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28.04 | Información General FINDE

El don de respirar a través del acordeón

Es el mejor acordeonista del país, el número dos de Sudamérica y el mejor intérprete. Hay de los virtuosos y de los que emocionan. Facundo Quiroga es del segundo grupo porque cuando sus manos se apoyan en esa inmensidad de sonidos, es su cuerpo el que hace música y el sonido lleva a Italia, a la casa de los abuelos, con el anhelo de que siga vigente.  

Yanela Alves

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No importa saber de música. Escuchar el acordeón de Facundo Quiroga es viajar en un cuento por Italia, llegar a la casa de los abuelos en verano o ver un cuadro de un conventillo de inmigrantes. Pero es todo eso y es emoción.

Es uno de los legendarios Hermanos Quiroga y ese fuelle reluce, llama y brilla en cualquier escenario donde esas manos se posan y se produce la magia.

Antes de una de sus presentaciones en nuestra ciudad, pasó por Grita el Arte (programa de los sábados de 11 a 13, que se emite por 98 POP, de EL POPULAR Medios). Tocó en vivo con la pasión de quienes tocan y digitan con los dedos del alma.

Enamorado

Facundo Quiroga siente que el acordeón lo llamó desde siempre. Ya desde muy chico el sonido del acordeón del Cuarteto Imperial lo transportaba. "Me enamoró el instrumento porque es hermoso, miraba los discos y lo veía nacarado y a los 8 años dije que quería estudiar", contó en diálogo con Lucas Borzi, el conductor de Grita el Arte. Desde ese momento, estudió con el gran maestro Carlos Rossi e inició sus clases el mismo día que cumplió los 9 años. A los 11, ya con mucha práctica encima, empezó a tocar con el grupo de sus los de su casa. Fueron los legendarios "Hermanos Quiroga" y con ellos, siendo el más chicos de los ocho, estuvo tocando por la noche.

A los 14 años "empezaron a salir los teclados y el acordeón quedó relegado por el sonido y porque no se usaba. A los 17 años dejé el acordeón y me metí en el Conservatorio a aprender piano acústico y a los 30 años empecé a sentir la necesidad de querer volver al acordeón, me llamaba de nuevo".

Dos años después se consiguió uno, "estaba hecho bolsa y me lo puse encima y me di cuenta que ése era mi instrumento, lo necesitaba y el aprendizaje fue rapidísimo. Fluía". En ese momento, "tocaba 10 u 11 horas por día, no podía dejarlo, no había sábados ni domingos". Esa pasión lo llevó lejos: "así pude llegar a dominar el instrumento porque una cosa es tocar y otra dominar. Que sea parte de uno lleva muchas horas de estar en contacto" y ellos sí que se conocieron bien.

Un instrumento especial

El acordeón fue modificándose con el tiempo. Tuvo su evolución a lo largo de los años, tanto que su origen se centra en China, en el año 3000 antes de Cristo. Se trata de un instrumento de cañas (lengüetas) y el primero contaba con 10, que se tocaban abriendo, hasta que se conoció la lengüeta libre y hoy, escuchar un acordeón, es oír "una orquesta".

"Yo toco con uno de concierto, es uno de los más grandes", se enorgulleció Facundo Quiroga. Es que el que lleva encima es "la Ferrari". Se trata de un instrumento hecho muy especialmente, "fue de mi maestro, Ildo Patriarca, concertista cordobés, a quien admiro y que ya no está entre nosotros. Cuando dejó de tocar lo tenía ahí y me lo dio para que siga la posta, es lo mejor que me pudo haber pasado en la vida".

Ese acordeón de un negro brillante e imponente, "se lo regaló el dueño de la fábrica de ollas Essen, que era fanático de él y está hecho a mano en Italia. Es invaluable. Está inmaculado. Debe tener 25 años aproximadamente", comentó.

Hoy en día, reconoce que "no es común escuchar un acordeón así" porque es como se denomina "de auditorio". Y él es un artista que se reconoce adaptable a cualquier género y músico que lo convoque. "Se puede ver y escuchar en teatros de una manera solista donde podés demostrar la capacidad del instrumento. La mayoría lo asocia a chamamé, cumbia, ritmo bailable. Yo puedo tocar en dúo, lo hago con Muyinga, o también participo si me convocan en la Orquesta Sinfónica". Lo completo (y complejo) del instrumento, lo llevan a ser "sesionista".

Dueño de matices

Tocar puede hacerlo cualquiera. Lo difícil es transmitir, emocionar, interpretar, fundirse con el instrumento al punto de no saber qué cuerpo es el que produce el sonido o si son ambos en esa íntima comunión.

Estuvo en España e Italia en distintos concursos y presentaciones en vivo. Fue elegido como el Mejor Acordeonista Argentino y el segundo en Sudamérica. También estuvo en el Festival Internacional del Acordeón en Ancona, Italia, donde logró el décimo primer lugar. Las competencias le permiten ver "hasta dónde podés llegar, porque no hay límites y te ayudan a saber dónde estás parado". Muchos artistas "no están a favor de competir" porque el arte es muy subjetivo "pero es necesario".

Y para finalizar, recordó lo que le dijo uno de los jurados después de su presentación en Ancona, "lo que vos tenés ni el que ganó lo tiene pero muchos se basan en la técnica, la virtuosidad, el firulete, la fantasía" y lo de él va por otro lado, "me siento una sola cosa, respiro a través del acordeón, cuando respiro estoy cantando y mi voz es el instrumento".

Que no se pierda

Facundo Quiroga aprendió de Carlos Rossi y se nutrió de Ildo Patriarca, otro de sus grandes referentes. Pero estudió el instrumento, estuvo a solas con él y logró meterlo dentro de su cuerpo, o al revés. De todos modos reconoce que la enseñanza institucionalizada es esencial para que ese sonido que invoca historia, no se pierda. "Este es mi mayor objetivo, como se usa en Europa, de una forma académica, no tan autodidacta. Acá en Argentina eso no pasa, no está incorporado en conservatorios. Estoy trabajando sobre eso para poder lograrlo pero hay burocracia que no depende de uno". En la actualidad vive en Buenos Aires pero está en nuestra ciudad dictando clases particulares y en la Escuela Municipal de Música.