuseto a inmolarse por su propio destino. Su periplo contradictorio en la política lo había conducido al subsuelo y ahora se le presentaba una oportunidad para revertir ese rumbo.

Es sabido que Sergio Massa es un hombre que ama el poder, es astuto, pero su cuota de narcisismo lo conduce muchas veces a sobre estimar sus capacidades y minimizar los obstáculos y sus deficiencias. Eso que puede ser bueno y malo a la vez. Por todo ello pudo ganar en 2013 pero también derrumbarse en dos o tres años. 

Cree que es un conquistador sin límites y eso le puede jugar en contra. La vice logró quitarse momentáneamente la papa caliente por un momento, y ahora Massa no sabe que hacer con ella o cree que quema menos de lo que suponía. En esta semana, dos goberndores peronistas le advirtieron al Presidente que si no actuaba rápido, no llegaban al Mundial. Y eso fue lo que aceleró todo.

Cristina se convenció que el problema económico, gravísimo por cierto, se podría resolver desde lo político y aceptó a su odiado enemigo, y líder del FR como el salvador ad hoc del Gobierno.

La historia universal registra dos casos de esta paradoja del conquistador conquistado, una fue el de los romanos con los griegos, el otro, el de los germanos con los romanos, y ahora se le suma este de Sergio Massa con el kirchnerismo.

En los dos primeros casos, los romanos dominaron a los griegos pero fueron conquistados por su cultura. Lo mismo les pasó a los denominados pueblos bárbaros cuando conquistaron Roma, y el tercero de los casos es este tan actual como el de Massa que puede ser un ejemplo más de alguien que supone que conquista al kirchnerismo y puede ser colonizado.

¿Por qué? Simplemente porque la Vicepresidenta le va a delegar a Massa la ejecución del tan temible y tan impopular ajuste, incluyendo en ello la reducción de déficit fiscal, los tarifazos, la reforma impositiva y por qué no, la reforma laboral. Al parecer no habría ninguna solución sin algo de ajuste, y el tema es quien pondrá la cara para ejecutarlo.

No se sabe, pero es facil de suponer como reaccionarán los gremios si se ejecuta una reforma laboral, y cual será la actitud del kirchnerismo duro cuando Massa decida congelar vacantes, despedir empleados, aumentar las tarifas y quitar subsidios.

Al líder del Frente Renovador le puede ir bien con el establishment, pero no quedará muy bien frente a los sectores populares con lo que pondría en riesgo sus probabilidades presidenciables. Es decir, políticamente quedaría bien con el círculo rojo y mal con el pueblo, y tendrá que optar si hacerlo y cómo.

¿Cuál es el plan de Massa para salir del pozo? por el momento, no va a poder eludir el ajuste tan temido. Políticamente, la victoria principal es de Cristina precisamente por ello, por haber gambeteado el ajuste, y el mayor perdedor fue Alberto que ya no sabe qué lugar ocupar. Por ahora el tigrense surge, por ahora como el hombre que pudo vencer la grieta interna y tiene posibilidades de hacerlo con el resto de la sociedad. Es un hombre astuto y puede hacerlo.

Massa es un moderado, pero no se puede saber aún si el kirchnerismo duro y Cristina lo dejarán militar esa moderación. Massa corre el riego de ser un conquitador conquistado.

La jugada comenzó muy mal. El superministro lo quiso despedir a Scioli como ministro de Producción, lo sentó frente a la prensa como el embajador de Brasil, lo besó, lo dejó solo y se fue. Y el motonauta no sabía como salir de ese ridículo. Patético.

Crisis económica y solución política

Como ya se dijo más arriba, se le buscó una solución política a una crisis económica. Es posible que objetivamente Massa logres algunas cosas -no se sabe si serán suficientes-, pero es casi seguro que su gestión puede redefinir el rol del Frente Renovador, dentro y fuera del espacio, y eso puede cambiar toda la estructura política nacional y darle al peronismo una salida a este laberinto en el que lo ha introducido el sectarismo y el dogmatismo de Cristina.

Pero ¿cuál será la conducción política que avale las soluciones propuestas por Massa?. Menem pudo hacer reformas y ajustes por su liderazgo, algo que no pudo hacer De la Rúa. ¿Será Cristina quien respalde políticamente el ajuste que ejecutará la gestión de Sergio Massa o será él mismo quien se ponga al frente de tan ingrata misión?. Quien lo haga, perderá imagen para 2023, y esa es la encrucijada con la que se enfrentan ambos y la que centralizará la lucha política de este año y medio que le queda al Gobierno. Massa está para desactivar la bomba, entonces, o lo hace o volamos todos juntos.

Cristina habló de que el problema de la pobreza no se resuelve sin tocar rentas extraoridinarias ¿lo definirá Massa esa distribución de la riqueza?. ¿Será Massa quien deba "romper los huevos para hacer la tortilla" como decía Perón?. ¿El kirchnerismo duro se tragará el sapo de un capitalismo racional, moderado y sin enemigos?. En síntesis, ¿podrá Sergio Massa militar su estilo de moderación? . No debe olvidarse que el modelo kirchnerista es algo diferente (ver recuadro aparte) y siempre necesita tener un enemigo claro enfrente, real o construido con relatos. 

Sin grietas locales

La oposicion dice que el gobierno implosionó y exagera algo la nota. Quizás lo diga porque no le conviene un escenario sin polarización. Lo mismo puede ocurrir en todos lados, incluso en Olavarría, en donde la grieta favoreció claramente a Ezequiel Galli en todas las elecciones en las que tuvo que competir.

Con Sergio Massa en el centro de la escena nacional y el sapo del ajuste compartido entre el superministro y el kirchnerismo, la grieta tiende a diluirse o a desaparecer. Y eso cambia diametralmente el escenario político en todos los niveles.

El problema era más político que económico, y se le buscó consecuentemente una solución también política. El Presidente no gobernaba ni dejaba gobernar, no actuaba con autonomía ni tampoco como un obediente, y solo se dedicaba a expresar una sanata interminable. Mas que el Frente de Todos, las siglas parecían significar el Fracaso de Todos.

¿Es Massa el actor que le dará algo de contenido y dirección al Gobierno?. Por lo pronto, Cristina, quien está más preocupada en su propia situación judicial sabe que debe dejarlo hacer y no meterse más si es que quiere un alivio en la Justicia para ella y su hija que no tiene hoy ninguna inmunidad.

Si bien Massa es un político astuto, también la Vice lo es y sabe que no se puede embarrar más la cancha. Se va a retirar de un escenario conflictivo y va a permitir que Massa haga lo que cree que debe hacer. El tema es el del ajuste. Cristina optaría por guardar silencio y veremos cuánto se aguanta con la boca cerrada y sin redes.

Con Massa en el centro del escenario político nacional no sería muy dificil imaginar una gravitación mayor del massismo en lo local y una consiguiente reducción de la influencia del kirchnerismo con una irrupción de los sectores peronistas no K que estaban marginados o se habían autoconfinados. 

Pero además, "Juntos" deberá pensar en una estrategia electoral sin grieta ni polarización, con un FDT enfrente ablandado o colapsado. Todavía no lo sabemos.

Dilemas y mosquitos

Finalmente y esperando ansiosamente las nuevas medidas, la pregunta del millón es saber si Massa es un recurso más del Gobierno para aguantar hasta 2023 o se va a descolgar con una propuesta de alineamiento a los poderes financieros internacionales y a las políticas de ajuste que están exigiendo. Es posible que no sea nada de esto porque tanto Cristina como Sergio Massa se juegan su futuro político y electoral en esa dirección. También es cierto que Massa no tenía otra alternativa que jugar esta carta brava para poder seguir con vida en la política nacional. No es mucho lo que tiene para perder.

Juan Grabois y seguramente algunos movimientos sociales ya salieron a marcarle la cancha con duras advertencias, pero, como diría el poeta austríaco Rainer M. Rilke cuando hablaba de los críticos: "son como los mosquitos, pican y chupan la sangre no porque sean malos sino porque la necesitan para vivir".

El otro dilema es el del gremialismo: ¿con quien se alinearán? ¿con Massa o se colocarán en la vereda de enfrente del posible nuevo plan de una eventual reforma laboral?. La pregunta es también para las dos corrientes en las que se divide el sindicalismo local.

Sin salida

Sergio Massa asumió como super o primer ministro, haciéndose cargo del área de Economía en general, -una especie de Domingo Cavallo de 2001-, también con un poder político debilitado como en aquella época, mientras Silvina Batakis, quien buscaba acercarse al FMI, será ahora y apenas la presidenta del Banco Nación. En fin, peor imposible. Se le presentó al FMI como la dueña de Economía y hoy su mayor poder es aprobar un crédito para compra de inmuebles o automotores.

Tanto Batakis como Scioli duraron unos treinta días en sus cargos, y ambos fueron eyectados al olvido sin haber hecho nada. Ahora solo falta despedirlo a Miguel Pesce porque su relación con Massa es de mala para peor. 

 Tampoco figura más Gustavo Béliz como secretario de Asuntos Estratégicos, con quien se ha hecho algo de justicia puesto que venía cobrando trabajando menos que la planera de Ezeiza. En síntesis, el Gobierno presenta un nuevo staff y, como Boca, ya presenta un equipo diferente todas las semanas.

Posiblemente se lo tenía a Massa en el banco de suplentes como la carta ganadora o para llegar a 2023 -es decir, cumplir la última etapa del plan "aguantar"- mientras lo tansformaban a Alberto F en el Izquierdoz que había que sacrificar. 

Pero ahora lo mandaron a "calentar" al tigrense para intentar sacar un empate o una derrota digna pero también para reemplazarla urgente a Batakis después de los mimos que la ministra recibió de la tiular del FMI. 

El superministro de Tigre corre el riesgo de que después de él, venga "el diluvio", como dijo Luis XV. Otra salida no parece haber y tampoco un acuerdo que los sostenga, porque es muy dificil encontrar un acuerdo dentro de una coalición manejada por odios recíprocos.

La odisea de Sergio

"Plata o mierda", habrá dicho Massa y se decidió desafiar su propio destino. Se dice que Sergio Massa viene a restaurar el capitalismo racional que abandonó el kirchnerismo, esto es, virar hacia la centro derecha del espectro ideológico nacional. Con las sucesivas gestiones del cristinismo, el peronismo mutó notablemente y completó un periplo regresivo y por ahí pre-peronista.

El kirchnerismo en general es una expresión política diferente del peronismo. Se trata de un espacio con un fuerte liderazgo (demasiado fuerte), escasamente democrático, sin partido y con una masa uniforme y acrítica por debajo. Se creyó en un momento de la historia que el peronismo devendría en un capitalismo humanista, con justicia social, pero Cristina torció ese destino: eliminó el partido, pasó la niveladora horizontal e intentó una igualación forzada al modo de Procusto, aquel personaje de la mitología griega que grafica perfectamente esa manía de la igualdad.

El peronismo se fue sintetizando en esta nueva expresión y fue perdiendo muchas cosas en el camino para acabar sometiéndose al nuevo paradigma cristinista. Entró a transitar una prolongada agonía como la que describe el historiador Tulio Halperín Donghi. Y adiós al sueño peronista. 

Cabe decir que el actor político y social más importante del kirchnerismo es el "planero" mientras que el del peronismo es el obrero, el trabajador formalizado, el asalariado. La diferencia es que aquel es un cliente político, este último mantiene su independencia.

Ahora, Sergio Massa parece proponer otra cosa y por su perfil podría intentar un sistema de centro derecha que no se sabe si lo va a digerir Cristina y su tropa. Buscará mejorar la relación con el campo y con quienes traen reservas y seguramente procurará ablandar las tensiones internas.

Posiblemente el tigrense decidió reinventarse y remontar un poco la caída de su imagen. Otra, no le quedaba, y decidió mandarse a esta aventura. Casi una apuesta, "plata o mierda" se habrá dicho, y se animó a ese viaje venturoso tan lleno de desafíos como el de Odiseo en su regreso a Itaca.

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