Olavarría booked.net
+16...+17° C
CLASIFICADOS

La construcción social de un femicida

Cómo se va conformando la personalidad de un femicida. Qué factores sociales inciden. La contraofensiva machista en tiempos de luchas feministas. Qué lleva a una mujer a caer en su trampa y cómo los mandatos sociales la conducen a esa trampa. La mirada de Enrique Stola, psiquiatra y de Jorge Garaventa, psicólogo. Dos entrevistas que se complementan y se enriquecen entre sí.

Claudia Rafael / [email protected]

Pasaron 26 años desde aquel mayo en el que Fabián Tablado, con escasos 20 años, asesinó de 113 puñaladas a Carolina Aló, su novia de tan solo 17. Largos años de cárcel, nuevas relaciones amorosas con mujeres que fueron víctimas de sus violencias y ahora, con 46 años y en libertad planea instalarse en San Clemente del Tuyú. Caso emblemático si los hay. El suyo, el del multifemicida Barreda, el de tantos hombres que apuñalan, balean, incineran. ¿Qué hay en la construcción de la personalidad de un femicida? ¿Qué empuja a una mujer a enamorarse de un hombre al que sabe victimario de esa violencia extrema? Dos profesionales de la salud mental, Enrique Stola y Jorge Garaventa, abordan el tema, en entrevista con EL POPULAR. Stola, desde Madrid. Garaventa, desde Buenos Aires. Ambos con largo recorrido en el universo de las violencias hacia las mujeres. Dos perspectivas diferentes que se complementan y se enriquecen.

-¿Cómo se construye un femicida?

-Jorge Garaventa: el femicidio no se trata de una construcción espontánea, es la etapa superior de un proceso de violencia que empieza con el control, el empujón, el grito y que sube de grado hasta llegar a esta etapa. No significa que todos los que tengan esas características van a desembocar en el femicidio. Pero lo cierto es que estamos hablando de signos que deberían ponernos en alerta. Es un acto premeditado, decidido y en la psiquis del femicida es un acto de justicia, tiene que ser así. Porque la mujer ha salido de los cánones de lo que él había establecido y supuestamente ella había aceptado. Pero no hay una aceptación sino una sumisión producto de la cultura, del miedo y la educación. Es importante entender que no es un acto espontáneo. Hay premeditación clara y una decisión que en general se toma bastante antes. Si las cosas no se dan de la manera que él quiere, la muerte es el camino.

-¿Cómo se van conformando sus personalidades?

J.G.: El femicida es omnipotente contundente. En el momento en que sentencia a la víctima, no va a parar hasta lograr efectivizarlo. Por eso uno se sorprende de que después de años de estar en la cárcel sale y vuelve a intentar hacer su justicia. Son personalidades donde la violencia, el ejercicio de la violencia, son como esta especie de amalgama entre lo compulsivo y una forma aprendida de resolver estas cuestiones. La violencia es aprendida. La agresión, el odio, como decía Freud, son innatos y la cultura y la educación tienen que cumplir un papel muy grande como para poder armar diques contra la agresión originaria. En estos individuos hablamos del placer del desborde y el dominio a través de la violencia y todo se resuelve con la aniquilación del otro. No es casual que la tasa de femicidios haya subido como ha subido en un momento socio cultural en el que el pasaje al acto "no hablo, actúo, te mato" está al orden del día porque no hay otro con autoridad y con ética que ponga algún límite a estos desbordes.

Luchas, avances y retrocesos

-En un contexto de tan marcadas luchas feministas ¿todavía los avances siguen muy en superficie y hacia el fondo de la construcción social siguen sólidos los valores patriarcales?

-Enrique Stola: Creo que la lucha de las mujeres, la lucha del movimiento LGTBQ+ ha logrado hacer circular discursos que a un sector de la población le han permitido releer su historia y modificar algunos posicionamientos. Pero las cifras de agresiones sexuales, de mujeres, trans y travestis asesinados, de discriminación, la contraofensiva machista que vemos, la desigualdad en términos de género, muestran que lo sólido sigue siendo todavía la estructura y los procesos de socialización patriarcal. Cómo puede ser que hasta hoy, después de muchísimos años de que haya salido la Ley de Educación Sexual Integral, no se cumpla íntegramente. Y no se cumple porque nunca, ningún gobierno, se puso firme ante la iglesia católica, ante las demás iglesias y ante los sectores conservadores. Entonces lo que ha podido lograr la lucha de las mujeres y del movimiento LGTBQ+ es el impacto en algunos sectores sociales, en algunos grupos, ha impregnado parte del discurso pero todavía no ha producido la modificación de la subjetividad y de las prácticas sociales como para producir el gran cambio.

-En momentos de tanto avance de estas luchas, el elevado número de ataques y de femicidios ¿aparece como contrarreacción?

-E.S.: Creo que estamos viendo una contrarreacción patriarcal muy fuerte. La decisión de la corte de Estados Unidos, el presidente de Hungría diciendo "tenemos que levantar una raza única", los carteles en Polonia diciendo "ciudad libre de LGTB", los travesticidios, la matanza de mujeres en todos los países de Occidente y dominados por Occidente. Claro que estamos viviendo una contraofensiva machista con muchísimo activista. Desde el imbécil de Arjona hasta la Corte Suprema de Estados Unidos. Y, además, como bien señala Rita Segato, hay una pedagogía de la crueldad. Lo que está aumentando es la crueldad contra los cuerpos de las mujeres, LGTBQ+ y de niñas y de niños. Y además está aumentando la crueldad dentro del poder judicial con la utilización del falso síndrome de alienación parental, que es un instrumento de violencia contra las madres protectoras que denuncian y está aumentando la cantidad de mujeres a las que le sacan los hijos.

-¿Esto incide para provocar una retirada de ciertas franjas de mujeres de aquellas movidas?

-E.S.: Creo que la disminución de la movilización se debe a un fenómeno que se da en toda sociedad republicana, capitalista y burguesa que tiene que ver con dar estos derechos pero sin satisfacerlos. Aquella frase del presidente de la Corte diciendo que no puede ser que ante una necesidad nazca un derecho. En realidad, a la necesidad hay que responderle con la satisfacción pero se responde con la letra escrita y con un espacio institucional que permite avanzar en muchas cosas pero termina desmovilizando. Creo que el feminismo institucional tiene sus límites, que son los que pone la estructura machista.

Miedos

-¿Qué representa la mujer para ese hombre que decide destruirla?

-J.G.: Es fundamental entender el fenómeno del femicidio y el femicida. Si nos quedamos sólo con el juicio de repulsión no lo entendemos. Y mucho menos después plantear políticas públicas de prevención. Galeano decía que el femicida tiene miedo a la mujer. Esto en lo profundo es cierto, hay que tomarlo y evaluarlo para entender la situación. Pero también hay que entender que lo que diferencia al femicida de cualquier otro sujeto que siente un desvalimiento ante el abandono, es que estamos ante un individuo que no admite la pérdida ni el disenso. Ni que la otra persona a la que no ve como persona sino como recurso para sus necesidades, bien de uso, pueda tener vida propia. Por eso siempre decimos que la mujer es asesinada por el hecho de ser mujer. Que es cuando dice no, cuando muestra que quiere tener una vida propia, ahí el femicida empieza a mostrar la intolerancia porque se trata de que no tolera la independencia afectiva de la mujer pero tampoco otro tipo de independencia. Su intolerancia es tal que va todo el tiempo por el todo.

-¿Cómo se llega a esto?

-J.G.: En realidad la constitución de la subjetividad masculina, los valores sociales en esa construcción van en ese sentido. El hombre creado como machito que no se puede quejar. Si aprende a no llorar, implosiona a través de actos extremos de violencia. Los varones son educados con la meta irrenunciable de diferenciarse de los niños, de los homosexuales y de las mujeres. Estos valores terminan constituyéndose en un mandato social a cumplir. El que no lo alcanza queda por fuera de la masculinidad. La violencia contra las mujeres, el femicidio, los abusos se combaten a través de la educación sexual integral. Para deconstruir roles estereotipados. Hay un componente de odio hacia la mujer, a veces claro y consciente, otras oculto, pero siempre presente. Sin el sentimiento de odio no podría llegar a realizarse el acto femicida. Yo me referí a los femicidios más comunes, que son los femicidios en relaciones de pareja, afectivas. Después están los otros, los que son cuestiones más exacerbadas, "quiero tener a esa mujer y la tomo a la fuerza y después la mato porque nunca va a ser mía", lo que sucede en las violaciones azarosas y por fuera de una relación de pareja. El odio con la sensación previa de abandono.

Tablado y San Clemente

-¿De qué nos habla la reacción de una sociedad como la de San Clemente cuando se planta ante la posible llegada de Tablado a su comunidad?

-E.S.: Yo sospecho mucho de esas reacciones. Porque de golpe todos aparecen como los buenos vecinos que están en contra de la violencia machista, pero están calificando de violencia machista solamente a la violencia extrema. Yo no creo que esta sociedad de San Clemente sea feminista. Debe ser muy conservadora y machista y debe haber muchísimas mujeres dominadas, violadas, golpeadas, niños abusados. Sólo que ahora se van a sumar todos y van a poner la firma para que él no esté. Es un momento para que todos se sientan tan buenos y tan de acuerdo con los derechos de las mujeres. Hablo de la reacción de aquellos que en la perra vida se metieron pero que si les dicen vamos a dar ESI en los colegios dicen "no, con mis hijos no".

Monstruos femicidas

-Ante un femicidio, una gran parte de la sociedad tiene la tentación de definir al femicida como un monstruo…

-J.G.: Decía Foucault que la sociedad necesita crear monstruos para redimirse. Yo tomé esto para relacionarlo con el tema de los femicidas y los abusadores: la sociedad cuando aparece un caso contundente inmediatamente lo monstruariza y pide que lo maten, que se pudra en la cárcel, etc. El tema de crear un monstruo trae como consecuencia que la sociedad no se haga cargo de que es productora de estas subjetividades. Entonces nosotros podemos solucionar un problema particular como meter preso a un abusador pero quedan intactos los mecanismos de producción social de estas subjetividades. Por eso es necesario entender la doble responsabilidad. La individual, porque es claramente consciente de lo que hace, no hay culpa ni arrepentimiento. Y la social, porque cuando la sociedad se desentiende, no se hace cargo.

Caer en la trampa

Qué lleva a una mujer a enamorarse y entablar un vínculo afectivo con un femicida probado. Qué condimentos culturales y sociales inciden en esa relación. Cuál es la trama de una crónica de pareja que, demasiadas veces, vuelve a terminar en otra historia trágica. Una más de tantas.

Enrique Stola es médico psiquiatra, especialista en psicología clínica y experto en violencia de género y agresiones sexuales contra las infancias. Desde Madrid, en entrevista con este diario, analizó esos vínculos desde la perspectiva de la incidencia en toda situación humana de los procesos de socialización.

E.S.: Muchas veces se cuestiona a mujeres que van a la cárcel, conocen a alguien que es un femicida, se relacionan y forman pareja con él. O él sale de la cárcel, se sabe muy bien quién es, qué hizo pero hay mujeres que forman pareja con él. Son mujeres que entran en una situación de riesgo por un lado. Pero por otro, ¿de qué se las puede acusar? En todo caso, de haber cumplido hasta última instancia su proceso de socialización. Porque en su gran mayoría, las mujeres siguen socializadas bajo el aspecto de tener que ser las cuidadoras, las comprensivas, las que con el amor pueden modificar toda la realidad. Cuando se encuentran con ese hombre, no es que se enamoran o lo quieren porque es un femicida. Lo quieren porque hay aspectos de él que le gustan y, además, los varones que son hombres que ejercen violencia, son estafadores afectivos. Es decir, estafan afectivamente hasta que logran tener esa presa y cuando la mujer ya está en situación de total subordinación le es muy difícil salir. Y ahí es cuando ella siente que hay algo que no funciona pero las respuestas que tiene son las que la socialización le ha dado.

-¿Cómo se va construyendo en ella ese proceso de socialización?

-E.S.: "Vos tenés que comprenderlo, ayudarlo, sostenerlo, la felicidad es esfuerzo, no todo momento se puede ser feliz, hay que regar la plantita todos los días". Cuántas veces escuchamos esa boludez pero es algo que en la mujer tiene efecto porque hay un montón de mandatos seguidos. Y, por último, ese mandato tan cristiano que es para las mujeres: siempre, siempre hay que dar otra oportunidad. Hay que poner la otra mejilla. Porque todas las personas se la merecen. Andá a que un hombre te la dé. Pero las mujeres siempre dan, en general, otra oportunidad. Entonces esas mujeres que se relacionan con este femicida razonan que es un hombre al que hay que darle otra oportunidad, "que es atractivo, que lo escucho y veo lo mal que lo pasó, por fin tiene una mujer que lo comprenda, me hace sentir única". En fin, terrible, pero a quien hay que culpar es a esta sociedad que sigue sosteniendo a esos sectores conservadores y religiosos que mantienen la idea del amor romántico y la servidumbre de la mujer.

Con miradas diferentes, en esta caracterización Stola y Jorge Garaventa tienen puntos en común en el análisis. Garaventa es psicólogo, licenciado en Psicología y diplomado en Prevención y Tratamiento de la Violencia y es, además, el creador y moderador del grupo "Femicidios Hoy" en Facebook en el que interactúan varios miles de personas.

"En el tema de las mujeres que eligen femicidas es muy difícil tener una respuesta global. En las individualidades se ve un poco más claro. En lo global uno puede llegar a pensar algunas cuestiones. La virilidad por un lado, y el manejo que estos individuos hacen de la vulnerabilidad, del supuesto arrepentimiento. Los perversos son sujetos seductores al menos en las etapas previas hasta que logran enlazar a la víctima. Muchas mujeres tienen la fantasía de que han cometido un acto que les ha arruinado la vida, creen en el arrepentimiento. O creen que los pueden transformar y redimir a través del amor. Muchas veces, también los ven como niños indefensos a los que tienen que proteger. Mientras tanto la compulsividad del hombre ejerce violencia que no se cuestiona y sigue generando estos círculos. La esencia es la intolerancia a percibir a la mujer como un sujeto autónomo".

Ultimas Noticias
Otras Noticias