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03.01.2019 ESTILO DE VIDA

Flores, flores y más flores...

Las flores son un clásico en los estampados y nunca pasan de moda. Sin embargo, este verano se las ve más que nunca en las prendas. Y no sorprende, ya que las flores siempre fueron consideradas un motivo delicado y femenino.

Pero además, las flores eran antaño sinónimo de buen pasar económico, sobre todo cuando los diseños florales aún se tejían o bordaban a mano. Pero desde que el escocés John Bell ideó una máquina para estampar en 1873, la historia de la moda dio un paso decisivo hacia adelante. Los diseños florales estuvieron disponibles para todos. Y nunca más abandonaron la moda.

A partir del siglo XVII, las imágenes de plantas y flores de los libros de botánica, fueron fuente de inspiración para artistas, tejedores y bordadores. Las más frecuentes eran la madreselva, violetas, claveles, dedaleras, borrajas, fresias, acianos, escaramujos y cardos

Con la llegada del siglo XVIII, la visión que se tenía de la naturaleza se volvió más exuberante, dando como resultado maravillosas telas con flores de las más variadas formas y colores, que se distribuían en forma de racimos ondulantes

Con la llegada del Romanticismo y su estética a la moda, se produjo una nueva exaltación de las flores en forma de pequeños motivos de tonalidades suaves y armoniosas. Pasión que se prolongó a lo largo de todo el siglo XIX

A medida que avanzaba el siglo XIX, las mejoras en las técnicas de estampación, el avance en la química de los tintes, y el telar de Jacquard, hicieron posible la producción de grandes cantidades de tejidos estampados y labrados a bajo precio. La variedad de diseños de flores se multiplicó, abarcando también la moda masculina, en forma de chalecos que lucían a través de sus levitas abiertas. En el siglo XX, la belleza de las formas y colores florales siguió inspirando el trabajo de modistas y diseñadores.