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12.05 | Información General FINDE

Tres acordes que llegan al alma

Sofía Viola, una cantautora popular que está enamorando a todo el continente con su música que mezcla estilos, historias y acerca lugares. En el programa Grita el Arte habló de los shows en su casa, donde le cocina a su público, y sobre lo que le despierta recorrer kilómetros "con no más de tres acordes" que impactan en el alma.  

Yanela Alves

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Sofía Viola estuvo en el lugar indicado el día indicado. Era sábado, el mejor día de la semana para estremecerse y disfrutar. Chamula se llenó de un público que no dejó de mirar hacia el escenario de esa vieja sodería con ojos de amor. Se logró un "Vibra el Aire", tal como lo preanunciaba la agrupación organizadora del evento y durante dos horas la cantante, compositora, y cocinera pasó por todo un repertorio de diversos estilos e historias como solo ella sabe cantar.

En Grita el Arte (sábados de 11 a 13 por 98POP) estuvo dialogando con Lucas Borzi, el conductor del programa y ya desde antes del show contó sobre la emoción que le provocaba estar en Olavarría por primera vez, con una amistad y sencillez que hacía pensar que la conocíamos desde siempre.

"Vengo de semanas muy intensas pero estoy con muchas ganas de darlo todo y cantarles y contarles mis canciones y compartir un momento único como cada concierto", comentó en las horas previas.

Reconoció, además, que se sentía intrigada por la ciudad, "porque no la conozco y cuando se llega al lugar por primera vez, hay predisposición a conocer lo más bonito, porque todo lugar tiene su rincón más misterioso". Y sobre el hecho de presentarse en Chamula, dijo que le gusta la cercanía que este tipo de lugares generan con el público. A su vez, celebró que en todos lados donde lleva su música se encuentra con "gente activando movidas, planteando la resistencia y fortaleciendo la cultura".

De Lanús al mundo

Nació en Lanús y vivió muchos años de su niñez en Remedios de Escalada. Su papá es Pepe Viola, un gran músico que junto con su familia proveniente de diferentes oficios, la llenaron de condimentos que la hicieron crecer con las mejores influencias.

Desde aquellas experiencias de niña siempre rodeada de música hasta el día de hoy, hay miles de kilómetros recorridos acompañada por su guitarra, su ronroco y la riqueza de su garganta. "Estoy girando mucho", reconoció en Grita el Arte, "he estado yendo mucho a Chile, Buenos Aires, aunque en Argentina en general estoy donde sea. También empecé a ir a España, hice gira este año, me gusta ir a Colombia. En realidad es muy amplio, me gusta ir a todos los lugares, y suelo volver a donde voy".

Los ambientes en los que se mueve y los escenarios son "muy diversos", de hecho comentó que "se me abrió una puerta en Brasil y estoy yendo bastante seguido, mi territorio es el continente y más allá, tengo una cosa que me hace llegar mucho a Chile por una cuestión ancestral y búsqueda personal y espiritual que exploro y aprovecho para ir a tocar".

Pero lo que más la nutre es el poder compartir, "los escenarios en tantas partes, compartiendo con colegas y músicos hace que se aprenda mucho, es una escuela". Y por todos los lugares y personas que ha conocido, aseguró que "no terminé la secundaria ni tengo estudios universitarios pero no me arrepiento porque la carretera me lo está dando todo".

Los intercambios que genera, los aprovecha y de cada uno se trae un pedazo de cultura que se convierte seguramente en un tema musical. Al mismo tiempo, el llegar a espacios chicos y distantes le sirve para conocer "diferentes culturas, corrientes alternativas de los pueblos que resisten, que viven en supervivencia. Esto de viajar tanto me nutre mucho más como ser humano para entender más la humanidad que está bastante alborotada".

Una voz del continente

"Tengo mi corazón y mi voz particionada por todo el continente", reconoció Sofía. Es que su música es muy América, de mucha lucha, resistencia y rebeldía. "Me siento muy parte de esta gran masa continental que llamamos América Latina y ahora se me está ampliando" ya que prontamente estará en Estados Unidos y Canadá a quienes reconoció como "imperio malvado" pero en donde sabe que hay "artistas y músicos tremendos además de gente linda que hay en todos lados". Y como ya había señalado, "el intercambio me deja el corazón repleto de amor, cariño, gente que antes no conocía y ahora son mis hermanos. Es una bendición llegar a un nuevo territorio, es una entrega".

"Me gusta la calle"

Sus canciones, según ella misma relató en la radio, "no tiene más de tres acordes salvo excepciones" pero con eso y todo, se van impregnando en mujeres, hombres, niños y adultos mayores.

Al ser "cantora popular, hago canciones desde lo más básico de la composición folclórica y estoy en una búsqueda folclórica latinoamericana pero no dejo de atravesarme por la música española, italiana, me gusta la música del desierto, escucho música africana" y todo eso, "está en mi canto y en mi voz y en lo que digo".

En general, sus canciones hablan de amor y desamor, "porque es lo más inevitable de componer, es un sentimiento que la mayoría tiene y es fácil de traducir" aunque dijo que "otra cosa que me inquieta es lo social, lo que veo en la calle. Eso de caminar y andar atenta me da un panorama un poco más integrador con respecto al resto de los humanos. El compositor a veces está en su mundillo pero a mí me gusta la calle, caminarla y eso me inspira. Ver trenes, colectivos, terminales, la gente, días de lluvia, de sol, la naturaleza, llegar a paraísos y dejarme atravesar por un atardecer, traducirlo en una canción".

Todo eso hace que su música sea consumida desde bebés hasta adolescentes o abuelos, "me gusta que sea para toda la familia y no encasillarme en un género. Canto boleros, tangos, cumbia, merengue, chacarera, ritmos colombianos, mexicanos, soy una esponja y estoy para recibir ese estímulo y traducirlo en mis canciones".

Y lo que encuentra más maravilloso es lo que se lleva de cada rincón. "Me oriento a la música del mundo" porque cuando viaja lo que le pasa y conoce "se me adhiere, me queda impregnado, lo asimilo y lo hago salir para afuera" reconoció. Después del show del sábado, quedaremos a la espera de esa canción que hable de Olavarría y de la comunión fraterna e inolvidable que generó con su trova.

Hambreground

No hay diferencia para Sofía Viola en cuanto a si el lugar donde se presenta tiene una mega producción o es de los más acogedores. Aunque asegura que la segunda opción le gusta más "porque algunos me dicen `mirá cuando no toques más en los pueblitos´ y yo les digo que no, pido que no me saquen de la gente porque también preciso lo pequeño, el calor humano. No me sirven los escenarios grandes, y los camarines. Necesito el contacto y eso me caracteriza como cantora popular", aseguró.

De hecho, está tan abierta a sentir de cerca a su público que hasta organiza shows en su casa en los que les da algo rico para comer elaborado por ella misma, como ella misma define, una propuesta "hambreground". "Cantar y cocinar es entrarles por todos los sentidos y lo he hecho también en otros países y es hermoso lo que pasa", reconoció afirmando que es una amante del arte culinario y que la panza llena, el corazón contento y la mente embebida en buena música pueden derivar en la más maravillosa sensación.

Una botella y una canción

"Urruguay" es una de sus canciones que llevan a la reflexión y el cuidado del ambiente. Porque también Sofía le canta a eso que entiende que es tan importante y fundamental: la preservación del planeta. En "Grita el Arte" repasó la anécdota que llevó a su origen. "La compuse en la rambla de Uruguay, estaba jugando a hacerme la turista gringa. En medio de esa misma canción se me cayó una botella al agua y me agarró semejante culpa...". Ese sentimiento inmediatamente lo transformó en el estribillo, "se me ha caído una botella por descuido de esta letra, la botella sobre el agua, ensuciando a mi planeta. Tengo cargo de conciencia, se me ha caído una botella, sobre el agua del planeta que habitamos tú y yo".