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Heladas: lo que importa es la duración

Ensayos realizados demostraron que la extensión es más determinante que la temperatura mínima alcanzada.

Luego de más de dos años y medio de trabajo, a fines de 2018 el INTA presentó en sociedad un modelo para estimar el daño por helada en trigo. Fueron los ingenieros Pablo Abbate y Diana Martino quienes desarrollaron una herramienta para cuantificar el daño que provoca este fenómeno natural en la espiga y su aplicación ayudaría a evaluar lotes afectados, realizar pronósticos de daños y ajustar la fecha de floración para alcanzar un mayor rendimiento.

"Hasta ahora, se sabía poco de cómo se relaciona cuantitativamente el nivel de daño que causa una helada con su intensidad, su duración y el estado de desarrollo de la espiga", comentó Pablo Abbate, especialista en cultivos de invierno del INTA y uno de los creadores del tercer modelo matemático que se publica en el mundo para estimar el daño de heladas en espigas de trigo a partir del pronóstico meteorológico.

En gran parte de la región triguera argentina, adelantar la fecha de floración del trigo permitiría alcanzar un mayor rendimiento potencial, reduciría la probabilidad de sequía, aumentaría la eficiencia de uso del agua, contribuiría a anticipar su cosecha y la siembra de un cultivo de segunda, entre otros aspectos positivos. Sin embargo, el adelanto de la fecha de floración aumenta el riesgo de que las heladas dañen la espiga.

"Nuestro objetivo fue tratar de definir con mayor precisión la relación entre las pérdidas en el rinde y las características meteorológicas de las heladas", expresó Diana Martino, tesista doctoral de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien agregó: "Para esto, cuantificamos el nivel de daño generado por heladas naturales en distintos estados de desarrollo de la espiga trigo".

A partir de tres ensayos realizados a campo, los técnicos evaluaron el daño que provocó una misma secuencia de heladas en espigas de trigo con distintos estados de desarrollo -desde inicio de la expansión de la hoja bandera hasta comienzo del llenado del grano-.

"Las heladas produjeron daño a partir de -1.5 °C medidos a la intemperie y a la altura de las espigas (a un metro del suelo aproximadamente)", indicó Abbate.

Pero el análisis de los datos demostró que la duración de la helada fue más importante que la temperatura mínima alcanzada. "Pudimos determinar que heladas de menos de 37 minutos, no provocan un daño relevante", expresó Martino.

"La duración tiene una efecto muy grande, por lo menos para heladas de rango normales que están en -1, 5°C y -5. Esto se debe a que a esas temperaturas la helada te mata la flor, pero cuanto más se extiende, más flores va a matar", analizó el ingeniero.

Otro dato surgido de los ensayos es que el daño máximo se daría con heladas de 11 horas. "Toda una noche con temperaturas por debajo de -1,5°C provocaría la pérdida del cultivo", aseguró Abbate.

Además el ingeniero indicó que "la helada tiene un efecto distinto de acuerdo al estado de desarrollo de la espiga. El modelo eso lo contempla: al daño que uno estima por el clima hay que corregirlo por el estado de desarrollo".

La herramienta desarrollada por los ingenieros, también contempla lo que ocurre con las heladas sucesivas. "Una helada te mata una cantidad de flores, la próxima te va a matar una proporción de las que quedaron vivas. Y eso también lo tiene en cuenta", mencionó el ingeniero.

El modelo está basado en las le- yes de conducción de calor, fue construido a partir del análisis de datos relevados con heladas naturales en cultivos mínimamente alterados, considera el efecto de heladas sucesivas, los cambios de susceptibilidad de los distintos estados de desarrollo de la espiga y la heterogeneidad de estados de desarrollo que presentan las espigas de un cultivo de trigo. "Estas características le brindan a este modelo más precisión y más posibilidades de uso que la de los modelos previos", destacó Abbate, que trabajo junto con Martino dos años a campo, llevando a cabo los ensayos, y poco más de seis meses analizando los datos obtenidos.

Abbate, a modo de conclusión, indicó: "Este modelo no le soluciona al productor el problema de las heladas, pero sí le permite tomar un resguardo, ir previendo el rendimiento que va a tener y estimar la dimensión de la merma del potencial".